10 de octubre de 2021

ConoSER Bien

Copiar la realidad podría ser buena cosa, pero inventarla es mejor.
Giuseppe Verdi

El día de hoy, 10 de octubre, se cumplen 208 años del nacimiento de uno de los compositores románticos de ópera más importantes de todos los tiempos, el italiano Giuseppe Fortunino Francesco Verdi, más conocido como Giuseppe Verdi.

Verdi nació en 1813, fue el primer hijo de Carlo Giuseppe Verdi (1785-1867) y Luigia Uttini (1787-1851). Sus padres pertenecían a familias de pequeños terratenientes y comerciantes, no eran los campesinos analfabetos de los cuales Verdi más tarde le gustó presentarse como surgido. Desde los cuatro años, recibió clases de latín e italiano y aprendió a tocar el órgano. Su don para la música ya era evidente y comenzó su asociación con la iglesia local, donde sirvió en el coro, actuó como monaguillo por un tiempo y a la edad de ocho años, se convirtió en el organista oficial con remuneración.

A los diez años, Verdi, en Le Roncole tocaba el órgano los domingos, cubriendo la distancia de varios kilómetros a pie. A los once años, recibió educación en italiano, latín, humanidades y retórica.

Verdi declaró: “de los trece a los dieciocho años escribí una amplia variedad de piezas: marchas para banda por cientos, quizás tantas pequeñas sinfonías que se usaban en la iglesia, en el teatro y en conciertos, cinco o seis conciertos y conjuntos de variaciones para piano, que toqué yo mismo en conciertos, muchas serenatas, cantatas y varias piezas de música de iglesia, de las cuales solo recuerdo un Stabat Mater”.

Cuando tenía trece años, se le pidió que reemplazara a un músico, en lo que se convirtió en su primer evento público en su ciudad natal. Fue un éxito inmediato, principalmente porque tocó su propia música, para sorpresa de muchos, y recibió un fuerte reconocimiento local. A los quince años actuó en Bérgamo y fue aclamado por Demaldé y Barezzi. A finales de 1829, había completado sus estudios con Provesi, quien declaró que no tenía más que enseñarle.

Para 1842 el nombre de Giuseppe Verdi ya gozaba en Italia del máximo reconocimiento después del estreno de sus óperas Nabucco, Los lombardos y Ernani. En 1845 estrenó Juana de Arco en el Teatro San Carlo, y su director le ofreció componer una ópera con la colaboración de Salvatore Cammarano, además le ofreció cantantes de primer orden para su estreno, oferta que Verdi no pudo rechazar.

Esta ópera fue Alzira, inspirada en la obra de Voltaire, considerado un genio universal por la variedad de conocimientos del saber humanístico que abarcaba, y América fue una tema histórico recurrente en sus obras “Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones” y “Alzira o los americanos” en las que denunció el inhumano régimen de la tiranía y exaltó la tolerancia y la lucha por la libertad y la justicia; además confirmó la tesis del “noble y buen salvaje” sostenido por los ideólogos de la época.

Una de las obras de Verdi que se considera su obra maestra es Nabucco, la cual nació en un momento particularmente difícil de la vida del compositor. Su esposa y sus dos hijos pequeños habían muerto poco tiempo antes y Verdi prácticamente había decidido no volver a componer. En medio de esta depresión, el director de La Scala, en Milán, le mostró un nuevo libreto de Temistocle Solera inspirado en la historia bíblica de Nabucodonosor (Nabucco), rey de Babilonia.

La obra narra la conquista y expulsión de los judíos de Jerusalén por parte del rey de Babilonia Nabucco. Los judíos pensaban en Sión, de donde los había expulsado, como a tantos otros pueblos oprimidos en su hogar. El Sumo Sacerdote Zaccaria anuncia a los hebreos que no teman, pues tiene en su poder a la hija de Nabucco, Fenena y que estaba enamorada del judío Ismaele.

Nabucco manda destruir el Templo de Jerusalén y expulsar a los hebreos de su tierra. Tras intrigas y venganzas en la familia real, así como la locura de Nabucco y atentados contra las princesas, el rey retoma el trono y adopta la fe judía. Nabucco enloquece y pierde temporalmente el control de su reino, con lo cual atiza el drama.

Uno de los símbolos que utilizó el pueblo para reforzar el ideal independentista fue el "Coro de los esclavos judíos," Va, pensiero, sull'ali dorate ("Vuela, pensamiento, en alas doradas"), el lamento que entonan a orillas del río y que se convirtió en canto de amor por la libertad.

Verdi fue un compositor prolífico, entre sus innumerables composiciones se encuentran: Nabucco (1842); Alzira (1846); Attila (1846); Macbeth (1847); Rigoletto (1851); La Traviata (1853); Don Carlo (1867); Aida (1871); Otello (1887) y Falstaff (1893), entre otras obras maestras del género operístico.

El 27 de enero de 1901, a los 87 años, Verdi fallece. En señal de luto, las banderas ondearon con listones negros, los teatros y comercios cerraron sus puertas, y los periódicos publicaron ediciones especiales en la que daban cuenta de su fallecimiento, con los bordes de sus páginas impresos en negro. Durante los tres días siguientes, la mayoría de las tiendas de Milán permanecieron cerradas. La Cámara de los Diputados dedicó la mayor parte del lunes a una conmemoración de su antiguo miembro.

Verdi fue enterrado inicialmente en una ceremonia privada en el Cimitero Monumentale de Milán, pero al cabo de un mes, su cuerpo fue trasladado a la cripta de la Casa Verdi, donde aún hoy permanecen. En esta ocasión, unas 300 mil personas acompañaron el cortejo fúnebre y la orquesta de La Scala y más de 800 voces interpretaron, bajo la batuta de Arturo Toscanini, el coro “Va, pensiero”, de su creación Nabucco.

Sea esta entrega un modesto homenaje a tan prolífico compositor.

 

Jorge A. Rodriguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) ingeniero y comunicador. Conduce el programa conoSERbien en sabersinfin.com