raymundo garcia.jpgLa ley de hierro de Michel´s en el PRI
 
Raymundo García García*

En el estudio sociológico sobre los partidos políticos, Robert Michels los considera como organizaciones donde, advierte una constante que denomina la ley de hierro de la oligarquía, la    expresa en los términos siguientes:


“…El partido no es forzosamente identificable con la totalidad de sus miembros, ni mucho menos con la clase a la que pertenecen. El partido fue creado como un medio para lograr un fin. No obstante, por haberse transformado en un fin en sí mismo, con metas e intereses propios, experimenta un distanciamiento de la clase que representa, desde un punto de vista teleológico. En un partido no es fácil que los intereses de las masas que se han combinado para constituirlo coincidan con los intereses de la burocracia que lo representa… El propósito de esta minoría es imponer al resto de la sociedad un que es fruto de las exigencias del dominio y de la explotación de la masa de ilotas por parte de la minoría gobernante, y que jamás podrá representar en forma auténtica a la mayoría…”

Esta ley politológica dentro de la corriente del elitismo político, hoy más que nunca cobra vigencia dentro del PRI poblano, por vez primera desde su construcción como PRD allá en 1929 y particularmente su operacionalización institucionalizada bajo el cobijo ideológico del “nacionalismo revolucionario y la justicia social” a partir de 1946, bajo la presidencia nacional del poblano el General Rodolfo Sánchez Taboada. La presidencia nacional del PRI en manos de un poblano designado en el preámbulo del retiro de un presidente de la república -también poblano- el General Manuel Ávila Camacho, forjó la práctica política de que las dirigencias estatales se imponían desde el DF, sin ninguna objeción sin que nadie se creyera con el derecho y trabajo para merecer la nominación; por supuesto que en un partido político nacido de forma autoritaria y desde el seno del poder político, para mantenerse en el poder por la vía que fuera, la democracia interna partidista, simple y sencillamente era una quimera, y quien osara en desafiar esta regla podría estar muerto física y políticamente.

Con el pasar el tiempo las prácticas priístas poblanas no cambiaron, por el contrario, se convirtieron en una ley eficaz para hacer carrera política ascendente. La nominación de Sánchez Taboada como secretario de Marina primero, después el ascenso de Gustavo Díaz Ordaz como subsecretario de gobernación, secretario de gobernación y presidente de la república, reprodujeron las prácticas impositivas en la nominación de dirigentes tricolores en Puebla. Terminado este periodo conocido como avilacamachismo, por las crisis políticas de  1961, 1963, 1972 y 1973. Con el izamiento de la bandera de la democratización interna se dio paso a la disputa entre el PRI del gobernador saliente y el PRI del gobernador entrante,  fenómeno de confrontación que se empieza a mostrar de forma clara a partir de 1975 y que se acelera después por una disputa anclada en el regionalismo. Esto, frente al abuso presidencialista de Miguel De la Madrid y Carlos Salinas, al apoyar un arribismo de gobernadores extraños a los poblanos: Mariano Piña Olaya y Manuel Bartlett Díaz. Conflicto que se resolvía con al ascenso del nuevo gobernador que con la fuerza de su poder político controlaba las fuerzas centrífugas

Con la llegada de la alternancia  a la gubernatura para el próximo año, aparentemente se abrió la oportunidad para democratizar al PRI, a un partido que su naturaleza no va en ese sentido; cuando curiosamente por la derrota electoral, el grupo hegemónico denominado la burbuja marinista, que es la burocracia o la minoría o la oligarquía que controla el poder y al PRI; por la misma derrota se convierte en el grupo gran ganador y por ende en el que con o sin problemas decidirá el rumbo de ese partido político por un bue ntiempo; por ello, los grupos conocedores de su partido han tomado las medidas para seguir dentro y adentro, manejando reclamos democratizadores, únicamente para ser considerados en el futuro reparto de poder político partidario.
 

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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