EL CUERPO COMO LECTURA DE LO POLÍTICO*
Ulises Castro Conde

En los últimos años, en América Latina, distintos movimientos emancipatorios intentan construir un mundo otro. Buscan, generalmente, el cambio de los procesos sociales que la sociedad capitalista ha impuesto. Así, los movimientos en contra de la privatización de la tierra, del agua, de la vivienda, de la salud, de la educación y la recuperación de las relaciones comunitarias son los principales ejes sobre los cuales se dan las luchas para revertir las lógicas del mercado. Tales luchas, aunque necesarias, olvidan incluir el cuerpo en los proceso emancipatorios.

El cuerpo no es un ente políticamente neutro, desde la antigüedad hasta nuestros días ha sido objeto y blanco del poder. Aunque en principio pertenecía a los dioses, era el soberano quién finalmente disidía sobre la muerte de un individuo. Posteriormente, bajo los cambios introducidos en la revolución industrial el cuerpo dejó de pertenecer al soberano y pasó a formar parte de la política del Estado. Desde entonces, el Estado
ya no decide tanto sobre la muerte como sobre la vida de los individuos. El investigador francés Michel Foucault fue quien analizó este cambio en la política del cuerpo y distinguió entre soberanía y biopoder. La primera se caracteriza por disciplinar, controlar, castigar y eliminar el cuerpo dentro de una relación de poder vertical pero “cara a cara” con un individuo en particular. La segunda deja de de imponer el poder sobre el cuerpo de una persona en particular y se ocupa del cuerpo social. Es decir, de estadísticas, pronósticos, controles y cuidado de la vida. Para ello, las dos formas de poder crearon instituciones diferentes. La primera utiliza instituciones como la escuela, el noviciado, la fábrica y la milicia. La segunda requiere grandes instituciones burocráticas para mantener el derecho a la vida o el poder de hacer vivir diría Foucault.

Si bien Foucault hace una distinción conceptual, las instituciones del poder soberano y del biopoder coexisten de manera conjunta para lograr un mayor control de los cuerpos. En la actualidad, gracias al  adelgazamiento del Estado, el poder biopolítico ha pasado a formar parte de las grandes empresas capitalistas. La principal característica de la biopolítica-capitalista es que el poder de hacer vivir depende   de la capacidad económica de los sujetos. Por ejemplo, si alguien no tiene el ingreso suficiente para costear una enfermedad grave, el hospital decide ya no dejarlo vivir. Pero estas empresas no sólo deciden quién debe vivir, bajo su reino el cuerpo es blanco de procesos más sutiles. En realidad el cuerpo pasó a convertirse en uno de los mecanismos más exitosos de la autoampliación capitalista a través de la creación de nuevos nichos de mercado.

En las últimas décadas han surgido nuevas y poderosas industrias en torno al cuerpo. La ciencia médica, la industria farmacéutica, la de los alimentos, de la salud, del mundo del esparcimiento, de la “belleza” y la tecnología cibernética se empeñan en crear nuevos productos para el cuerpo. Apoyadas en el “conocimiento científico” y de “especialistas”, estas industrias están a la caza de las funciones corporales más imperceptibles no tanto para mantener la salud sino la explotación mercantil del cuerpo.

La organización de la sociedad a través del control corporal es hoy más sutil que nunca ya que somos nosotros mismos quienes nos esforzamos por formar un cuerpo sumiso (disciplinado), flexible (con el fin de adaptarse a los vertiginosos cambios que la competencia laboral requiere) y fetichizado (convertido en producto para conseguir empleadores o compradores). El control del cuerpo queda, en apariencia, en nuestras manos al ir a buscar un gimnasio (lograr buena imagen), especialistas en cursos de superación personal (para adaptarnos a la dinámica del cambio productivo) y expertos en alimentos inteligentes (como combustibles para resistir los altos niveles de explotación).

Si meditamos sobre nuestras acciones referentes “al cuidado del cuerpo” estamos en condiciones de romper la silenciosa dominación neoliberal y la lucha por un mundo otro será más efectiva. Descubriremos, sorprendidos, que la manera en cómo se nos ha ensañado a cuidar nuestro cuerpo, mantiene las relaciones capitalistas que nos oprimen. Así, liberación social y liberación corporal son parte del mismo proceso.

Bibliografía:

Foucault, Michel, (2003), Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, México: siglo XXI editores.