19 de junio de 2020

Científicos del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM y del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) confirmaron que la actividad del volcán Popocatépetl ha sido baja desde el inicio de 2020, y se ha caracterizado por pequeñas emisiones de cenizas, bajas emisiones de gases y tremor de alta frecuencia y baja amplitud.

En un sobrevuelo conjunto, Robin Campion y Ángel Gómez Vázquez, investigadores del IGf, junto con Paulino Alonso Rivera, del CENAPRED, comprobaron que la composición de los gases emitidos indica que la actividad actual corresponde a la desgasificación residual de un magma emplazado el año pasado, y permite descartar una alimentación significativa en magma juvenil.

Al respecto, Hugo Delgado Granados, vulcanólogo y director del IGf, consideró que la actividad eruptiva del Popocatépetl se encuentra dentro de los niveles de actividad conocidos, pero que es fundamental continuar con la observación cercana de su actividad en colaboración con las autoridades nacionales de Protección Civil.

Durante las dos horas que duró el sobrevuelo, se pudo observar sólo parcialmente el fondo del cráter, debido a la abundancia de material condensado (aerosoles líquidos blancos y ceniza volcánica gris) en la pluma de gas, explicaron los especialistas.

El diámetro del cráter interior se encontró sin cambio con respecto al vuelo anterior, realizado en febrero 2020. Se pudo identificar en su fondo la presencia de bloques remanentes de un domo chiquito, emplazado probablemente a mediados de mayo.

Durante el sobrevuelo, el volcán produjo una explosión pequeña con expulsión de bloques en la terraza del cráter exterior y el viento débil llevó la ceniza generada por esta explosión al oeste.

Los sobrevuelos se realizan periódicamente para evaluar el estado del coloso, y con más frecuencia cuando aumenta su actividad, momento en el que se pone especial atención a la detección de la posible formación de un domo de lava, cuerpo de lava viscoso producto de la actividad efusiva en el fondo del cráter, dijeron.

Lo anterior, porque se ha constatado que la presencia de un domo aumenta el carácter explosivo de la liberación de gases por el volcán, que en tiempo normal se produce esencialmente de manera pasiva. Existe una correlación general, aunque no sistemática, entre el tamaño del domo y la energía de las explosiones que genera.

Registros sísmicos obtenidos en mayo indicaron la posibilidad de un episodio de crecimiento del domo, pero las imágenes satelitales del cráter estaban nubosas y no fueron una prueba contundente. A inicios de junio se notó un incremento de pequeñas explosiones y se decidió el sobrevuelo para detectar el origen de éstas.

El tamaño de los restos del domo indica que su diámetro fue inferior a 100 metros, lo que lo categoriza como pequeño. Es poco probable que un domo de ese tamaño genere explosiones fuertes, concluyeron los expertos.

Boletín UNAM-DGCS-525/2020