BOGOTÁ D. C., 18 de enero de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Óscar Archila, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), explica que el estudio se realizó en dos localidades del municipio de Fómeque (Cundinamarca), con el objetivo de evaluar tanto el manejo de esta enfermedad –también conocida como podredumbre gris o moho gris– como el rendimiento y la calidad del cultivo de tomate bajo planes de nutrición y un esquema de fitoprotección.

“Desde el Corredor Tecnológico de la U.N. buscamos compartir nuestros conocimientos con los agricultores para reducir la utilización de moléculas fungicidas, por medio del monitoreo continuo de la enfermedad. Sin embargo erradicarlos no es la solución, por eso proponemos aplicar las moléculas solo cuando sea necesario y que estas garanticen la inhibición de la enfermedad”, indica el magíster.

A partir de la aplicación de técnicas rigurosas que garanticen un control de los cultivos se puede determinar la dosis exacta de fungicidas, con lo cual se evitará contaminar los suelos, las aguas y el ambiente, agrega el magíster.

“Al ser más efectivos en la técnica de aplicación, se obtienen tomates menos contaminados con productos químicos”, afirma.

Para el estudio se trabajó en dos veredas del municipio, donde se recolectaron más de 20 muestras de inflorescencias, 200 g de hojas, seis tallos y mínimo 10 frutos afectados por la enfermedad en cultivos comerciales de tomate Roble tipo chonto, cultivados bajo cubierta.

“El tomate chonto es de crecimiento indeterminado, es decir que los tallos o las ramas siguen creciendo a pesar de la diferenciación de la inflorescencia y la formación de los racimos. En un momento del ciclo, la planta desarrolla simultáneamente nuevas ramas, y además diferencia y madura nuevos racimos”, explica.

Evaluación in vitro

Para hacer el aislamiento y la purificación del patógeno cada muestra se empacó y transportó adecuadamente al Laboratorio de Microbiología de Mycros International. También se llevaron muestras con las mismas características a la Clínica de Plantas de la Facultad de Ciencias Agrarias de la U.N., para hacer la caracterización taxonómica del fitopatógeno y realizar los aislamientos.

En el proceso también se evaluó in vitro el efecto inhibitorio de tres cepas de microorganismos: Trichoderma harzianumBacillus subtilis y Pseudomonas fluorescens. La respuesta se obtuvo por medio de pruebas de sensibilidad a las moléculas Iprodione, Boscalid, Cyprodinil, Pyrimethanil, Fluopyram, Pyraclostrobin y Captan sobre aislamientos de B. cinerea provenientes de la zona de estudio.

Entre las cepas evaluadas de Trichoderma harzianum y Bacillus subtilis (bacterias usadas como fungicidas) se comprobó que estas ejercieron niveles de inhibición sobre dos asilamientos evaluados de Botrytis cinerea, por lo que se pueden considerar en planes de manejo integrado de la enfermedad.

Además, las pruebas de sensibilidad in vitro permiten concluir que las moléculas Pyrimethanil y Captan impidieron el crecimiento de los aislamientos de Botrytis cinerea y también se pueden considerar en los planes de manejo de la enfermedad en campo.

Cabe resaltar que en Colombia se cultiva un promedio de 16.000 hectáreas de tomate chonto. Los departamentos con mayor área cultivada en su orden son: Norte de Santander, Santander, Cundinamarca, Valle del Cauca y Antioquia.

“Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, los rendimientos son variables entre los municipios productores, entre los cuales Fómeque es el que presenta los promedios más bajos (entre 70 y 80 toneladas), en contraste con Urrao (Antioquia), que reportó 173 toneladas en 2013 y 117,69 toneladas en 2014”, concluye el investigador.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co