8 de marzo de 2015

La humanidad no puede avanzar con suficiente rapidez si se excluye a la mitad de la población.

contextos ciudadanosEn este Día de la Mujer, quiero hacer presentes a las pobrecitas mujeres de Afganistán, quienes no tiene derecho a elegir a sus maridos, ni a ser electas para un puesto de representación política. Tienen prohibido usar lápiz labial. No pueden estudiar, ni tener propiedades a su nombre o trabajar. Así que si son viudas, lo mejor que pueden hacer es morirse de hambre ellas y sus hijos, para no causar penas, porque no hay un hombre que las mantenga.

Bueno eso pasa con las mujeres de Oaxaca.

-¿No estabas hablando de Afganistán?

Pues sí, pero eso mismo pasa en Afganistán, en Oaxaca y en muchas otras partes, donde las mujeres no usan burca, pero se mantienen así sólo con el control que ejercen las tradiciones.

Hombres y mujeres tenemos que admitir la humanidad no puede avanzar con suficiente rapidez si se excluye a la mitad de la población.
Pero, ¿cómo inició la lucha por el poder entre el hombre y la mujer?

De manera histórica, las instituciones han pretendido moldear el destino de los seres humanos a través de los tentáculos invisibles que son las ideas y las costumbres, todas aquellas que permiten la continuidad de un modelo político-económico o el control religioso.

Todas las decisiones desde el poder son a modo en beneficio de unos cuantos, así se hizo a un lado a las mujeres, negándoles sus derechos; pero como no se pueda poner un vigilante a cada mujer, mejor que ellas solas vigilen no salirse del guacal, tan sólo que cumplan con todas las tradiciones que las mantienen sujetas a los caprichos de algunos hombres a quienes les dijeron que para ser hombre hay que matar a palos a una mujer, como hacen con las focas en Noruega.

Dictar normas y que la sociedad las asuma sin cuestionar es la mejor herramienta de control. Así lo hicieron Gengis Kan y San Pablo, la iglesia católica y los musulmanes, el capitalismo y el socialismo, de un laaaargo etcétera.

Sin embargo, tenemos que reconocer que quien postuló la igualdad de las mujeres fueron los hombres, sí al sumarlas a la lucha durante las revoluciones, desde la Revolución Francesa.

Aunque cuando Olimpia de Gouges, señaló que en la declaración de derechos se olvidaron de las mujeres en su proyecto igualitario y liberador, qué creen: entonces los hombres dijeron: “na, nai, yo así no juego".

Luego vino la Revolución Industrial donde la mujer trabajó igual o más que el hombre, pero la igualdad en el trato laboral a las mujeres no llegó pronto, a pesar de los llamados de Flora Tristán.

Luego, salió de Rusia la voz que concibió a las mujeres como la sublimación de la divinidad al ser madres, por lo que ya no necesitaban propiedades, dinero, educación, y desde luego, no necesitaban un trato equitativo, y, entonces, las mujeres se convencieron entonces que eso estaba bien.

Aún hoy en día muchas mujeres mexicanas creen que lo mejor que puede pasarles en la vida es encontrar un hombre que las mantenga, y ellas serán unas “buenas madres”, por eso tenemos tantos embarazos en adolescentes.

Pero se les olvida que la realidad no se da por etiquetas y que los golpeadores existen, los “cuernos” existen, la viudez, el divorcio y la soltería existen, la necesidad de representar nuestros derechos en el Congreso existe, las urgencias económicas existen, la realización profesional también es una aspiración y un derecho de las mujeres, y que la primera persona que tiene que amarlas, respetarlas y cuidarlas son ellas mismas, ¡Ah! Pero además, que todas esas cosas no las puede resolver solamente un marido mantenedor.

Si quitamos todas las etiquetas de las mujeres y de los hombres, nos quedará sólo la biología y las necesidades del convivir en sociedad, así que desde la individua (así dicen las feministas que debe decirse) desde la individua que cada una es no hay más que asumir sus derechos:

1. A determinar con quien, cuantas veces y cómo queremos vivir nuestra sexualidad y en consecuencia elegir al que será el afortunado ser con el que estamos dispuestas a procrear, mantener y cuidar a nuestros hijos. O si de plano no queremos hijos.

2. A estudiar, porque bien sabemos que la información, el estudio y la reflexión son lo mejor para el desarrollo femenino.

3. A cuida de nuestra salud, en vez de dar hasta la propia vida tratando de preservar una familia, a la que le hacemos más falta viva y bien, que excluida o moribunda.

4. A que nuestras opiniones sean tomadas en cuenta, en la casa y en la sociedad.

5. A tener un espacio para nosotras, como un acto de amor a nosotras mismas.

6. A vivir libres de violencia física, psicológica, económica.

7. A trabajar, tener salarios iguales a los hombres que desempeñan las mismas funciones, a tener propiedades y gozar de ellas.

8. A votar, pero también a ejercer una representación política para hacer efectivos los derechos de todas las mujeres.

Pero para alcanzar todo eso las mujeres también tenemos que:

1. Aprender a no hacer berrinches, sino negociar con inteligencia emocional, sin lágrimas, sin chantajes, sin manipulaciones y sin enojos.

2. A estudiar, reflexionar y opinar sobre el rol que tenemos individualmente, en la familia y la sociedad.

3. A defender nuestros derechos, incluso desde puestos públicos.

4. A saber que somos complementarios hombres y mujeres y que cada uno tenemos un lugar irremplazable por el otro en la familia, en la sociedad, en la construcción del desarrollo, pero también que ninguna sociedad puede avanzar con suficiente rapidez si se excluye a la mitad de la población.

… Así que ¿no sería mejor vernos sin etiquetas, sin luchas por el poder y construyendo juntos el desarrollo para todos?

Mireya Ramirez Martinez 4Mireya Ramírez Martínez, 38 años de ejercicio periodístico. Premio Estatal de Periodismo 2012 Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.