26 de septiembre de 2014
 
- La Historia Jamás Contada -

Un elemento esencial de las celebraciones patrias oficiales es el culto a los héroes, modelos para los simples mortales que viven como pueden su día a día, en cierta forma también heroicamente, pero cuyas hazañas no tienen utilidad demagógica –en el sentido original de “conducir pueblos” y el usual de “embaucarlos”-. Lo mismo sucedía en la época de la Colonia, bajo el dominio clerical, sólo que entonces los héroes eran los santos, como genialmente advirtiera el Ministro porfiriano de Instrucción Pública, Justo Sierra –adelantándose a Giuseppe Tommasi Di Lampedusa-, en su frase: “Vamos a sustituir la religión de Dios y sus santos por la de la Patria y sus héroes”. Ya avanzados los años 80, el sociólogo Francisco Gómezjara nos explicó en una conferencia cómo el Estado, incapaz de evitar el surgimiento espontáneo de bandas en las zonas urbanas deprimidas, había optado por mostrarles cómo comportarse a través de películas ad hoc.

nosotros los pobresEsa misma función la cumplió en su momento el cine de la llamada ÉPOCA DE ORO, cuyos “valores” morales, políticos y estéticos asumieron niños y adolescentes de entonces, quedando imposibilitados para entender su propia época (real) y las que habían de venir, pues era un cine de restauración política, destinado a contrarrestar las ideas  –vagamente- socialistas difundidas por el cardenismo, apoyándose en el franquismo triunfante en España. (Siempre me intrigó lo del “oro”. Primero pensé que por el dinero que dejó. Luego, que tal vez pretendió alcanzar el brillo hollywoodense. Ahora me parece que su contenido concreto reflejaba una Edad de Oro –mítica, como todas- con que soñaban sus realizadores. En cualquier caso, es lo de menos.)

Sus aportaciones técnicas, temáticas, estilísticas y otras que se esperan de una Escuela artística como tal, son prácticamente nulas –las excepciones fueron esfuerzos INDIVIDUALES-. En cuanto a desempeño actoral, en una entrevista, el crítico Emilio García Riera afirmaba, con conocimiento de causa, que verdaderos actores y actrices sólo se dieron a partir de los años 70.

Aún así, sobre esta pobre plataforma, la industria cinematográfica construyó un sistema de estrellato con actores nativos –los “importados” no funcionaron con el gran público- que encarnaron ESTEREOTIPOS “nacionales” como el “indito”, el “ranchero enamorado”, el “peladito de barrio” y sus correspondientes femeninos. Pasaron a la Historia –y no sólo del cine- los nombres de Pedro Armendáriz Sr., Pedro Infante y Mario Moreno “Cantinflas”, cuyos PERSONAJES –no ellos, que eran como cualquiera de nosotros, con sus altas y bajas en la vida- acabaron convirtiéndose en HÉROES entrañables de muchísimos mexicanos, que no sólo los imitan a la primera oportunidad, sino toman “sus” ideas, opiniones, gustos y visión del Mundo como si fuera la Verdad revelada, repitiendo actitudes y comportamientos que para nada mejoran sus condiciones de vida o convivencia. (Sorprendido de ver por la calle a Alain Delon, un amigo que paseaba por París comentó a sus compañeros que nadie se arremolinaba alrededor. “¿Por qué, si es su trabajo?”, comentó uno.)

Por eso hablo del “ocaso de los héroes” oficiales, extinguidos a pesar de las conmemoraciones, para dar paso a otros, de PACOTILLA. Y  el proceso continúa…
 
Fernando Acosta ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.