raymundo garcia.jpgOtra vez la burra al trigo,  las alianzas

Raymundo García García*

Ante la aprobación del PAN para poder participar en el proceso de elecciones estatales para gobernador, diputados y ayuntamientos en el Estado México; de nueva cuenta se han iniciado un conjunto de comentarios, más en contra que en favor, de la construcción de una mega-coalición que además de producir una auténtica elección competitiva, ponga en jaque al PRIVE.


Ahora por supuesto que el discurso de la imposibilidad de mezcla líquida entre agua y aceite, ya no aparece; el pragmatismo priísta mejor utiliza la descalificación en contra de la figura presidencial, adjudicándole el papel de actor partidista antes que de estadista; y por otro lado, destacados hombres productores de opinión pública, mencionan que se puede aceptar la mega-alianza, sí y sólo si el candidato a gobernador surge de la sociedad civil, cuando el asunto simplemente es otro y que tiene como ejes centrales: primero, la ampliación democratizadora en el Estado de México; y segundo, el retorno o no retorno del PRI a los Pinos en el año 2012.

La lucha multipartidista en contra del PRI en los Estados, es en última instancia, por el momento, la única forma a través de la cual los partidos políticos oposicionistas, puedan ofrecer al electorado -a la ciudadanía-, reales posibilidades de que se produzca una alternancia en el poder estatal y por lo mismo, el proceso de democratización de México iniciado, en 1946, o en 1963, o en 1968, o en 1988 en el ámbito federal, aterrice en aquellas entidades federativas en las cuales el PRI ha mantenido su esquema autoritario de forma inalterable. Por supuesto que, poniendo en riesgo la consolidación del proceso de transición democrática mexicana. El PRI es el Partido político que se ha convertido en una amenaza real de retroceso hacia la versión autoritaria del poder público, anclado desde los Estados del país en donde se ha enraizado.

Las elecciones para doce gobernadores llevadas a cabo el pasado 4 de julio, mostraron que sólo el acuerdo multipartidista en aquello que no confronte ideologías, y cuya convergencia es la democratización de los sistemas políticos estatales y el compromiso de instaurar gobiernos de coalición y un  proceso legislativo de cambio institucional, conformando empíricamente luchas bipartidistas, fue capaz de producir triunfos electorales y por supuesto abrir el camino para eliminar el autoritarismo dando paso a una experiencia por verse, de nuevo tipo institucional democrático. No debe olvidarse, que el histórico proceso de democratización mexicano por la vía electoral, se inició en las luchas electorales municipales y en las gubernaturas; pero cuando el PRI perdió la presidencia de la república, rápido aprendió a jugar como oposición, pero se consolidó en los bastiones de poder que mantenía -y que no eran otros-, que las gubernaturas de la mayoría de los Estados.

Así, la democratización mexicana de abajo hacia arriba se ha detenido el mismo tiempo que el PRI lleva de haber perdió la presidencia de la república; y por ello, ha sido necesario impulsar acciones novedosas y quizás desesperadas, pero finalmente racionales y civilizadas como las mega-coaliciones opositoras, para democratizar a las entidades federativas, que por diversas causas no muestran momentáneamente la oportunidad cercana de una alternancia gubernamental.

Una herramienta importante para que el PRI se mantuviera en el poder de los Estados, fue sin lugar a dudas la vieja experiencia del multipartidismo para pulverizar el voto opositor, junto con otras como el aprovechamiento del crecimiento de la izquierda y en particular del PRD que en su ánimo crecer, termina finalmente dividiendo al PAN y garantizando el triunfo del PRI. Hoy día de nueva cuenta el debate particularmente en el Estado de México, es brindarle la oportunidad a la sociedad para participar en una elección de alta competitividad, que elimine de inicio el aseguramiento de un ganador a la gubernatura, y avanzar en la democratización estatal, o dejar que pervive  modelo autoritario con esquemas de competencia tripartidista y fallidos, como dieron cuenta los resultados electorales en Hidalgo, Tlaxcala o Veracruz, por citar ejemplos.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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