raymundo garcia.jpgEL MANDO EN EL MUNICIPIO

 Por: Raymundo García García*

1 mayo 2009

A raíz de las presiones en los medios de comunicación, para que la presidenta municipal de la ciudad de Puebla llevara a cabo un conjunto de cambios dentro del personal de su administración, estos no se hicieron en los tiempos, ni en las personas cuyos nombres se barajaban.

 

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El cambio más esperado y por lo tanto el más presionado por el conjunto de intereses que se ponen en juego fue el del titular de la secretaría de seguridad pública. Funcionario que más allá de que sea especialista en seguridad, capacitado para actuar en casos de crisis extrema, nada más y nada menos, y cuya trayectoria y servicios en situaciones críticas  como solución de motines avalan su habilidad, fue presionada su remoción al grado de abrirse un debate sobre el sucesor, que sí lo recomendaba fulano, zutano o perengano; en fin, todo mundo opinaba, mientras los regidores quedaban pintados a excepción de alguno especializado en seguridad, que no pudo reprimir su interés personal.

 

 La presión buscó obligar a divulgar que el cambio se había llevado a cabo, para que de forma inmediata, la propia presidenta municipal saliera a desmentir el supuesto cambio con el razonamiento jamás imaginado que resultó elocuente por su ingenuidad; con dicho razonamiento se ratificó de forma contundente la permanencia del funcionario responsable de la seguridad pública capitalina; pero lo grave fue que la alcaldesa resbalara mostrando su rostro autoritario, heredado en el ejercicio más autoritario del poder, asumiendo una postura  patrimonialista, en donde la primera regidora se olvidó que solo preside a una autoridad colegiada –al ayuntamiento- y que lamentablemente aunque diga que ella manda, eso es falso, en el nivel de gobierno municipal la autoridad es colectiva y le primer regidor ejecuta el mandato de aquel.

 

Y para no cometer errores, que mejor que refrescarnos la memoria y leer lo ordenado en la Ley Orgánica Municipal que en el artículo 78 fracción XXV anota que “Son atribuciones de los Ayuntamientos: - Nombrar, a propuesta del Presidente Municipal, al Secretario del Ayuntamiento, Tesorero Municipal, Contralor Municipal y Comandantes de Policía y de Tránsito Municipal, quienes serán servidores públicos de confianza y podrán ser removidos libremente, sin perjuicio de lo que establezcan las leyes en la materia”.  Entonces por mandato legal, nuestra ilustre alcaldesa de haber cambiado al responsable de la seguridad pública y el tránsito capitalino, tenía primero que librar una batalla para alcanzar primero un consenso entre los regidores del PRI, y eso sencillamente no sería posible; en una relación de costo beneficio del mandato egoísta y personalizado, resultaba ganancioso no hacer cambio alguno y mentir a la opinión pública de contar con un mandato que no se tiene, salvo en ejercicios autoritarios.  Para terminar con la intriga legal no tienen desperdicio la contundencia del artículo 91 fracción VII de la misma Ley Orgánica Municipal que confirma: “Son facultades y obligaciones de los Presidentes Municipales: - Proponer al Ayuntamiento a los Comandantes de la Policía Municipal y de Tránsito o Vialidad, así como comisionar como agentes de seguridad pública, en los lugares que lo estime conveniente, a personas de reconocida honradez”.

 

Así, en el ayuntamiento de cualquier Municipio mexicano, incluyendo el de la histórica ciudad de Puebla, quien manda no es la presidenta municipal, es el Ayuntamiento, y ella solamente tiene que acatar las decisiones de aquel. El resbalón autoritario de la alcaldesa, sirvió para evidenciar que muy a pesar de que se cuiden las formas y formalidades,  el espíritu antidemocrático y autoritario que se oculta en lo más profundo, cuando menos se espera, se sale de control.

 

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

 

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