15 de marzo de 2015

* Los ciudadanos podemos votar de manera directa las leyes.

contextos ciudadanosSe dice que vivimos en una democracia representativa, porque unos cuantos personifican los intereses de las mayorías, para legislar y tomar acuerdos que beneficien a todos.

Aunque a veces el sentido de la justicia es “hágase señor tu voluntad en los burros de mi compadre”, y en más de un caso es para aplicación al pueblo y no a los mismos políticos. Pero qué le vamos a hacer.

La verdad es que la tal representatividad se ha vuelto un callejón sin salida en cada elección. Antes, se podía optar por alternativas diferentes, hoy no, antes había fideos y jodeos, hoy solo quedan jodeos, rojos o blancos, pero jodeos.

La representatividad, dicen los que saben, es voluntad del pueblo.

Pero ¿realmente la voluntad mayoritaria del pueblo se encarna a través del 22.7% de los ciudadanos registrados en el padrón electoral? Sí, esos son los que se dan el triunfo al partido y al candidato que personaliza los intereses de todos los mexicanos, y ese 22.7% es apenas el 17.7% de la población total, eso fue lo que pasó en la pasada elección federal. Si no me creen, consulten las votaciones en la página del INE.

El derecho a la participación en asuntos públicos, por un lado, obliga a los ciudadanos. Pero también precisa del estado el perfeccionamiento constante de mecanismos y procedimientos para hacerla posible, luego entonces podemos hacer una propuesta: La disolución de los congresos.

Sí; en vez de diputados y senadores podemos tener el voto directo las personas, mi compadre Filemón y hasta los empresarios como don Gastón Plata. Esto no sólo se traducirá en un ahorro en el presupuesto, sino que habrá equidad en las leyes, pues todo aquel que tenga interés en el tema puede expresarse y votar, cada uno se representará a sí mismo y a sus intereses, en consecuencia habrá legitimidad, porque la participación ciudadana será mayoritaria, y garantizaremos que se mantenga el orden social, ese frágil equilibrio de fuerzas políticas de la nación.

Los ciudadanos tendrán poder de opinión directa en los asuntos públicos, en lo que interesa a la colectividad y, por supuesto, en los temas políticos, es decir, las decisiones colectivas obligatorias, y ahora sí podremos hacer que todos paguen impuestos, incluyendo a los políticos.

Además de que acabaremos con las prebendas que se entregan a través de financiamiento a todos los partidos, incluyendo a los nuevos, donde los políticos chapulines y frustrados, los futbolistas caducos, los revoltosos indeseables y los artistas de la televisión gozan del presupuesto público.

Así que ¿disolvemos el congreso?

Mireya Ramirez Martinez 4Mireya Ramírez Martínez, 38 años de ejercicio periodístico. Premio Estatal de Periodismo 2012 Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.