2 de octubre de 2015

A casi medio siglo del artero ataque a los manifestantes de la Plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco) aquel miércoles 2 de octubre de 1968, poco o nada se sabe de qué hubo detrás, qué fuerzas indujeron o, con mayor precisión, empujaron a un puñado de burócratas pragmáticos –según ellos, “gobernantes”- que ahí se la llevaban, a ordenar a sus esbirros disparar sobre la población civil. ¿Fue sólo miedo?, ¿realmente se tragaron el cuento de la “conjura comunista? ¿O se trataba ya de un designio de quien(es) decidía(n) por ellos?

Verán: estaba en marcha la gran empresa publicitaria, turística e ideológica de la Olimpiada, y el batallón de francotiradores que baleó indiscriminadamente a cuantos quedaron dentro del cerco o perímetro creado por los cuerpos represivos, se llamaba… OLIMPIA, ¿Sabían los policías y soldados vestidos de civil –o paisano- infiltrados en la concentración, que también serían blanco de aquéllos? De haber sido militares regulares los agresores, seguramente no habrían llegado vivos a sus cuarteles…

Está el intrigante asunto de los negociadores del gobierno que se entrevistaron con miembros del Consejo Nacional de Huelga, para pactar una “tregua olímpica” unas cuantas horas antes de la masacre –funcionarios que más tarde recibirían jugosos premios políticos-… Y la cuestión no menor, pero nunca mencionada en las conmemoraciones, de la persecución de hippies extranjeros y nacionales por agentes del orden (fascista), tanto azules como verdes.

¿Por qué, si eran exactamente lo contrario de agitadores, se les trató igual? Desde el punto de vista del control social, venían siendo como las barras de grafito en un reactor nuclear, pues eran refractarios a cualquier intento de movilización además de traer, como turistas –bohemios- que eran, los codiciados dólares. (A ningún funcionario “normal” se le había ocurrido en el pasado inmediato perseguir rocanroleros o chicas a go gó, lo que lleva a sospechar la presencia también de “asesores” morales en esta Cruzada –de cables, Wahnsinn-.)

Detalles, coincidencias y conexiones que apuntan a una cierta aunque retorcida lógica en el comportamiento aparentemente absurdo del Gobierno, aplaudido por sus tradicionales epígonos: prensa vendida, cámaras patronales, asociaciones profesionales, etc.

Por eso el título del artículo, pues así como existe una Metalógica que explora los fundamentos de la Lógica, debería haber una Metapolítica que lo hiciera con los actos políticos particulares, por dispersos o arbitrarios que parezcan, exponiendo su articulación profunda, que seguramente proporcionaría la clave de procederes y acontecimientos tan anómalos, pero también, como teoría, predeciría o explicaría otros semejantes. (Aparte de motivaciones psicológicas personales, como la del sucesor de Díaz Ordaz, un burócrata de siete suelas que seguramente pensó: “si el Patrón pudo, ¿por qué yo no?”... y que asesta el “halconazo” de tres años después.)

La pobreza teórica del movimiento mexicano, comparada con la producción de sus similares italiano, alemán, francés y estadunidense, ha impedido no sólo prevenir este tipo de escaladas represivas, sino identificar positivamente a los responsables personales y mecanismos activados esos aciagos días.

Las conmemoraciones luctuosas, por emotivas que resulten –como la de 1982 en la misma Plaza-, no contribuyen al entendimiento de los hechos, sólo posible mediante la investigación y reflexión científicas, hasta la fecha asignaturas pendientes.

Imagen: plumavertical.wordpress.com

Fernando Acosta Reyes @ferstarey – es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.