
26 de octubre 2016
Ah qué rico olor tiene el cempasúchil, qué macabro recuerdo del día final que habré de esperar toda mi vida, todo para hacerme polvo y que me enjaulen en un nicho hasta el siguiente sismo que tire las catacumbas de la iglesia. Será una eternidad, aprisionado en la bolsa negra de plástico cubierta con una bella caja de madera, ónix o cerámica.
Un día, quizá en cien años, vaciarán las urnas para volverlas a vender y tirarán mis cenizas en el caño o para fertilizar el zócalo frente a la iglesia. Venderán también las urnas como antigüedades o bien pulidas como nuevas. El nicho, espacio o caja quedará también disponible al mejor postor.
Si me meten en una caja, ésta se pudrirá conmigo, unos dos metros bajo tierra (Six feet under). No veré la luz del sol hasta que el cementerio decida volver a vender el terreno para nuevos clientes, entonces iré a parar a la fosa común, y yo un poco más empolvado que antes; mis trozos de hueso mezclados con otros. Una verdadera orgía, sin carnes, pero bien compenetrados.
Polvo soy y en polvo me convertiré. ¿A quién se le ocurrió semejante frase? Eso alude más a una teoría científica (polvo de estrellas) y no a una religiosa (vida eterna). A mis familiares les pasarán la factura de mi caja o de mi cremación, de mi nicho y la renta del espacio en las catacumbas porque al bendito (&%¿/!$#) papa se le ha ocurrido decir que no podemos estar en casa, nos deben llevar a oxidar en los pasillos del sótano de una iglesia, porque ni al mar, ni al campo, ni en partes con cada familiar.
Eso sí, pagando un nicho que vale al menos 5 mil pesos, en la zona más baratera. Si eso lo supiera mientras vivo, me muero. ¡Es para un infarto cardiaco al corazón! Eso del negocio de la muerte, te puede matar. Sale caro morirse, mucho muy caro. Por eso la gente humilde los vela en casa, con la cooperación de todos los vecinos y los entierran con padrinos en el cementerio municipal, que también cuesta, si no quieres que te vayan a botar en la fosa a los pocos días.
De cualquier forma, por muy pobre que seas, tienes que pagar el sueldazo del cura, las veladoras, el ponche con piquete, la renta del manteado, las sillas y mesas para el mole y no se puede olvidar al mariachi, porque lo paga el compadre del difunto. Mucho café para espabilar a los “condolientes”, como se inventó la palabrita Gabo, García Márquez.
Cristiana sepultura es sinónimo de atraco. Si nuestros antepasados hubieran sabido el saqueo a los bolsillos de sus descendientes, habrían inventado otra forma de preservar los cuerpos, fuera del alcance de animales carroñeros. Solo de pensarlo me da escalofríos lúgubres de día de muertos.
Si me retuerzo en la tumba será porque desde que estaba vivo supe lo que cuesta echarse a dormir para siempre. Cómo quisiera que pronto me enviaran al mar para que mis restos se los engullan los peces y ballenas; así volveré en un tris a la vida. Átomos brincando de un cuerpo a otro infinitamente, evolucionando. Seré de nuevo parte de la cadena alimenticia en un sinfín de repeticiones, hasta que el planeta estalle o sea tragado por el sol.
Emprenderé entonces nuevas aventuras, viajar por el espacio y convirtiéndome en una enana blanca con el sol. Llegará Andrómeda a generar un caos a la Vía Láctea y volveremos a empezar. Qué dulce es morir así. Sin un peso en la bolsa. Libre de pecados o respuestas a dioses imaginarios sobre mis acciones en la vida.
Será mejor la muerte que esta fatua vida mercantil y consumista que mata a diario la esperanza de una fusión con el universo. No se les va a hacer. Moriré en esa eternidad de átomos traviesos, sin angelitas pizpiretas que le quiten la paz a mi energía positiva, esa que se desprenderá de mí, pasando a formar parte de la nada porque sin motor no hay energía, no se produce más el movimiento de mis extremidades ni los pensamientos que hoy escribo.
Seré libre de todo eso; qué bueno que vivir mata. Deliciosa la reencarnación en pedacitos, sin dogmas o atavismos. Sin pecados y libre de sermones clericales. Habré entonces de demostrarles que no hay mejor vida que la muerte.
Imagen: collegechapelmortuarysf.com
Joe Barcala (@JoeBarcala) es novelista y activista veracruzano y poblano, autor de diversos éxitos editoriales.
