martinez garcilazo.jpgELOGIO DEL HOMBRE COMÚN Y CORRIENTE

Por: Roberto Martínez Garcilazo

28 junio 2009 

No roba al erario. No miente descaradamente en público. No tiene cargo de representación popular alguno. No tiene un ejército de sirvientes y guardaespaldas a su servicio. No acude a restaurantes de moda acompañado de un séquito a consumir aguardientes, vinos y viandas a cuenta del presupuesto oficial. Paga sus cuentas con el dinero de su salario.

 

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Vive al día. No tiene cuentas bancarias ocultas. No tiene jet privado, ni yate, ni lujosas propiedades inmobiliarias registradas con nombres de incondicionales. Sus esperanzas y alegrías son las fundamentales de la vida: una vida mejor para los suyos y la felicidad de los que ama. Nunca ha pretendido salvar el país, ni preservar los supremos valores de la patria. Estudió en escuelas públicas y también sus hijos. No sabe fingir sonrisas, no puede abrazar hipócritamente a sus enemigos. No tiene carnet de militancia, ni sotanas en su ropero. Sus días son de constante esfuerzo para conseguir el sustento material y espiritual de su vida. No viaja a Finlandia los fines  de semana para tomar vodka con hielo de glaciar. No viste prendas a la medida, ni porta joyas que valen años de salarios mínimos. Lo suyo es la vida verdadera que día a día se edifica con palabras transparentes y obras propias. Su destino no ha quitado a otros su destino. No tiene un harén de Lolitas y Adonis, ni consume drogas de primera, ni es dueño de empresas trasnacionales, ni de televisoras, ni de periódicos, ni de partidos. No predica verdades reveladas por dios, las finanzas globales o la democracia electoral moderna. Lee con miedo y reprobación las noticias de crímenes y escandalosos peculados. Trabaja cada día  para conseguir lo suyo. No aparecen las fotos de su cumpleaños en las revistas de sociales de la oligarquía. No tiene casa propia y su auto –si lo posee- no es del año. No es un cínico profesional; el egoísmo y la codicia no son el norte de sus días. Compra en el mercado, guisa para los suyos, conoce a los vecinos de su calle y comparte con ellos la desconfianza que les inspiran todos los candidatos de lo que sea. Sabe de las grandes miserias personales de los poderosos en los diarios y en la televisión. Piensa que el mundo es de todos y que los otros no tienen derecho a quitarle lo que le toca.

No tiene poder, no es dueño de empresas, no tiene acciones en la banca: es el ciudadano que casi nunca tiene dinero para acabar la quincena y que dentro de seis días irá (¿irá?) a la casilla electoral. Es el hombre común y corriente –piedra profunda del cimiento de la democracia-  cuyo nombre desaparecerá cuando su ordinaria vida se extinga.

*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla. 

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