ESPECTADORES DE LA TRAGICOMEDIARoberto Martínez Garcilazo*
Eso somos la mayoría de los ciudadanos comunes y corrientes.
Los que no pertenecemos a las élites políticas, ni económicas, sólo miramos el desarrollo de la obra en las páginas de los diarios, en las líneas de sus columnas y –este es caso- en las fotografías de sus reporteros gráficos.
El pasado sábado 23 apareció en la primera página de El Sol de Puebla, completando la nota de Belem Cancino sobre la celebración del cumpleaños de Javier López Zavala, una extraordinaria fotografía sin indicación de autoría.
En primer plano y de píe, aparecen el gobernador Mario Marín Torres –pantalón gris, camisa azul y Mont Blanc Skywalker en la bolsita- que mira sonriente hacia su derecha algo que con la mano izquierda –reloj Philippe Patek de platino en la muñeca- le señala Javier López Zavala, el emocionado hombre del cumpleaños que está enfundado en una camisa blanca.
A la izquierda de los hombres, en segundo plano y sentada, mirando directamente a la cámara fotográfica, posando con una sonrisa leve y una nube de pensamientos velándole la mirada, aparece –arracadas de oro Bvlgari Astrale y blusa verde sin mangas- la presidenta Blanca Alcalá Ruíz. La lona roja del tercer plano resalta las siluetas de los tres personajes de la fotografía.
Es sólo un instante de la realidad y sin embargo está contenido en esta fotografía uno de los episodios más interesantes de la narración de la sucesión política: el de la irrupción, alba y ocaso transitorio (porque en política y astronomía todo recursa) de una mujer de extraordinario talento político. En este instante detenido de la imagen de la fotografía, los dos señores de píe –protagonistas de esta era- miran el rumbo, la dirección, marcada por uno de ellos; mientras atrás y sentada en su silla, la primera presidenta de la centenaria ciudad de Puebla mira de frente el obturador de la cámara como quien mira el oscuro futuro.
Aseverar, dar fe de lo que se ve, contar la versión propia de los hechos. En fin; conjeturar porque no tenemos directo y verdadero conocimiento de los hechos. Los conocemos por interpósitas personas porque la política ocurre en lugares que no son los de nuestra vida diaria, aunque finalmente la modifiquen. Porque la política, por su naturaleza misma, es cosa de minorías selectas, no de comunes, corrientes, masivos y anónimos electores.
Leer y observar. Espectadores, que no actores, del teatro de la república, miramos los progresos y fracasos de los personajes en el escenario del drama. Y confirmamos nuestra intuición: la política es un espectáculo y el dramatis paersonae un conjunto de máscaras que tiene el poder de cambiar nuestras vidas.
En primer plano y de píe, aparecen el gobernador Mario Marín Torres –pantalón gris, camisa azul y Mont Blanc Skywalker en la bolsita- que mira sonriente hacia su derecha algo que con la mano izquierda –reloj Philippe Patek de platino en la muñeca- le señala Javier López Zavala, el emocionado hombre del cumpleaños que está enfundado en una camisa blanca.
A la izquierda de los hombres, en segundo plano y sentada, mirando directamente a la cámara fotográfica, posando con una sonrisa leve y una nube de pensamientos velándole la mirada, aparece –arracadas de oro Bvlgari Astrale y blusa verde sin mangas- la presidenta Blanca Alcalá Ruíz. La lona roja del tercer plano resalta las siluetas de los tres personajes de la fotografía.
Es sólo un instante de la realidad y sin embargo está contenido en esta fotografía uno de los episodios más interesantes de la narración de la sucesión política: el de la irrupción, alba y ocaso transitorio (porque en política y astronomía todo recursa) de una mujer de extraordinario talento político. En este instante detenido de la imagen de la fotografía, los dos señores de píe –protagonistas de esta era- miran el rumbo, la dirección, marcada por uno de ellos; mientras atrás y sentada en su silla, la primera presidenta de la centenaria ciudad de Puebla mira de frente el obturador de la cámara como quien mira el oscuro futuro.
Aseverar, dar fe de lo que se ve, contar la versión propia de los hechos. En fin; conjeturar porque no tenemos directo y verdadero conocimiento de los hechos. Los conocemos por interpósitas personas porque la política ocurre en lugares que no son los de nuestra vida diaria, aunque finalmente la modifiquen. Porque la política, por su naturaleza misma, es cosa de minorías selectas, no de comunes, corrientes, masivos y anónimos electores.
Leer y observar. Espectadores, que no actores, del teatro de la república, miramos los progresos y fracasos de los personajes en el escenario del drama. Y confirmamos nuestra intuición: la política es un espectáculo y el dramatis paersonae un conjunto de máscaras que tiene el poder de cambiar nuestras vidas.
*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla.
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