La diferencia entre los partidos políticos en todo Estado nacional, atraviesa por varias líneas de actividad interna, que responden a la tipología del mismo partido mirado como un sistema cerrado que se auto-reproduce de manera autopiética de forma permanente. Por ende, no se puede conocer la dinámica interna de un partido como el PAN, si se le trata de observar desde la lente en la cual se miran a partidos políticos masificados, conformados por organizaciones amplias, o por movimientos sociales o por las llamadas líneas de masas. El PAN ante todo es un partido de hombres y mujeres libres, esto es, un partido de ciudadanos que actúan de manera contundente ejerciendo sus derechos y obligaciones partidistas sujetas a normas previamente establecidas.

Tratar de mirar al PAN y en particular al de Puebla, desde la óptica de los análisis sobre el PRI, cuando ejercía el gobierno estatal, no conduce a ningún lado, sólo a confusión; máxime cuando los analistas mediáticos no hacen el análisis completo y piensan que el PAN Puebla como partido vive un contexto político como hace años los vivía el PRI poblano también; esto es, que el presidente de la república es panista y que el gobernador también es panista. Por cierto el único gobernador panista de las tres gubernaturas ganadas al PRI en las elecciones de 2010. Intentar crear una opinión pública de conflicto entre el gobernador y su partido, simple y sencillamente resulta un absurdo, sobre todo porque el ejecutivo estatal forma y formará parte del Consejo Estatal de manera ex oficio, como ya lo hi9zo cuando se desempeñaba como senador de la república. ¿Entonces, la disputa, la lucha intensa a que responden?, responden a la propia naturaleza de un partido institucionalizado formado por  ciudadanos y ciudadanas, con el legítimo derecho de quienes cumplen los requisitos, de buscar acceder a formar parte del órgano responsable de aconsejar, conocer y decidir el rumbo del partido bajo la dirección ejecutiva del Comité Directivo Estatal y de los Comités Directivos Municipales.

Y la lucha no es nueva, mucho menos porque ahora el PAN tenga gobernador. La lucha interna, cerrada y encerrada, es la constante y forma parte de la esencia de ser panista, basta hacer memoria de las dos últimas décadas. En 1994, las cosas se pusieron muy tensas, que ante la amenaza de desaparición del Consejo Estatal, el CEN reunió en la ciudad de México a los dos grupos enfrentados y no regresaron a Puebla, hasta que no se pusieron de acuerdo para reintegrar totalmente el Consejo, como preámbulo para el nombramiento del CDE a principios de 1995. Cómo olvidar que después de tres votaciones se nombró presidenta a la señora Ana Teresa Aranda con 20 votos, después de eliminar en la primera vuelta electoral a Jesús Macip, empatarse la votación 19-19 en la segunda vuelta y perder al final Arturo Carranco con 18 votos.

También cómo olvidar la competición por la elección del Consejo Estatal panista allá en el año 2000,  cuando un grupos de panistas demostró que no hubo quórum en la asamblea estatal, el consejo continuó hasta que se dieron mejores condiciones de estabilidad y de lucha, no se debe olvidar que ya desde el primero de diciembre de 2000, Vicente Fox Quezada, fungía como presidente de México, y por supuesto que no se reprodujo el modelo antidemocrático mexicano de que el presidente de la república metía totalmente las manos en la vida partidista. La sana distancia o la sana convivencia fueron el marco de las relaciones gobierno-partido en el PAN, se impulsó un ejercicio libre en los dos sistemas diferentes que necesariamente estaban relacionados: el sistema del partido y el sistema del gobierno.

Después de las elecciones a gobernador del año 2004, un grupo de panistas consideraron que era la coyuntura para apoderarse del PAN de manera absoluta, seguramente influenciados por alguna mentalidad perversa enemiga de la libertad individual, de la cultura política democrática y sobre todo del espíritu ciudadano sustentado en la dignidad de la persona humana que predica el humanismo político que guía al panismo. Por ello, la disputa por el Consejo estatal en el año 2005 también fue cruenta, profundizó heridas y tuvo sus repercusiones en las candidaturas de la elección federal del año 2006. Dicha intensidad de lucha estuvo presente en las elecciones locales del 2007 y en la lucha por espacio administrativos del ámbito federal, para desde ahí ganar la batalla.

El surgimiento de nuevos liderazgos después de las elecciones federales de 2006 y quizá con la idea de haber ganado la gubernatura, ese grupo de panista que por alguna razón considera que no se les ha valorado en su justa dimensión, pareciera que se ha apostado por alcanzar en este 2011 su viejo anhelo de poder partidista. Como ha sucedido, formarán parte del consejo, participarán en el debate de las ideas y lo más significativo: su natural lucha reafirma que el PAN es diferente a otros partidos políticos, que su sistema de institucionalización interna es su principal baluarte y garantía de fomento de los principios básicos que tienen como centro a la libertad y a la dignidad de la persona humana. La lucha, la disputa por controlar el Consejo estatal existe de manera natural, es consustancial al partido Acción Nacional y es parte la brega de eternidad que guía el trabajo político del panismo.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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