15 de junio de 2021

Llevamos décadas experimentando la “democracia” en México.
Hasta el día de hoy podemos presumir al mundo entero que los ciudadanos hemos puesto en el poder a 3 partidos diametralmente diferentes por la vía del voto democrático: pri, pan, y morena (como si hubiera una verdadera diferencia).

¿Sirve de algo, en realidad, votar en un país como el nuestro?

Pasan los sexenios y todo empeora: la pobreza aumenta, el rentismo político sigue, las familias en el poder que ostentan la riqueza del país son las mismas, a esas familias no les importa qué partido o qué candidato gane, ellas siempre salen ganando. Los personajes políticos son los mismos, solamente cambian de partido, y además, siempre salen impunes de los atracos y demás delitos cometidos en contra de toda la sociedad mexicana, se les perdona todo y se les otorga lo robado como muestra de agradecimiento por parte del sistema que todos mantenemos vivo.

Ése sistema electorero, politiquero que nos quieren vender como la vía para que todo cambie, como el gran derecho universal, nos dicen, que tenemos para poder transformar al país con el voto. Pocas mentiras son más desastrosas y pueriles que esta. El voto solamente ha servido para una sola cosa: para legitimar al siguiente ladrón en el poder, para dar validez al proceso de democracia que dicta quiénes serán los nuevos dueños del país. Y así, por esa vía legal de la que todos los que votan son partícipes, otorgar el control financiero, político, económico y social del país.

Pese a todo esto sí hay una respuesta para la solución de este problema.

Primero: debemos cambiar las reglas del juego: el sistema electoral está podrido desde que nació, es instrumento de los actores políticos de los niveles superiores, es el chivo expiatorio que engaña a los votantes, es el instrumento de una mentira disfrazada de democracia. El sistema electoral debe ser destruído, desmembrado, invalidado, pero, de igual manera, deben ser los partidos políticos, son demasiados, y todos viviendo del pueblo, manteniendo su registro pobre los de más abajo, pero igual viviendo del erario como lo hacen los grandes partidos que encabezan esta marcha de ineptos delincuentes mantenidos.

Segundo: México no necesita tantos diputados como los que tiene actualmente, y menos cuando esos diputados son un compendio de ignorantes que solamente son arrastrados por el sistema para ser paleros del mismo y hacer del quehacer político una burla y una ofensa para todos los mexicanos. Los legisladores, todos, son una vergüenza para México, tanto la cámara de diputados como la de senadores están repletas de payasos, de mimos que pretenden hacer su trabajo cuando lo único que hacen es empobrecer más y más a la ya totalmente devastada población. Su interés no es el pueblo, es la cuenta de banco que van a aumentar para sus allegados y familiares y las leyes basura que van a establecer para que el sistema jamás caiga por su propio peso, para que no caiga y se destruya con el impacto como el gigantesco tirano de mil cabezas que es. Debemos decir NO a la gran cantidad de diputados y senadores y reemplazarlos por verdaderos expertos en los distintos temas que le conciernen urgentemente a nuestro país: los legisladores, todos, deben ser profesionistas doctos en cada materia útil, médicos, ingenieros, arquitectos, politólogos, filólogos, químicos, economistas, científicos, todos con una preparación excelente y no la manada de cerdos ignaros que alimentamos día a día hasta enriquecerlos para luego mandarlos a disfrutar de un confortable retiro viviendo como reyes bíblicos.

Tercero: la suprema corte de justicia solamente hace justicia por los presidentes en turno y las familias acomodadas que el sistema protege y mantiene. Acabamos de ver el acto anticonstitucional de aumentar el periodo de presidencia del juez que ostenta este cargo. Y sí, es un claro ensayo para que el presidente en turno pueda hacer lo propio con el cargo que practica y así poder mantenerse otro periodo, al menos, en el poder. Debemos desterrar la suprema corte inútil de la nación y sustituirla por jueces preparados ajenos a cualquier interés exclusivo de las élites.

No se ha logrado ningún cambio sustancial con el voto. Seguimos atrasados por décadas con respecto al primer mundo en materia de salud, educación, infraestructura, economía, finanzas, etc. Solamente los dueños del país viven en un primer mundo mexicano en medio de la otra realidad llena de pobreza y carencia, de violencia y sin futuro.

Todos prometen el cambio, todos aseguran poder mejorar al país, pero nadie lo ha conseguido: los niveles actuales de pobreza y violencia, por ejemplo, están en niveles nunca antes vistos. La salud pública da miedo, la desigualdad poblacional es cada vez más marcada, el poder adquisitivo promedio siempre es deplorable, la calidad de vida es irrisoria comparada con otros países que sí han sabido hacer las cosas y en los cuales la democracia funciona, al menos, no como el circo que aquí sufrimos cada vez que nos llaman a votar como ovejas al matadero.

Las campañas actuales, que son las más voluminosas de la historia, son de dar risa, carcajadas: ya no saben qué hacer los ridículos candidatos a cualquier puesto político por el cual están contendiendo. Son verdaderas ofensas al pueblo: unos cantan, otros bailan, otros se inventan canciones, hay quienes se hacen los muertos, hay quienes amenazan de muerte, etc. Y qué decir de la gran cantidad de candidatos asesinados y violentados. Son víctimas del México violento que ellos mismos han dejado crecer, que ellos mismos han fomentado. Ninguna fuerza política puede con este problema, porque ellos mismos son partícipes del enriquecimiento que representa el narcotráfico.

Y basta con dar un vistazo a estos candidatos, a cualquiera, hay de todo: violadores, ignorantes, violentos, beligerantes, amenazadores, cantantes, actores, farsantes, luchadores, jugadores, conductores, reinas de belleza, payasos… un gran circo de 3 pistas en acción.

Como pueblo tenemos el deber de cambiar las cosas como están, debemos dejar de ser ignorantes por comodidad y conveniencia y abrir los ojos. Es nuestra obligación exigir todos los cambios que enumero arriba y más. No votar, al contrario, dejar de hacerlo en masa y protestar por las cosas tal como están, organizarnos como sociedad y plantear nuevas reglas, nuevas instituciones que sean realmente del pueblo y para el pueblo, dejar de lado a los actores políticos de siempre y exigir que se les destierre para siempre de la vida política. Dar un vuelco al sistema, dejar de hacer lo que siempre se nos pide, desestabilizar la máquina hasta hacerla tronar y, aunque los costos sociales y políticos sean de una envergadura comparable a una revolución, pero a una revolución de pensamiento y actuar sociopolítico del país entero, no con armas y violencia en las calles, son actos necesarios y urgentes si es que deveras queremos hacer un cambio. Dejar de lado las diferencias partidistas en que nos tienen metidos para su conveniencia electorera, unirnos en una sola voz de protesta, dejarles ver el hartazgo y el cansancio social, decir NO a todas las corrientes políticas actuales que no han servido para nada, reiniciar el sistema empezando por nosotros mismos. Dejar de confiar, dejar de conformarnos solamente para que nos derramen las migajas que caen de la mesa palaciega del poder.

El sistema quiere seguir como tal por los siglos de los siglos. Votar, en realidad NO SIRVE DE NADA, NO HA SERVIDO Y NO SERVIRÁ mientras el sistema siga funcionando como hasta ahora.

Mientras sigamos siendo simples engranajes funcionales en esta gran maquinaria de triturar humanos, nada va a cambiar, todo seguirá igual, excepto por una cuestión: los pobres serán más pobres y los ricos serán más ricos. Como cada sexenio, como cada vez que se llama a salir a votar para “cambiar el rumbo del país”... Vaya comedia tan trágica.

Si votar sirviera de algo, no nos dejarían hacerlo:
-- Mark Twain --

Lalo MandragoreLalo Mandragore

facebook.com/DEIMOS.GORE