3 de septiembre de 2015
Historia y Justicia
El pasado 28 de agosto, se conmemoró Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Un día que para las sociedades democráticas del siglo XXI, parecería verdaderamente absurdo y su tema arcaico, pero desafortunadamente no resulta así.
Diferencia entre secuestro y desaparición forzada.
La diferencia con un secuestro, radica en la detención y retención con el propósito de obtener un lucro, por pleitos o “deudas pendientes” entre grupos. En la desaparición forzada, en cambio, hay evidencias o de plano testimonios y hasta fotos, de la captura a manos de alguna autoridad de estado o sus agentes.
El capturado es llevado a diversos destinos ocultos o desconocidos, sin ponerlos a disposición ministerial o de juzgado cívico y aislándolos de toda comunicación, más aún, negando su paradero y consecuentemente negándose a presentarlos a defensores, parientes o medios de comunicación, dentro de los plazos legales. Lo más deleznable es que, en muchos casos, dichas personas nunca regresarán a sus hogares.
Por la crueldad con víctimas directas e indirectas, es decir parientes y hasta grupos y comunidades, la desaparición forzada es comúnmente reconocida como un crimen denominado de lesa humanidad.
Esta acción consumada por la autoridad está asociada comúnmente con las críticas constantes a personajes con poder, denuncias en los medios de comunicación, rencillas políticas o para desactivar activistas y liderazgos de oposición molestos.
La Presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH, Rose-Marie Antoine, señaló el día conmemorativo que: “Muchos gobiernos autoritarios de América han utilizado esta técnica del terror, y la enorme deuda que tenemos con las víctimas y sus familiares sigue pendiente. Aunque se han hecho avances en la investigación, los juicios y el castigo…”
No obstante, lo cierto es que en nuestra región, consecuencia de los golpes de estado, de las dictaduras del siglo XX, el enfrentamiento con grupos sociales y otros abusos de poder aún vigentes, los años y las décadas pasan, y madres, padres, hijos, cónyuges y diversos parientes, todavía siguen buscando los restos de sus seres queridos.
Seguramente fue bastante tarde, pero desde 1980, un número importante de países en el marco del Derecho Internacional han promovido una lucha normativa contra las desapariciones forzadas, que llevaron en 1992 a la ONU, y en 1994 a la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas en 1994, a la Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.
No obstante, sorprende que hoy en día existe un número bastante grande de países, en su mayoría declarados democráticos, que no han ratificado las respectivas convenciones sobre el particular, ¿pensarán tal vez que les causa algún un daño? ¿O será que los gobernantes no quieren asumir la responsabilidad de los agentes de su país y sus subalternos?
Imagen: pilarbego.wordpress.com
Juan José Chalico R. Abogado posgraduado en derecho, conferencista y excolumnista del Sol de León, Gto. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.