26 de mayo de 2015
La idea que tenemos por “democracia” es una idea implantada y tergiversada por los medios reinantes de comunicación. Ellos controlan y definen mucha parte de nuestros pensamientos, de lo que nos debe gustar, cuándo y cómo debemos hacer muchas de las cosas que son fundamentales para el país. Lo peor de este hecho es que nosotros como individuos permitimos que esto pase, nos sentimos muy cómodos con éste control que se ejerce a nivel nacional de manera ridícula todos los días, a todas horas.
El “INE” (instituto nacional electoral) nos exhorta a votar. Nos dice que es nuestro derecho.
Así es: tenemos “derecho” a seguir contribuyendo a establecer en el poder a una clase rastrera y venenosa que no hace otra cosa que mutilar más a nuestra nación, sea del partido que sea, no hay ni uno “bueno”, eso es una mentira comprobada. Tenemos “derecho” a confiar nuestro futuro como país independiente a individuos que solamente se interesan por las ganancias que su partido obtendrá después de su victoria, por las plazas públicas que otorgarán a sus familiares, amigos y padrinos políticos, por la cantidad de “negocios” bajo el agua que tendrán la enorme facilidad de realizar una vez establecidos en el poder.
¿Más partidos políticos significan una mayor democracia?
Ni por asomo. La creación de más partidos políticos responde a una necesidad de hacer más negocio con nuestra tan “querida” democracia. La cantidad de millones de pesos que se destinan a cada partido es exorbitante; dependiendo del partido, obviamente, es el monto que se le otorga. Es por eso que la creación de un nuevo partido significa simplemente que la clase política busca más “changarros” de donde sacar dinero… súper negocios a costa de la riqueza que genera el trabajo de millones de mexicanos año con año.
Votar es contribuir al gran negocio que controlan pocas familias de la clase política y que deja fuera a millones de mexicanos pobres, muchos, extremadamente pobres. Votar es aceptar el teatro y las mentiras de campaña que los candidatos hacen elección tras elección aprovechándose de la enorme necesidad de la gente y sus miles de carencias. Votar es burlarse de las comunidades con falta de agua, electricidad, alumbrado público, drenaje, seguridad pública, abasto de artículos de primera necesidad insuficiente, etc. Etc. Etc.
La clase política solamente se pone a “trabajar” en tiempo de campañas. Y al concluir los teatros (campañas) los ganadores van directo a recibir su premio que consiste en saquear a la nación desde cualquier puesto de elección popular que hayan ganado, desde presidencias municipales y alcaldías hasta la mera silla presidencial: bordada con oro, forrada en terciopelo y manchada de sangre. Mientras que los perdedores se dedican a preparar nuevas estrategias y conectar nuevas fuentes de financiamiento para sus próximas aspiraciones gubernamentales. Además de que una parte de estos perdedores decide, tras su derrota, cambiar de partido… ¡o crear uno nuevo!
Nos venden la idea de que si no votamos estamos dejando que “otros” decidan por nosotros. Pero, ¿qué no estaremos hartos ya de decidir que siempre se nos engañe? No votar también es una opción, es una postura política que tiene voz y que dice que ya estamos hartos de contribuir a un sistema podrido y absurdo, es una actitud de protesta en contra de una banda de ladrones impunes y asesinos.
En México no existe realmente la democracia. En vez de esa “utopía” lo que prevalece es la ilusión de un México que decide su futuro… el futuro lo deciden quienes ganan las elecciones, no el pueblo, y lo peor es que los votos los cuenta quien establece las reglas del juego: El corrupto gobierno.
Lalo Mandragore.
Imagen: taringa.net