Con motivo de los resultados electorales del pasado domingo tres de julio, inmediatamente el PRI empezó a mostrarse favorito para las elecciones presidenciales del 2012, exactamente igual a como lo hizo en los años 1999 y 2005. Pero en las presidenciales de 2000 y 2006, dicho partido sufrió profundas derrotas. Lo que obliga a considerar que  en México la lógica de las elecciones federales no comparte la lógica e intereses de las elecciones  estatales y municipales. En la elección presidencial, se juega el papel del Estado como  persona jurídica y política, combinando los intereses internos nacionales y externos, en el contexto del mundo globalizado guiado por la lógica del mercado mundial y la libertad individual, más la vecindad con los Estados Unidos y su concepción de la geopolítica.


Ante la baja participación en la elección del Estado de México, se confirma la tesis de la presencia abstencionista ante la falta de competitividad electoral producida por la ineficacia de los partidos de la Revolución Democrática y Acción Nacional de formar una coalición opositora capaz de intentar arrebatarle el poder al PRI, con la agravante de que dichos partidos, en particular el PRD burló la decisión ciudadana consultada, que anhelaba la formación de una coalición para la transición democrática en dicha entidad federativa. Por lo que hace a las elecciones en Nayarit y Coahuila, las coaliciones opositoras al PRI, fueron simples ejercicios de papel con intereses propagandísticos.


Entonces, la primera lección de las urnas, no es otra que la obligación del PAN y PRD de pensar en una coalición opositora, que sea garantía de consolidación de la transición democrática y el impedimento  de un retroceso o regresión del sistema hacia un modelo autoritario y de corrupción institucionalizada. Debe recordarse que, la derrota del PRI tanto en el año 2010 como en el 2006, estuvo apoyada en la construcción de elecciones de alta competitividad apoyadas en el ejercicio de la construcción de coaliciones fuertes. En el año 2000, sin la alianza del PAN con el PVEM para la “Alianza para el Cambio”, el PRI no habría salido de los Pinos. Lo mismo sucedió en el año 2006, sin la coalición de facto entre el PAN y el PANAL, este producto de un rompimiento institucional con el PRI, el PAN no habría mantenido la presidencia de la república, y también el PRI no habría caído hasta el tercer sitio.


Los resultados de las elecciones estatales pasadas, también mostraron la eficiencia de la reconciliación de los grupos del PRI, principalmente el regreso del sector magisterial del SNTE, en la coalición del PANAL, que operativamente es mucho más funcional que el papel del PVEM. Así, como lo ha señalado el gobernador del Estado de México, la fortaleza demostrada por el PRI radica en su unidad y en la alianza con la Maestra Elba Esther Gordillo, esto es, la fortaleza tricolor se demostró con la reconciliación de la mayoría de sus fuerzas, que lo ha dejado muy parecido aquellos tiempos de década de los años noventa. Por ello, ante el cada vez más cercano aseguramiento de la candidatura de AMLO con MORENA y el PT; el PAN deberá valorar primero, si es conveniente abandonar el poder y permitir la alternancia en la presidencia de la república con el PRI, para impulsar hacia el futuro, un modelo bipartidista; o también,  valorar e iniciar el camino hacia una coalición del PAN con el PRD, con el propósito de continuar y consolidar el proceso de democratización mexicano y el aseguramiento futuro de una competencia tripartita por el poder público.


Además, de regresar el PRI a Los Pinos, el futuro del PRD será incierto, con la posibilidad de vivir dentro de la represión eliminatoria y el resto de las izquierdas pasarían a jugar su histórico papel en la política mexicana de actuar como partidos satelizados.


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*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

M ás de la obra de Raymundo García García: