
21 de julio de 2023
- La Historia Jamás Contada -
Para el común de la gente, la Política es tan sólo un conjunto de actividades ajenas a las habituales y discernibles, pero que deben realizarse para garantizar la continuidad de una forma de vida que, entre otras ventajas, permite hacer planes para el futuro, que no es una cosa menor.
Así que desde este punto de vista un tanto ingenuo, la Política es justo eso: una especie de ritual propiciatorio pagano -o laico, si lo prefieren-, que por alguna razón incognoscible, nos previene de mayores sobresaltos en la conducción de nuestra propia vida en medio de una comunidad o sociedad por definición independiente de e indiferente a nuestros deseos y expectativas individuales.
¿Pero esto es así en la realidad? ¿Basta con hacer votos (¡literalmente!) para que el Universo (social) se predisponga a nuestro favor y salgamos airosos de cuantas acechanzas -reales o imaginarias – tengamos delante?
El sentido común nos diría de inmediato que no, aunque sin explicarnos satisfactoriamente por qué, teniendo que llevar el análisis un paso más adelante, abandonando así el terreno seguro, nuestra comfort zone para entrar a lo desconocido de la Política, lo que no sabemos pero que tal vez tampoco quisiéramos saber porque intuimos que ya no podríamos manejarlo tan racionalmente como estamos acostumbrados…
Y así es, porque de pronto adquiriríamos conciencia de la irrupción de lo Extraño, lo obsceno (“fuera de la escena”) en el que dábamos por un Edén político en el cual nos habíamos desenvuelto hasta entonces con tan sólo cumplir diligentemente nuestras “obligaciones cívicas” (?). (¿No les resulta esto extrañamente familiar?).
Pero es sólo a partir de este punto de ruptura que podemos comenzar a actuar políticamente, con la conciencia de lo que realmente está en juego y no la visión idílica con la que nos habían -y habíamos- arrullado.
Es aquí donde la reflexión académica, tan descuidada en la formación ciudadana, nos puede resultar de inestimable ayuda para reorganizar la información que nos aporta esta nueva perspectiva ya no tan inocente de las cosas, pues de otro modo caeríamos inevitablemente en la red propagandística de algún político “profesional” o algo peor. (Cualquier parecido con la situación presente y otras en el pasado no es una coincidencia.)
(Recuerdo cuando tomé conciencia por primera vez, hace ya algún tiempo, de que no es lo mismo gritar alborozadamente “¡Viva México!” en la Plaza Pública que hacerlo desde el balcón de un Palacio de Gobierno cualquiera, que no son parte de una misma experiencia aunque sucedan simultáneamente, pues el objetivo nunca declarado de la Política es instaurar y conservar el Poder de unos sobre todos los otros, básicamente haciendo creer o sentir a estos últimos que comparten los mismos objetivos que los primeros.)
Como ahora, cuando el populismo está de moda, pero no para redimir al pueblo menesteroso en alguno o todos los sentidos, sino para “pueblerizar” (pulverizar) a quienes escapan a esta categoría, valiéndose de la presión de la masa resentida y convenientemente adoctrinada sobre quienes no se doblegan a los caprichos del autócrata en turno, conservando su identidad e iniciativa personales…
Es decir, que la aparentemente inocente doctrina del populismo se convierte en manos del Poder en una eficaz estrategia para imponer un totalitarismo, en el que todos tienen que ser iguales, aunque siempre habrá unos “más iguales que otros”, como apuntó sarcásticamente Orwell en su ANIMAL FARM.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.
