
27 de mayo de 2016
-La Historia Jamás Contada-
Mirando hacia atrás, a 40 años exactamente, se constata el gran avance institucional habido desde entonces en cuanto al reconocimiento de la diversidad sexual como una característica propia y legítima de los individuos, al grado de que ya existen sanciones legales para quien atente, de palabra u obra, contra el derecho a expresarla.
Pero en el ámbito práctico, el de la convivencia diaria, las cosas no han cambiado mucho -si es que lo han hecho-, pues (todavía) se encuentran obstáculos insalvables o consecuencias desproporcionadas para estas genuinas manifestaciones de individualidad, impidiendo a la persona incorporarlas definitivamente a su estilo de vida, junto a las otras peculiaridades que le confieren IDENTIDAD social.
Por eso, una experiencia que debía ser liberadora, puede tornarse incluso dramática subjetiva -por el conflicto interno que provoca en el sujeto- y objetivamente, que llega con frecuencia a la confrontación directa con otros, posibilidad no contemplada siquiera aún por los legisladores de avanzada, que en su actitud idealista –en sentido filosófico- ante la vida, dan por descontada –granted- la prevalencia de la idea, en este caso, la escrita en la ley, sobre una realidad aún por ser modificada.
La resultante es una libertad restringida, limitada a ciertos ambientes y circunstancias consideradas “seguras” como los antros, ya que ni el propio domicilio suele serlo; las marchas, que tal vez por eso se han multiplicado y las entrevistas, sobre todo en medios culturales, pero de ninguna manera en las actividades comunes y corrientes de la vida cotidiana.
La única opción –que por ello deja de serlo- que le queda entonces al individuo común, no comprometido políticamente, es la de permanecer en el closet, no por virtual menos opresivo y cuya puerta permanece trabada. De la comprensión y manejo de esta “pequeña” circunstancia depende llevar a su plenitud la promesa de la libertad sexual, hasta ahora poco más que una utopía.
En este último y aparentemente inexplicable fenómeno, juegan un papel primordial los (dispositivos) reforzadores de la ideología, cuya importancia no han sabido aquilatar tanto activistas sexuales como académicos investigadores y educadores, quienes actuando también bajo un supuesto idealista, se han hecho a la idea de que con tan sólo información y entrenamiento privados, como conferencias y talleres, se desencadenará y afianzará en la sociedad el cambio progresista tan deseado e incluso necesitado.
Esto no sucederá, pues están de por medio los intereses objetivos de los tradicionales grupos de Poder, que llegarán hasta donde sea con tal de que las cosas no cambien. A fin de cuentas, la libertad, incluso la sexual, es en sí misma un asunto político que debe disputarse y eventualmente conquistarse en el propio territorio “enemigo”, en este caso, el de la propaganda y la lucha ideológica en general.
La puerta del closet no se abre por dentro, por más voluntad individual que se movilice, sino por fuera mediante una relación de fuerzas sociales que permita al individuo solo hacerlo tersamente, casi al conjuro de un mágico ¡ÁBRETE SÉSAMO! Ése -y no otro- será el momento de la tan ansiada LIBERTAD.
Imagen: bugatuabuela.com
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.