
27 de septiembre de 2016
¿De eso se trata un debate no? Procurar demostrar a la audiencia que “yo soy mejor que tú”. Lamento tener que informarles que no se trata de eso, en lo más mínimo. Esa arrogancia de los políticos por sentirse los súper héroes de las películas lo único que nos indican es que les fascina Hollywood y la TV; no leen, porque si lo hicieran, tendrían otro tipo de debates.
Me terminaré explicando después de recalcar que los debates políticos insultan a la audiencia, buscan hacernos creer que “ellos son la opción” y la verdadera opción es cuando se centra la atención en las necesidades de las personas pertenecientes a toda la nación, incluidos los arrogantes como ellos a quienes se les debe proporcionar un programa de estudios sobre cómo respetar a sus semejantes.
Los gobernantes se han olvidado que en política no es importante una persona, sino la suma de todos, el esfuerzo conjunto de “administradores” y los “propietarios” de la riqueza de una nación. Estas “competencias” por ganar las “concesiones”, como si fueran a adquirir un título de propiedad del territorio nacional, como si participaran para ser elegidos como arquitectos de una casa, presumen de ser los mejores, de tener el título en la universidad más prestigiada, por hablar más bonito o vestirse mejor.
El prestigio de una universidad, por ejemplo, lo hace su gente, la tarea de sus docentes, académicos, científicos, pero también el aprovechamiento dentro de las tareas sociales de sus egresados, si son capaces de poner en práctica lo aprendido en el aula. Los logros de un país se basan en las leyes aprobadas por los legisladores y respaldadas (necesariamente) por la población. Si los ciudadanos no están de acuerdo con ellas, difícilmente podrán legitimarlas y tendrán que hacer uso de la fuerza pública para imponerlas (como las reformas de EPN).
No se han dado cuenta que para ser “los mejores” como gobernantes, lo serán cuando logren unir a la población, como recientemente lo hizo Colombia con las FARC. No al estilo estadounidense, donde se polarizan y tienen que estar gobernando en contra de sus opositores casi todo el tiempo; necesitan entonces recurrir a la mentira, la manipulación, el engaño; hecho que luego se les revierte.
Dividir es la estrategia del gobierno mexicano también. Eso es lo único que hace bien. Como Donald Trump con su galopante discriminación. Lo peor es que la gente los imita, sigue sus asquerosos ejemplos de divisionismo, optando por un partido político y poniéndose así en contra de todos los demás “colores” de la democracia. ¡Falso! Eso no es democracia. Los partidos políticos dividen, la “asamblea” democrática debe unir, empatizar, comprender los puntos de vista de los demás, solucionar las diferencias y no subrayarlas como hacen los debates. Van con el objetivo de ganar adeptos, sólo que dividiendo a los ciudadanos.
Un buen debate debería ser: sentarse a solucionar juntos los problemas, hallado concordancias (concordar viene de unir corazones), encontrar la mejor forma de incluir todos los puntos de vista, todas las necesidades de la población. No a ver quién “hace pedazos” a su contendiente político. Esas son faramallas mediáticas que confunden a la población.
Antes de ver la versión “Al Despertar” de Televisa esta mañana, logré leer un par de crónicas sobre el debate y encontré que ambos eran de una posición objetiva, errores de uno y otro, sus aciertos; en cuanto vi que Carlos Loret de Mola y sus invitados hablaban de que Hillary arrasó sobre Trump me pregunté: ¿qué gana Televisa con seguir las mismas tendencias mediáticas de la televisión estadounidense? Queda claro que los medios masivos luchan por los intereses del establishment, de las mafias y cofradías, de Bilderberg, de los magnates, las trasnacionales. Defienden su propio status quo. Eso significa, simple y llanamente, que están a favor de las castas sociales, de la separación de individuos, unos sobre otros. Nada más alejado de los valores democráticos: inclusión, valoración de las diversas ideas culturales, respeto, tolerancia, justicia, paz. No puede haber nada de ello si se subrayan siempre estas acciones “paleras” en favor de una candidata que, bien sabemos todos, representa los intereses de las más poderosas mafias del mundo. Obviamente, eso no significa que esté a favor de Trump. Estoy en contra del mercado al que han convertido a esa que un día fue una noble tarea de los más insignes “ciudadanos”, la política.
Imagen: fortune.com
Joe Barcala (@JoeBarcala) es novelista y activista veracruzano y poblano, autor de diversos éxitos editoriales.
