20 de febrero de 2021

Aunque se realiza  hace más de una década, la telemedicina adquiere relevancia debido a la emergencia sanitaria por la COVID-19; sin embargo, podría enfrentar obstáculos como la resistencia a adoptar modelos de servicio diferentes a los tradicionales, la falta de acceso a  dispositivos, internet o de conocimientos para manejar las tecnologías, indicó Cristina Carrillo Prado, académica de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) León.

También, dijo, a las legislaciones regulatorias respecto a la confidencialidad de los datos y a la toma de decisiones en el proceso asistencial.


 
La integración de herramientas digitales para la práctica médica existe desde hace poco más de 15 años, incluso se han publicado trabajos que documentan sus resultados en poblaciones atendidas con esta modalidad, relató.

La investigadora del Instituto de Neurobiología, campus Juriquilla; destacó que las teleconsultas serían de mayor importancia en pacientes que se contagiaron del virus SARS-CoV-2 y quedaron con alguna secuela por la afección.

Actualmente se conocen diversas secuelas postafección de la COVID-19: afectación a nivel pulmonar, cardiovascular, renal y neurológico. Sin embargo, aún existe escasa información sobre la seguridad de la telemedicina en pacientes que la tuvieron y fue confirmada por PCR positiva y en quienes posteriormente presentaron anticuerpos. Aun así, se debe valorar el abordaje presencial terapéutico o considerar el uso de la telemedicina.

Ahora bien, comentó la fisioterapeuta universitaria, en el contexto mundial de prevención y control de riesgo por la pandemia la Organización Mundial de la Salud adoptó estrategias con carácter urgente para garantizar que los limitados recursos de los sectores públicos y privados rindieran el máximo beneficio a la población,  favoreciendo a los servicios de salud esenciales con el fin de satisfacer de manera segura las necesidades básicas y controlar el riesgo de infección.

Lo cual, subrayó, de cierta manera también afectó la continuidad de los servicios, incluida la de terapia física, a pesar de que debían garantizarse en el periodo de confinamiento.

Carrillo Prado destacó que la práctica de la telemedicina se puede asociar con una despersonalización respecto a la relación médico-paciente. Sin embargo, es factible establecer alianzas estratégicas efectivas a partir de que ambos se familiaricen con las nuevas tecnologías y sea rigurosa la confidencialidad y el juicio clínico a distancia, incentivando una atención sanitaria orientada a los valores y centrada en el paciente.

Además, siempre se deben anteponer los principios de bienestar, respeto a la autonomía y justicia social del paciente, “eso es indispensable para que, en nuestro caso, los terapeutas realicemos el abordaje a través de la ética; que nos permitirá incluso conocer nuestras propias limitaciones en ciertos casos”.

La académica universitaria indicó que comúnmente se sostenía que la falta de un examen físico podría incrementar el riesgo de un error terapéutico, mientras que en las consultas a distancia la carencia del encuentro personal médico-paciente deshumaniza la atención. Sin embargo, “cuando el trato es profesional, con la calidad y calidez que se requiere, la telemedicina llega a ser sumamente profesional, como la presencial”, sostuvo la especialista.

No obstante, Carrillo Prado, del área de terapia de la Unidad de Investigación en Neurodesarrollo del Instituto de Neurobiología de la UNAM, reconoció que las posibles limitaciones de la telemedicina pondrían en riesgo el establecimiento de un verdadero vínculo entre médico y paciente, sobre todo cuando los interlocutores no son nativos digitales; ese sería un gran problema. 

Recordó que México es un país en vías de desarrollo, por lo cual la adaptación a las nuevas tecnologías por parte del personal médico y de los pacientes requiere de planificación, capacitación y mejora continua.

Además, se debe garantizar la disponibilidad de dispositivos, conexión a internet, así como el conocimiento del manejo de la tecnología y soporte técnico adecuado.

Como fisioterapeuta consideró que se deben dominar las habilidades comunicacionales “que nos permitan leer el lenguaje corporal y obtener toda la información posiblemente necesaria, porque en ocasiones atendemos pacientes poco expresivos. Entonces, la telemedicina no solo versa en un asunto de tecnología, sino también del vínculo que se establece entre el paciente y terapeuta”.

Resaltó la importancia de garantizar el respeto, la confidencialidad en los datos que se recopilen, tal como lo indica la ley y la plataforma de teleasistencia o teleconsulta. “Nosotros, como prestadores en servicio de instituciones públicas o privadas, debemos considerar aspectos como la seguridad, confidencialidad de datos, privacidad y las cuestiones médicas legales”.

Para la experta es necesario continuar con la telemedicina una vez superada la crisis sanitaria, pues existen zonas marginadas en el país en las que se podría implementar para atender grupos vulnerables o marginados que carecen de la posibilidad de viajar para recibir los servicios médicos.

Para concluir, Carrillo Prado mencionó que en la Universidad “estamos trabajando en línea, desarrollando trabajos sobre los resultados obtenidos respecto a la evolución de pacientes con la modalidad de atención a distancia, contando con resultados favorables”.

Boletín UNAM-DGCS-148/2021