
30 de octubre de 2016
¿Cuándo decidimos que nuestros gobernantes nos ignoraran? ¿De dónde sacaron que queremos a los peores administradores de la riqueza común? ¿No son ellos los empleados y nosotros, el pueblo, sus patrones? ¿Qué no deberían someterse a la voluntad popular? ¿Cuándo decidimos subirles el sueldo por su pésimo trabajo? ¿En qué momento dejamos que ellos velaran por nuestra educación? ¿A quién le preguntaron si queríamos pedir un préstamo?
La salud de los ciudadanos corre peligro mientras las autoridades cuentan con seguro que nosotros les pagamos. Ellos no producen nada, no generan riqueza; es el trabajo arduo de los pobladores el que fortalece nuestra economía; ellos se llevan sin hacer el mínimo esfuerzo, las ganancias de ese trabajo y lo derrochan sin consideración para distraernos con espejitos.
Nos engañan, mienten, roban, desaparecen y matan ciudadanos mientras seguimos respaldando con obediencia ciega, manipulados, chantajeados, obligados al servilismo. ¿Fue buena idea delegar en ellos la responsabilidad de darnos educación, cultura, salud, servicios? ¿No son suficientes pruebas la miseria y las enormes diferencias sociales para darnos cuenta de su ineptitud, su corrupción y sus desaires?
Fuimos irresponsables al dejarlos hacer y deshacer a su antojo. Seguimos siendo insensatos al permitirles el control de nuestras vidas. A cambio de la libertad, pagamos, obedecemos, les creemos, votamos por ellos, encendemos sus canales, les seguimos tomando en cuenta. Aceptamos la injusticia, soportamos la inseguridad y seguimos soñando que pronto lo van a arreglar.
Sabemos que idiotizan con programas de estudio escolares, con telenovelas de quinta, con desinformación en las declaraciones del presidente, con la publicidad engañosa que les dejamos gastar. Nos imponen nuevas cuotas, multas, permisos y por el miedo que dejamos se apodere de nosotros, cumplimos con los pagos.
No necesitamos ni dos dedos de frente para darnos cuenta de su corrupción, del saqueo de las arcas de la nación, sus convenios con criminales, la pereza que demuestran en el cumplimiento de los compromisos que firmaron ante los igualmente corruptos notarios. Si escarbamos en la información que hoy tenemos disponible, para colmo de nuestros males, no la podemos creer; a muchos se les hace imposible tanta maldad.
Porque no leemos, porque hay suficiente material a nuestro alcance para documentar sus fechorías, son criminales con gran poder. Es una fuerza que les hemos conferido por ser tan obedientes y sumisos. Por nuestra desidia a tomar los libros que nos abrirán los ojos ante la mafia que nos gobierna.
Tengo una lista de libros que vale la pena leer: El instituto Tavistok, El club Bilderberg; La conspiración gay, apoteosis de la guerra de los sexos; El Príncipe, El contrato social, De la dictadura a la democracia, El anticristo, La rebelión de la granja… al menos esos debes leer. Aunque hay muchos más. Creo que es tiempo de despertar y mejorar la calidad de vida de millones de ciudadanos condenados a la esclavitud política, a la discriminación racial, a la explotación laboral, etc.
Subamos un peldaño más. Vayamos por el sexto estadio de Kohlberg. Entendamos que el individualismo y el consumismo son apenas el primer escalón en el que somos egocéntricos (ver teoría resumida de Kohlberg). Volvamos la mirada y observemos cómo en el camino hemos dejado muchos muertos, desaparecidos, exhaustos de luchar sin poder alcanzar una vida digna.
Al pasar al sexto estadio, seremos capaces de reconocer a una humanidad subyugada, reconociendo que las personas tienen un valor intrínseco. Somos seres racionales y capaces de distinguir la importancia de la justicia para alcanzar la paz social. Sólo así daremos fin a las dictaduras disfrazadas de democracia que se burlan de la gente. Esa es la única fórmula para dar el siguiente paso evolutivo de nuestra especie. De otro modo, la condenaremos a la segregación, a la esclavitud, al infortunio, a la miseria, a la explotación, la guerra y la muerte en vida.
Imagen: despierten.wordpress.com
Joe Barcala (@JoeBarcala) es novelista y activista veracruzano y poblano, autor de diversos éxitos editoriales.
