17 de marzo de 2015
Los colectivos sociales, ese tejido social diferente que está empezando a generar y promover cultura en donde había individualismo, a sembrar esperanza en un escenario de crisis sistémica. El movimiento sigue, nadie lo puede parar.
Parto de la premisa de que en la sociedad la gente se mueve, actúa, colabora, discute y se acerca o aleja respondiendo a diversos intereses (Olson, 1985), sentimientos, afectos o discrepancias, sin embargo, estudiar y comprender la naturaleza de ese momento en el que la gente se junta y colabora, en el que el individuo decide depositar su confianza en una persona o colectividad; ese momento en el que las voluntades se encuentran para dar origen a algo nuevo, es un momento que nos remite a reflexionar en el poder que tiene la organización de lo colectivo, la fuerza creativa y transformadora de la articulación social, del encuentro y fusión de voluntades, conciencias, saberes e historias para dar origen a configuraciones, movimientos y fenómenos sociales únicos e irrepetibles, movimientos sociales esperanzadores.
Desde el inicio de la sociología, los estudiosos del tema han intentado explicar el fenómeno de la articulación social y su proceso, la tarea no ha sido sencilla ni lo será y eso es bueno porque nos habla de complejidad: psicología, antropología, comunicación, arte, espiritualidad, economía, teoría de los sistemas, ingeniería social, política son por citar algunos, grandes ejes que atraviesan el fenómeno de la articulación social.
Lo cierto es que desde hace millones de años la gente se articula: desde los primeros cazadores y recolectores (Martín, 2007) hasta la sociedad red (Castells, 1999) los individuos se acercan, se organizan y actúan con fines específicos: en otras palabras, nos juntamos porque tenemos necesidad de hacerlo y porque nos interesa, nos atrae y nos beneficia el resultado de la articulación (Olson, 1985).
Primero es la articulación: lo básico es juntarnos, identificarnos. Esto inicia con la existencia de muchas personas que están esperando y deseando unirse a un movimiento, asociación, colectivo, grupo, secta o lo que sea que los haga sentir representados y que desde su percepción sea un movimiento digno de ser depositario de su confianza (Galindo-González, 2013).
Cuando la gente se junta, se organiza: no puede ser de otra manera, quizá no se organiza de la manera en la que entendemos en la modernidad el concepto de organización: el sobrevivir en comunidad es una forma de organización básica. El solo encuentro de dos personas, de dos consciencias, pensamientos voluntades e intereses, involucra una buena dosis de organización.
Por otra parte, la autogestión, el autogobierno y la cooperación están presentes en forma cotidiana en nuestras vidas: el sobrevivir día con día es un ejemplo claro que involucra un esfuerzo individual de autogestión y auto-organización, el compartir espacios vitales sin agredirnos, el pedir y dar información sobre cómo llegar a un lugar en una ciudad desconocida, el preparar el desayuno para nuestra pareja o familia, son ejemplos claros de algo que, por alguna razón, a veces se olvida en las grandes ciudades: auto-organizarnos, juntarnos y ayudarnos…y por qué no: querernos y respetarnos.
Cuando nos organizamos, los seres humanos estamos actuando, nos organizamos para un fin, aunque ese sea solamente la supervivencia o la reproducción de la especie, nos organizamos para actuar unos con otros, a veces la acción precede a la organización, o viceversa, eso realmente no importa, lo importante del fenómeno básicamente es que la gente se junta para que pasen cosas, para que sea posible la existencia (Puga y Luna, 2008)
La gente necesita organizarse en lo próximo y solucionar problemas emergentes y cercanos: explicarse realidades y fenómenos inusitados y extraordinarios que pueden dejar en el azoro y en la desolación a los individuos – en este punto, un ejemplo claro y relativamente cercano fue el proceso de auto-organización y autogestión que se generó entre los habitantes del Distrito Federal, México, durante los terremotos de septiembre de 1985-. Saber que no estamos solos en momentos difíciles, identificarse con lo semejante e intentar gestionar, entender o al menos tolerar lo opuesto, lo diferente, lo que nos intimida
y aleja de otras realidades sociales; por eso también nos juntamos, porque necesitamos saber que existen coincidencias para caminar el camino juntos.
Un escenario de crisis de la democracia representativa, de baja confianza ciudadana en las instituciones de gobierno y en los partidos políticos, de escasa participación electoral, de asfixiante y devastadora burocracia y corrupción, de constante pérdida del poder adquisitivo y calidad de vida de las clases más bajas; es un caldo de cultivo que al agregársele el ingrediente de la violencia organizada, sistematizada y mediatizada que a base de muerte y desolación ha propiciado el “vaciamiento” del espacio social en muchas partes de nuestro país (Reguillo, 2003) y que juntamente con la represión y criminalización de la movilización y protesta civil favorece el alejamiento de lo social y el confinamiento a la esfera privada, a la esfera de la televisión abierta y sus mensajes enajenantes, individualistas, alienadores y consumistas.
Es en este escenario incierto y caldo de cultivo para la movilización social, en donde se está generando -casi imperceptible, silenciosa pero alegre, prudente pero punzante, lejana al poder político, pero con deseos de transformarlo- solidaria, provocadora, irreverente, autogestiva, autónoma y horizontal, una nueva forma de articulación, organización y acción colectiva: los colectivos sociales.
Los colectivos sociales, ese tejido social diferente que está empezando a generar y promover cultura en donde había individualismo, a sembrar esperanza en un escenario de crisis sistémica. El movimiento sigue, nadie lo puede parar
Fuentes de consulta:
Castells, M. (1999 ) La era de la información. Economía sociedad y cultura. La sociedad red. Siglo XXI editores. México.
Galindo, L. González Acosta, José Ignacio (2013) Yo soy 132: La Primera Erupción visible, Global Talent Uniersity, México.
Martín, M (2007) Teoría de la Comunicación. Mc.Graw Hill, México
Olson, M. (1985) La lógica de la acción colectiva, en Auge y decadencia de las naciones. Ariel, Barcelona.
Puga, Cristina y Luna, Matilde (2008) Acción Colectiva y organización Estudios sobre desempeño asociativo. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Ciencias Sociales. México.
Reguillo, R., & Guadalajara, I. T. E. S. O. (2003). Violencias y después culturas en reconfiguración. In Ponencia presentada ante Culture and Peace: Violence, Politicas and Representation in the Americas Conference, Austin (pp. 24-25).
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Jesús Esparza “Capi” integrante de Comunitlán Colectivo