21 de marzo de 2017

La presencia de Blanca Alcalá Ruiz en Casa Puebla es muy significativa por varios factores.

¿Es su regreso formal a la vida política local?

¿Por qué reaparece ante su victimario político y no desde otra trinchera?

¿No fue suficiente con la humillación política que vivió en el 2016?

La semana pasada la senadora participó en un foro realizado en el Tec de Monterrey y no le fue nada bien.

La campaña a la gubernatura del 2016 que realizó Blanca Alcalá fue desastrosa y perdió toda calidad moral para emprender un nuevo proyecto en el corto plazo.

Su aliado, el aún líder estatal el PRI, Jorge Estefan Chidiac, mantiene con alfileres su lugar al frente del Comité Directivo Estatal porque carece de liderazgo real y existen muchos actores interesados en quitarlo de ese lugar.

Blanca Alcalá y Jorge Estefan Chidiac prácticamente están solos, después de la estrepitosa derrota electoral en el 2016.

Sin embargo, aún conservan la dirigencia estatal porque para el PRI nacional no importa Puebla, ni sus peleas locales, ni quién esté al frente del partido ya que saben que en el 2018 la gubernatura está nuevamente fuera de su alcance.

El escenario político actual no es propicio para el regreso de Blanca Alcalá. Y menos si es que por su mente ha pasado en algún momento el interés de buscar nuevamente la candidatura a la gubernatura de Puebla en el 2018.

Si ese fuera el caso, entonces tendría que enfrentar abiertamente a personajes como Juan Carlos Lastiri, Enrique Doger y Alejandro Armenta Mier.

Y eso llevaría al PRI a una crisis mayor en la que está inmerso desde el 2010.

Pero nada de eso perciben la senadora y el dirigente estatal del PRI.

No ven más allá.

Ven la forma de mantener el control, a costa de lo que sea, de la dirigencia estatal del PRI para poder negociar las candidaturas en el 2018 y por su propia supervivencia para poder quedarse con las posiciones plurinominales.

Ese parece un escenario más real.

Blanca Alcalá y Jorge Estefan Chidiac defenderán y negociarán con el grupo en el poder en el estado su permanencia y sus próximas posiciones políticas.

El PRI no da para más.

Es una moneda de cambio para negociar con Rafael Moreno Valle una alianza entre el PRI y el PAN rumbo al 2018 ante el crecimiento de MORENA en el estado de Puebla.

Así que el regreso de Blanca Alcalá es real, pero no viene por una revancha, ni para encabezar la unificación del PRI.

Regresó a negociar su supervivencia política.

Sin importar los agravios del 2016.

 

Carlos Gómez (@gomezcarlos79) es director del periódico ContrastesdePuebla.com