Como parte de la novedad que producen los neologismos, y que entre otros objetivos buscan provocar una ola mareadora en el público, de momento el discurso político poblano se llenó del ambiente academicista para introducir el tema de la gobernanza, como el referente teórico encaminado a regresar a un ejercicio del poder civilizado y republicano, sustentado en el retorno del poder en manos del pueblo; en ese anhelo engañoso de vender al pueblo la vieja idea de que los gobernantes bajarán a la tierra a escuchar y cogobernar con las sabias opiniones de las organizaciones de la sociedad civil y de los ciudadanos libres; en una sociedad democrática; pero ¿qué pasa? cuando por doquier se mira con azoro, que en la realidad de los hechos se observa un ejercicio violento del poder, al grado de presentarse con rasgos solo comprensibles en regímenes autoritarios; o en el menor de los casos, parecen acciones descritas en manuales que ordenan acciones concretas para mantener en orden al sistema político para tener sólo gobernabilidad.
En una entrega anterior, consideraba que podría conducir a un ejercicio elitista del poder ciudadano, el impulso de un modelo de gobernanza a la poblana, considerando que los sectores populares aun no se desligaban de sus ancestrales formas de control clientelar y una menor parte de la población se encontraba organizada de forma libre y plural; no pasó mucho tiempo para que el experimento poblano más acabado de la organización de la sociedad civil que le puso el sabor a participación ciudadana en el pasado proceso electoral “Actívate por Puebla” reclamaba y exigía fueran tomadas en cuenta para los próximos planes de gobierno estatal y municipales, sus reflexiones y aportaciones; organizaciones empresariales han tenido que presionar mediáticamente para que a regañadientes se les tome en cuenta, y sobre todo, antes de debatir con organizaciones de la sociedad civil algún problema social, se levanta el garrote, se golpea, se encarcela, se reprime, como el mejor y más efectivo recurso de operación y control de la “gobernabilidad”, que no es otra cosa que el ejercicio del poder de forma por demás dura para mantener en funcionamiento los aparatos tradicionales de gobierno dentro del orden y paz social. Impulsando acciones contrarias a lo que el señor Gobernador, desea para Puebla.
Acciones de fuerza antes que de decisiones calculadas hemos atestiguado en detenciones arbitrarias en la cuarenta y seis poniente; en encarcelamiento de supuestos delincuentes roba cable a Telmex después liberados; en detenciones de familias rijosas en Tochapan; en la liberación de personas que no obstante haber disparado armas de fuego y producido lesionados en Acatzingo, se dictó una liberación sospechosa; y el colmo en Santiago Miahuatlán, el uso del aparato de violencia estatal por tierra y aire para rescatar a posibles delincuentes de manos de una población que legítimamente buscaba hacerse justicia popular, ante la seguridad de que en Puebla se tiene el peor sistema estatal de administración de justicia, que ocupa el último lugar, según versiones que nos dijeron en la campaña electoral. ¿Y la gobernanza?, ¿Y el respeto a los derechos humanos?
Nada, lo importante es lo importante la gobernabilidad aunque esta no sea democrática, la gobernabilidad al costo que sea para imponer orden, temor y miedo desde los aparatos de represión del Estado, ¡faltaba más! El manual así lo ordena: “en acciones políticas la cuestión de la eficacia es básica”; la acción política (y de poder) tiene una inspiración finalista que exige la concreción de resultados”; “el prestigio profesional se pone en la línea” (en la acción, en la operación, en los resultados sin importar el nivel de represión); hay que operar, como sea operar “y dejar a un lado la caja negra”, o el cuarto de al lado; “lo que importa es el Príncipe de Maquiavelo” o “el Leviatán de Thomas Hobbes”, lo que significa que para nada deben de influir las ideas del Bien común de Aristóteles, de la república de San Agustín, o de la concepción de la ley de Aquino, para su rendirles culto resulta más fácil predicar, arengar un concepto vacío: la gobernanza. El manual: Las decisiones políticas, editado por el IFE-siglo XXI.
*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.
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