BOGOTÁ D. C., 18 de febrero de 2019 — Agencia de Noticias UN-

A esta conclusión llegó Diana Leidy Manrique Luna, magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien determinó que los bovinos prefieren alimentarse de las hojas que de los tallos, por lo que considera que cosechar pasturas a una menor edad también tendría impactos importantes en la digestibilidad y el consumo.

El objetivo de la investigadora fue brindarles a los ganaderos un modelo fácil y manejable para el pastoreo, que les permitiera sacar el máximo provecho de las pasturas. Hasta ahora estos procesos se llevan a cabo “a ojo”, sin un criterio más fiable que ver si las plantas están altas y densas para hacer la rotación.

Con esto en mente, la magíster partió en un principio de estudios hechos en Australia y Nueva Zelanda con pasturas de climas templado y frío, en los que se estableció el inicio de su senescencia, es decir cuando la primera hoja que emerge en una planta empieza a morir. Este mismo modelo lo llevó a cabo con pasturas tropicales.

Para un primer estudio se cosecharon 70 macollos de 2 hasta 6 hojas en 10 explotaciones del piedemonte araucano de Colombia, para un total de 3.500 macollos. Estos son parte fundamental de estas plantas gramíneas, entre las cuales también figuran el trigo y el arroz, entre otras.

En cada uno se estimó la proporción de hojas verdes, senescentes y muertas, y después se analizó la calidad nutricional de los macollos de cada explotación. “Con esto encontramos que el inicio de la senescencia se producía alrededor de la cuarta y quinta hoja”, indica la investigadora Manrique.

En el nacimiento de la sexta hoja ya había un mayor porcentaje de macollos muertos, por lo que en esta primera etapa se determinó que el comportamiento similar en la senescencia que se presentó en el promedio de las plantas analizadas permite establecer que, efectivamente, el número de hojas por macollo es un criterio válido para realizar recomendaciones sobre el momento adecuado para la cosecha.

Pastura más densa

El segundo estudio consistió en un experimento de corte, en el que se evaluó el efecto de cosechar pasturas de B. decumbens a 3, 4 y 5 hojas por macollo, sobre el rendimiento de materia seca y calidad nutricional de la pastura.

“Ahí medimos algunos aspectos de morfogénesis (proceso biológico que lleva a que un organismo desarrolle su forma) como tasa de aparición de las hojas, tasa de elongación (alargamiento), altura de la pastura y producción forrajera”, señala la magíster.

Uno de los hallazgos de esta segunda fase es que las pasturas con más hojas tienen mayor altura por el tiempo que necesitaron para crecer y llegar a esa cantidad. “Con más tiempo, la pastura se empieza a poner más densa, y como hay mayor sombra en la planta, la elongación (crecimiento) del tallo es priorizada para tener mejor captación de luz solar”, asegura la investigadora Manrique.

Por estas características, cuando se analizó la calidad nutricional se encontró que las pasturas de 5 hojas tenían menor calidad nutricional, y que los tallos la perdían más rápidamente que las hojas, mientras que en las de 3 hojas fue mejor, y las de 4 presentaron mejor producción forrajera.

Con estos resultados, la investigadora concluyó que la mejor recomendación para los ganaderos es que las pasturas se cosechen entre 3 y 4 hojas, para sacarle un mayor provecho a las plantas y aumentar la producción animal.

Pasturas importadas

La investigadora centró su estudio específicamente en estas pasturas porque han sido implementadas por gran parte de los ganaderos del Piedemonte llanero, desde su introducción en los años sesenta, cuando el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) las trajeron de Brasil.

Estas instituciones encontraron en esta pastura una alternativa para alcanzar una mejor calidad nutricional y mayor producción de forraje, que les permitiera a los productores tener mejores rendimientos económicos, mejor tasa de natalidad y mayor ganancia de peso por animal y por hectárea.

Esto gracias a que, como explica la investigadora, se trata de pasturas con cualidades adaptativas al medio, que les permiten tolerar suelos pobres, ácidos, y con alta saturación de aluminio, los mismos que predominan en el Piedemonte llanero.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co