11 de enero de 2016

-La Historia Jamás Contada-

Es un lugar común referirse a la Historia como “la maestra de la Humanidad”, en el sentido de que los acontecimientos que sobrevinieron a ciertas acciones –u omisiones-, enseñaron a los pueblos a no repetirlas, por la certeza práctica de lo que seguiría, pues: “a igual causa, igual efecto”. Afirmación ciertamente gruesa, pero no exenta de su dosis de verdad.

Como en los casos de algunos nacionales que solicitan la injerencia de Gobiernos o equivalentes extranjeros para revertir una tendencia mayoritaria que les es adversa: algo así como cargar los dados a favor de su partido –no sólo político (electoral) sino en general-. En otras palabras, torcer la Historia, usualmente para apuntalar o restaurar un régimen que ha dejado de contar con el favor de las masas al ser contrario a sus intereses y aspiraciones. Por ejemplo en el siglo XIX, cuando un grupo de notables acudió -¿en peregrinación?- al Vaticano a pedir un “Emperador” para México, con las consecuencias que todos conocemos –o deberíamos conocer-.

Ha ocurrido varias veces, aunque a menor escala, siendo la más reciente en 2006 cuando, en plena época electoral, se apersonaron en nuestro país algunos conspicuos miembros del Partido Popular –de “derechas”, como dicen allá- español, respaldando la candidatura del contendiente que, por arte de magia “algorítmica”, resultaría Presidente.

Pero algo muy extraño ya había sucedido durante el sexenio de José López Portillo y Pacheco, al desconocer éste a la República española en el exilio e invitar al flamante Pontífice a “visitarnos” –lo que hizo en tiempo récord-, con el propósito de modernizar nuestra política exterior.

Gajes de una “diplomacia” (¿?) impulsiva que no repara en los efectos sociales –e históricos- en el interior y menos aún en los (geo)políticos de estas nuevas “amistades” -¡y eso que no había Facebook!-, que devienen en auténticas liaisons dangereuses. (Como en la novela de Pierre Choderlos de Laclos, sólo que una cosa es la literatura y otra la delicada e inestable situación internacional.)

Por otra parte, se ha hecho notoria la unción con que funcionarios públicos de países supuestamente republicanos, reciben a un representante –así sea el máximo- de una de las muchas Iglesias existentes, como cuando Ernesto Cardenal, entonces ministro de Cultura de Nicaragua, lo hizo hincando la rodilla y besándole el anillo –dactilar- a Juan Pablo II, quien cometió la majadería de regañarlo.

O recientemente, en la mismísima y socialista Cuba, donde el sucesor de este último ofició una Misa en la Plaza de la Revolución, como si de un acto oficial –es decir, de Gobierno- se tratara. (¡Ah, como se extrañan aquellas películas de Tomás Gutiérrez Alea!)

Reuniendo todos estos datos, bien cabe formularse, en este mismo momento y con toda seriedad, una pregunta fundamental: ¿No será la actual visita papal también ALGO MÁS QUE DIPLOMACIA?

Imagen: infonews.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.