VUELO PINTADO EN PASIONES DE PALOMA, HOMENAJE A FRIDA KAHLO
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En la primavera del ’53 la Galería de Arte Contemporáneo de la ciudad de México, realizó la exposición más deslumbrante de toda mi carrera, me prohibieron ir por mi salud, pero aún así fui con todo y cama, en ambulancia, con una escolta de motocicletas de la policía. Los invitados entraron conmigo a los reinos de mi espíritu mestizo, mi penacho y mi encaje combinados, una arteria me unía a ambos mundos, de mi boca nació mi firmamento, mi otro cuerpo, en mis árboles fui el fruto de mis sueños, los desiertos de México y sus selvas, el peyote y las multi-dimensiones.

Ese mismo año me amputaron la pierna. El camino tenía otro colorido, analizaba todo, mi victimización, mi grieta, las razones que hicieron mi destino, oscuridades y miedos multiplicados y fragmentados en un calidoscopio, los abortos, la pasión de epidermis y el amor volcado en mi trabajo. Mi energía oscilaba del suicidio a la calma, la catarsis, la existencia flotando entre la nada, muerte blanca, silencio en movimiento, la quietud de la memoria que lentamente se apaga.

Un poema hecho ángel fue la mano que detuvo mi navaja, el balazo, la mordida letal de la serpiente. Leía, la sabiduría llegó para conmoverme y entonces escribía. Vino y tinta en las letras de mis venas, era el búho mi dulce melodía.

De renglones tejí mi paraíso, los retornos a mi naturaleza, a la paz de la mente cuando el alma recuerda su armonía. Me sabía viajera de los lienzos, paisajista de mágicos vacíos. Mis alucinaciones dejaron de sumirme en el tormento y respiré en mi poesía la luz de las voces del silencio, la música trotando en mis adentros. Y bailé sobre el agua, sobre un barco de cielos confeccionado de nubes y dragones, encontré en mis jardines luciérnagas, iguanas amarillas, orquídeas, madreselvas, lirios, girasoles y libélulas de ojos esmeralda.

Decidí descansar, la lucha había sido extenuante, había amado, odiado y llorado desde el hervor profundo de mi sangre, había creado universos y abrazado con fuerza el sentimiento, me vaciaba, la luz me convocaba, esperaba que la marcha fuera alegre, que no volviera jamás, que lograra evolucionar y trascenderme.

En un soplo de luz solté mi alma. Estaba preparada para cruzar el río, atravesar el puente, embarcarme en el sueño, regresar a mi esencia, a la fuente.

Ya el espíritu volvía a su infinito, ya mi cuerpo se arqueaba, se entregaba a la paz de la mañana, y yo era un ave, una paloma en plumaje luminoso, una acuarela de oleaje y transparencia, una esfera de tiempos, un tatuaje en los labios de la diosa, pincelada en el mar de la mirada, el amor volviendo hacia sí mismo.

El 13 de julio de 1954, el Palacio de Bellas Artes veló mi cuerpo, la bandera del partido comunista fue el manto de mi último lecho. La Casa Azul alberga mis cenizas, mi obra, los ecos de entrañables sentimientos.

Fue mi vida un canto de alma viva, un sueño de maíz, un vuelo de diosa en mazonite, la libertad del fénix, un quetzal de voces coloridas, un colibrí de fuego, filamentos de luz al universo. A velocidad de astro fui paloma y atravesé los ojos de los cielos, fui galaxia, pulsiones de energía, la conciencia de las totalidades, la pasión de la diosa en el éxtasis que llega después de la agonía.

Amorosa pincelada, vuelo infinito en el corazón de todo lo que existe.

Me hice luz, volví a la esencia, llegué al origen, me hice poesía. Vivo eterna en el alma de los que me contemplan, me escuchan, me liberan cuando se saben libres.

*Guiomar Cantú(Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es escritora y artista multidisciplinaria, egresada de la Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sabersinfin.com agradece a Guiomar Cantú la autorización para publicar el presente trabajo.

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