02 de enero de 2016
-La Historia Jamás Contada-
Uno de los “secretos” mejor guardados de la Historia reciente, es la existencia de universidades paralelas en el seno mismo de las establecidas, formales y hasta “respetables” –esto es, a contentillo de los grupos más reaccionarios-. Se diferencian de los “colegios invisibles” que formaban los sabios medievales para proseguir sus estudios a despecho del control eclesiástico, en que realizan sus actividades a plena vista, participando en ellas quien lo desee, sin trámites ni requisitos curriculares, el fetiche de las “modernas” (¿?) Universidades tecnocráticas.
Muchos estudiosos –scholars- independientes hemos sido en algún momento conferencistas, catedráticos, asesores, investigadores y promotores honorarios de ellas, a invitación de estudiantes y profesores principalmente, cuando hay el deseo o necesidad perentorios de introducir en la discusión universitaria tópicos que no figuran en los acartonados –literalmente- planes de estudios vigentes, como ocurría hace poco más de treinta años con la ecología y la educación sexual, por ejemplo. (Personalmente, mi primera intervención académica en la Universidad pública estatal, fue una conferencia sobre “Música y Matemáticas”, que pronuncié en 1980.)
Pero hay circunstancias sociales en que esta práctica extracurricular entra en conflicto directo con la estructura del Poder establecido, que alcanza hasta a las mismas Universidades, por liberales que sean. Como sucedió en 1964 en Berkeley, California, donde a raíz de la prohibición al dirigente negro Malcolm X de hablar a los estudiantes, y la extensión de la medida a cualquier tipo de actividad abiertamente política, surgió el Free Speech Movement –Movimiento por la Libertad de Discurso-, que se convertiría en el paradigma de los que vendrían esa década y posteriores, tanto en la Unión americana como el resto del Mundo.
Éste fue cobrando fuerza hasta que la tarde del 2 de diciembre, varios miles de estudiantes efectuaron un sit-in –“sentada”- ante Sproul Hall, sede administrativa de la Universidad, la más moderna de Estados Unidos, desde cuyas escaleras el joven tribuno Mario Savio, estudiante de Filosofía, les dirigió su célebre discurso sobre “la Máquina y la necesidad de detenerla si querían ser libres”. Acto seguido, aproximadamente un millar de ellos tomaron el edificio, estableciendo por una noche la “Universidad Libre de California”, donde se impartieron clases, organizaron seminarios, proyectaron películas, confeccionaron periódicos murales y… el resto es Historia: había nacido el primer movimiento estudiantil contemporáneo por excelencia.
No iba contra la institución universitaria en sí, sino el uso perverso que hacía de ésta el Poder para perpetuar su oligarquía mediante la formación de los futuros funcionarios –officials- del Gobierno y los managers de las corporaciones, a expensas de los proyectos y necesidades de los propios estudiantes y el resto de la gente.
Este incidente de la “contrauniversidad”, fue un episodio histórico que, junto a sus consecuencias y repercusiones más allá de lo estrictamente universitario, debe ser conocido y, más que nada, estudiado y analizado por quienes pretendan entender algunas cosas realmente extrañas que han ocurrido desde entonces hasta el presente.
Y, ¡sí, por supuesto: no todo en la juventud norteamericana de los años 60 fue “sex, drugs, and rock’n’roll”, como prefieren creer tantos de todos los bandos políticos!
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.
*Imagen: i.guim.co.uk