9 de febrero de 2022

 

ConoSER Bien

Sufragio efectivo, no reelección

 

Al conquistar nuestras libertades hemos conquistado una nueva arma; esa arma es el voto
Francisco I. Madero

El pasado 6 de febrero, se cumplieron 105 años de que en México se establecen el “Sufragio efectivo, no reelección”, así como el voto universal masculino directo. Este lema inicia la revolución mexicana con el levantamiento armado del día 20 de noviembre de 1910 y la renuncia de Porfirio Díaz en 1911.

El significado de “Sufragio efectivo, no reelección” radica en que ambos principios son las condiciones esenciales para la existencia de la democracia en México y la permanencia de mecanismos legales y legítimos en la elección de las autoridades del país, por lo que su vinculación a los procesos electorales es indudable.

Durante todo el siglo XIX no se votaba por el presidente directamente, sino que uno elegía a un representante que a su vez elegía al presidente. La razón era que, una vez más, los mexicanos más pobres o menos educados podían mal influenciar la elección porque no estaban “listos para ser ciudadanos”.

El hecho de que cualquier mexicano pueda votar, su voto sea secreto y tenga derecho a ejercerlo libremente es una conquista social que se plasmó en la ley, pero que casi nunca se ha respetado. En el siglo XIX los caciques llevaban a sus trabajadores a votar en masa por quien ellos querían.

El lema de la campaña de Francisco Ignacio Madero en el año de 1910, “Sufragio efectivo, no reelección”, fue proclamado cuando se lanzó a competir por la presidencia de la República Mexicana contra el dictador Porfirio Díaz, quien llevaba 35 años en el poder.

De todos los lemas que se hicieron presentes durante la Revolución Mexicana, fue el maderista de "Sufragio efectivo, no reelección" el que alcanzó a convertirse en oficial del gobierno mexicano, por más que el zapatista-magonista de "Tierra y Libertad" haya alcanzado mucha popularidad, así como el original zapatista de "Libertad, justicia y ley".

En aquellos tiempos, las elecciones presidenciales eran un mero trámite para legitimar al gobierno que presidía Porfirio Díaz, que ejercía el poder desde 1876 y tenía el control total de las instituciones. Además, según la constitución de 1857, vigente para la época, se permitía la reelección.

El lema de Madero condensaba lo principal de su propuesta política: sus convicciones democráticas y su convencimiento de que el sistema reeleccionista estaba siendo un lastre para el país. Por ello, exigía elecciones limpias, donde la voluntad popular sea respetada.

La grandeza del eslogan de Madero radica en que, bajo los principios democráticos, se proponía llegar al poder, de forma institucional, para transformar y modernizar políticamente al país. Además, gracias a su eslogan, la constitución de los Estados Unidos de México de 1917 sería antirreeleccionista en lo referente al presidente y los gobernadores.

Madero había anunciado que una vez obtenida la efectividad del sufragio y establecida en la Constitución la no reelección, entonces sería tiempo de estudiar las reformas convenientes a la ley electoral. Durante su administración se preocupó por hacer cumplir aquel postulado: uno de sus primeros actos de gobierno fue decretar una reforma a los artículos 78 y 109 de la Constitución vigente, que impidió en adelante la reelección, disposición aplicable a los cargos de presidente, vicepresidente, gobernadores y funcionarios que los sustituyeran. Igualmente, fue reformada la prerrogativa y el carácter del voto; tras años de ser ejercido de manera indirecta, durante el maderismo se decretó la elección directa, universal y secreta.

Los ideales revolucionarios se hicieron presentes y empujaron a la nación a luchar por convertirlos en realidad y aunque el costo fue grande (alrededor de un millón de compatriotas), la lucha concluyó con la promulgación de la Constitución Política de 1917, que en su artículo el 83, quedó prohibida la reelección para ocupar el cargo de presidente de la República.

Fue la Constitución Política de 1917 un documento que contiene, en sí mismo, todos los ideales, los anhelos, las aspiraciones de la nación y los principios democráticos y sociales esenciales como igualdad, justicia, equidad y libertad.

En la ley electoral de 1911, así como la de 1917, se marcaron especificidades importantes para la época, constituyéndose en pilares fundamentales para la configuración de un sistema electoral mínimamente democrático. Lo que ayudaría a atemperar el caudillismo característico de la época y los recurrentes fraudes, nulidades o simulaciones electorales.

Si bien la ley electoral buscaba dar certezas al pretendido sistema democrático mexicano, mediante una serie de premisas, como las establecidas en el Capítulo II de la referida ley: De los instaladores, casillas electorales y manera de emitir el voto, fácticamente, la organización de las elecciones recayó en el caudillismo posrevolucionario. Por lo que la “justicia” electoral siguió siendo operada por los presidentes municipales, los gobernadores, o los grupos de poder en las cámaras, que en esa época estaban cargados hacia caudillos como Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

Es por ello, amable lector, que la expresión “Sufragio efectivo, no reelección” es, hasta la actualidad, un llamado a la soberanía y una clara exigencia de respeto hacia el voto popular reflejado en las urnas.

Twitter @jarymorgado
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