13 de mayo de 2014
 
- La Historia Jamás Contada -
 
México es uno de tantos países donde no se hace Historia, cuando menos no sistemáticamente y con una lógica interna que dé una razonable certeza que así fueron encadenándose los hechos que llevaron a resultados conocidos del pasado y el presente, dejando a sus habitantes a merced tanto de charlatanes fantasiosos –los “cronistas de costumbre”- como de propagandistas y cabilderos sin escrúpulos que les “venden” una Historia a tono con los intereses más mezquinos.

Además, por ser la Historia obra de decisiones humanas, siempre pudo –y podrá, ahora y en el futuro- desarrollarse en otras direcciones, que vale el esfuerzo explorar para familiarizarse con la mecánica del proceso histórico mismo, pues al final lo que está en juego es la posibilidad de ser sus agentes –“hacedores”- y no pacientes a quienes sólo queda resignarse ante los hechos consumados.

Una forma no tan árida de hacerlo como la reflexión historicofilosófica directa, es a través de un juego de dominó modificado en que cada ficha, en lugar de un par de números de puntos, tenga asociados dos hechos: uno antecedente y uno consecuente, relación causal que puede ser evidente o no, pero para eso está la investigación histórica, para determinarlo afirmativa o negativamente.

Ya con un conjunto de estas fichas elementales que cubran el campo particular de interés, el objetivo del juego es, como en el original, armar sucesiones de ellas. Estas sucesiones o “juegos” serán otras tantas TEORÍAS que explicarán un hecho final (última ficha) por los hechos que fueron encadenándose hasta llegar a él, representados por las fichas anteriores en el orden que están. (A diferencia del dominó tradicional, en éste las fichas son pares ordenados que sólo funcionan en una dirección.)

Son tres los casos generales posibles: 1. El trivial, en que por tratarse de hechos inmediatamente ligados, está resuelto con tan sólo plantearlo, corresponde al juego de una sola ficha; 2. El que los hechos están ligados pero a través de un número n de fichas intermedias, donde n es un número natural (1, 2, 3, etc.) y 3. El que los hechos no pueden ligarse aún ensayando un número suficientemente grande de fichas intermedias, lo que equivale a la refutación de la hipótesis de que lo estaban.

Pero lo verdaderamente interesante –y hasta apasionante- es jugar con las fichas (o teoremas, elementos de la teoría) sustituyéndolas con otras que sean válidas y ver hacia dónde conducen el juego: la respuesta teórico-lúdica (de ludus, juego) a la pregunta de cómo sería la Historia si en lugar de un(os) determinado(s) hecho(s) se hubiera(n) dado otro(s).

Este “dominó de la Historia”, a pesar de su apariencia ingenua, encuentra aplicaciones bastante interesantes –aparte de contribuir a resolver incógnitas históricas-, como la de auxiliar en el diseño de proyectos POLÍTICOS que superen los coyunturales electoreros de los políticos pragmáticos, sin dejar por ello de estar firmemente anclados en la Historia –otra vez la noción de “fantasía exacta” del filósofo Theodor Adorno-, es decir, abren ésta a la acción consciente de los ciudadanos, que se convierten así en sus agentes.
 
Fernando AcostaFernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.