tesara.jpg- IDEAS SUELTAS Y OTRAS MÁS O MENOS ENGANCHADAS -
 
DECÁLOGO DE REFORMA POLÍTICA EN MÉXICO
Tesara*

 

Alguien me dijo en una ocasión: “...tu mirada es sesgada, limitada y retrógrada. Eres ignorante. ¿Sabes qué? No me hables más de estas tonterías”. Tendría que quedarme muda –respondí y cerré el discurso-.

 


¿Es una tontería expresar que el mandatario se llama como tal no porque sea el que “mande”, sino porque tiene la obligación de ejecutar el mandato del pueblo? ¿Soy retrógrada al defender la educación pública como derecho de los mexicanos y obligación constitucional del Estado? ¿Soy ignorante si digo que todos los mexicanos acarreamos vicios y requerimos orden en todos ámbitos de nuestra vida? ¿Exijo demasiado si solicito a los tres niveles de gobierno que pongan ejemplo, claridad y compromiso en su hacer, en el entendido de que la reciprocidad es justa y debe ser exigida por la población a sus gobernantes?

¿Soy reiterativa si externo que las secretarías de estado son la catapulta para preparar diputaciones, senadurías, gubernaturas y presidencias? ¿Parezco altanera si exijo poner fin en este momento y para siempre, a esas prácticas que hacen desatender de su trabajo al funcionario público y por el contrario son puestos para cabildear futuros votos y pedir caridad para financiar las campañas políticas?

¿Soy limitada al decir que la corrupción es –cifras más cifras menos- el 70% de los problemas de este país? El 30% dejémoslo a la normal dinámica nacional y mundial y sus eternas encrucijadas que involucran a todas las naciones.

Hoy que repaso los diarios y leo el decálogo de reforma política propuesta por el presidente Calderón, realicé un sesgado, limitado e ignorante análisis (lo digo así para otorgarle a mi ex amigo el beneficio de la duda) y llegué a dos conclusiones:

La primera:

Con sus grandes recovecos por detallar y mejorar, no me parece un decálogo errado (por favor, no me tachen de panista porque me ofenden, ni de priísta porque yo sí me acuerdo de mis actos pasados, ni de perredista porque yo sí razono antes de oponerme a algo. Es más, a estas alturas de mi vida no creo en ningún partido político y eso me causa crisis existencial).

Esas propuestas del presidente, así como todas las nuevas reformas a los diferentes ordenamientos legales, pueden ser justas siempre que amarremos el binomio honestidad-trabajo de cada uno de los actores políticos de México.

El decálogo es una demanda que el pueblo pide a gritos desde hace cuatro décadas, cuando el país comenzó a entrar formalmente en la dinámica económica mundial, primero con su incorporación a la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) y posteriormente al resto de los organismos económicos internacionales y acuerdo comerciales de los que hoy somos parte. Desde entonces se necesitaba continuidad en los planes estatales y nacionales, pero aún estaba más o menos fresco aquello del “Sufragio efectivo no reelección” y los hipócritas discursos de los gobiernos post revolucionarios se basaban en los ideales de la revolución mexicana. Por lo tanto, no había cabida para tales reformas, menos aún se pensaba en disminuir el número de diputados que eran mayoría priísta arrolladora.

Ya desde aquel tiempo o quizá mucho antes, era necesario que el pueblo tomara consciencia de su fundamental papel en la actividad política nacional y valorara su voto y su relevante quehacer ciudadano, pero claro está, esas reformas no llegarían porque no convenían al momento político comandado por un sólo partido -de quien justo es decir que construyó mucho de lo que hoy gozamos los mexicanos, y también nos retrocedió otro tanto, sobre todo civilmente-.

En el México del 2010, cuando una nueva generación de mexicanos ha emancipado en gran medida sus pensamientos, rechazando manipulaciones político-económicas, considero que es tiempo de analizar seriamente esas propuestas que pueden ser de gran trascendencia desde la vida ordinaria hasta las relaciones con otras naciones. Hay temas urgentes en la agenda mundial pendientes de resolver y en lo nacional la lista es infinita. No hay más que trabajo, permanencia o despido para quien no logre resultados. Eso es un planteamiento que demanda el pueblo y ahora tenemos la oportunidad de hacerlo efectivo.

La segunda:

Mientras no contemos con un IFE cien por ciento ciudadanizado,
Mientras el Servicio Profesional de Carrera no sea transparente,
Mientras el IFAI deje de proteger ciertos documentos con el pretexto de que son “confidenciales”,
Mientras no se audite el tiempo y resultados de los funcionarios públicos de primer nivel,
Mientras los órganos de fiscalización de las entidades no sancionen ejemplarmente a quienes no presentan cuentas claras,
Mientras no se corra del gobierno a las alimañas, tepocatas, víboras prietas y sanguijuelas heredadas por Vicente Fox,
Mientras nuestros funcionarios públicos no prediquen con el ejemplo,
Mientras no se atiendan debidamente los casos recibidos ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Secretaría de la Función Pública, Suprema Corte de Justicia de la Nación, Comisión Federal de Competencia, PROFEPA, PROFECO, Procuraduría de la Defensa de los Trabajadores al Servicio del Estado, comisiones estatales de derechos humanos, Comisión Interamericana de Derechos Humanos y ONG’s...

¿Para qué queremos nuevos parches a todo el embrollo de leyes, reglamentos y decretos? Si el problema en México es que la ley no se respeta y por ende se juega con el estado de derecho, entonces permítanme que sus modificaciones y nuevas leyes me causen desprecio. ¡Estamos hartos de burlas!

 

*Tesara es una joven mexicana con estudios de posgrado. Actualmente radica en Europa.