En gira de trabajo, el senador Manlio Fabio Beltrones se reunió en Puebla con algunos empresarios para presentar reformas de tipo hacendario y de participación ciudadana.

Estas iniciativas serían para bien de los bolsillos de los ciudadanos y de interés para los actuales y futuros inversionistas en este país. Y es que la clase trabajadora y los empresarios resienten los efectos de la crisis económica que afecta el empleo e inhibe la inversión productiva.
La “propuesta Beltrones” tiene dos vertientes: la primera hacendaria, la cual reduciría el Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 16 por ciento al 12 por ciento, beneficiando a los consumidores, que somos todos, y disminuiría el Impuesto Sobre la Renta (ISR) del 30% al 25%, hecho que sin duda beneficiaría a empresas y trabajadores.

La solución sería ampliar la base de contribuyentes incluyendo al sector informal, que históricamente nunca ha contribuido por su actividad comercial, además de promover la contratación que significan empleos productivos e ingresos que reactiven el consumo, generando un círculo virtuoso.

La otra propuesta es de corte electoral, legalizando las candidaturas ciudadanas para hacer valer el texto constitucional del derecho de los mexicanos a elegir y a ser elegidos, ya que hasta la fecha la legislación electoral obliga a que cualquier ciudadano que desee participar como candidato a un puesto de elección popular, sólo lo podrá hacer sí es postulado por un partido político con registro, negando el principio de participación a los “ciudadanos sin partido”, que en México son la mayoría, dada la crisis de credibilidad y representatividad que viven los institutos políticos, lo cual estaría plenamente justificado ya que hoy la democracia debe ir más allá de las urnas y garantizar con eso que el ciudadano pueda participar en los procesos electorales no sólo depositando una papeleta cada 3 o 6 años, sino también ejerciendo el poder.
En el mismo sentido, la propuesta de democracia directa a través del plebiscito y el referéndum, se ha convertido en una necesidad que debe dejar de ser un tema de campaña para convertirse en una condición necesaria para la democracia participativa en México –sin caer en los excesos de la “revocación del mandato”, lo cual sigue siendo una idea que obligue a que los políticos mexicanos cumplan con los compromisos adquiridos con sus electores– se distorsione y propicie la demagogia, a la que los clásicos griegos definen como “la corrupción de la democracia”.

Sin duda estos temas se convierten en una reflexión obligada, a la que se suman la transparencia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana.

Sólo quedaría en el aire la propuesta, hecha por la sociedad civil, de una segunda vuelta para la elección presidencial.

Este escenario abre nuevas expectativas para los electores ante la cercanía de la elección del 2012. Veremos qué novedades más se presentan y esperamos que éstas sean para beneficio de México.

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