¿ARTE PREHISPÁNICO?

 

Problemas.

 

 Por: Agustín René Solano Andrade[1]

A partir de Hegel, algunos han entendido el arte 

 

como una actividad distintiva de la humanidad, postulando

 

que el hombre era naturalmente productor de arte,

 

como es naturalmente hablante.

 

Zerner

 

  

 Al estar frente a un objeto de una cultura precolombina no podemos evitar apreciar sus características formales y categorizarlas en lo artístico, pero hemos de preguntarnos, entre otras tantas cosas, si eso es arte o dónde tiene cabida.

 

 

 

 

 Los problemas que se presentan en el estudio del arte prehispánico empiezan con su enunciación como tal. “El arte es una noción abstracta que se aplica a una variedad de objetos de las más lejanas culturas y épocas.”[2] La constitución del concepto arte de por sí es polémico y cuestionado, y se sigue trabajando en él, así que la denominación de lo artístico en los objetos creados por culturas prehispánicas se debe, en parte, por esa finalidad social que el arte tiene, las características estéticas depositadas en cada objeto por ser de factura humana y por las convenciones socio-culturales de lo que entra en la categoría de artístico. Los anteriores argumentos convienen por la dificultad para consensuar el concepto arte. Pero porqué la pregunta del título.  El arte es un concepto moderno desde el punto de vista que lo entendemos hoy y que las culturas prehispánicas desconocían; por tanto, desconocían lo artístico como fin. Las teorías más consentidas sobre la creación de objetos prehispánicos presentan esa elaboración desde lo simbólico-mágico o lo funcional, pero no sobre lo artístico, incluso, se hace notar que las imágenes y texturas aplicadas sobre los objetos distan de nuestro concepto de decoración. “Las ideas que actualmente tenemos del arte tiñen nuestras interpretaciones de las obras del pasado, haciéndoos olvidar a menudo que en cada época se les asignó un papel muy diferente del que hoy le atribuimos.”[3] En lo prehispánico todo tiene un objetivo determinado, cuando en nuestra concepción de la evolución del arte, es el arte el fin de sí mismo. La diferencia entre estético y artístico, según Acha[4]- reside, entre otros aspectos, en el grado de especialización para el segundo cuando el primero es más humano, nos es más común y depositamos ese aspecto en los objetos que percibimos, incluso en los naturales. Así entonces existe lo artístico como grado de especialización en lo humano y lo estético como impronta de la percepción humana, pero también existe una expresión que concentra los dos anteriores y, aunque tiene problemas claros, conviene en lo cultural para este problema; lo plástico. 

 


 

 Parece entonces más común hablar de plástica prehispánica que de arte prehispánico o estética prehispánica pues lo plástico alude a la plasticidad de la materia, que en manos humanas, no importando el contexto, adopta morfologías singulares que se distinguen de lo natural y que se reconocen en la especie. En estas precarias líneas no redefiniremos el concepto de arte prehispánico, pero si pondremos en tela de juicio su concepción como una de los dificultades que hay que abordar en la historia del arte, así como algunos problemas vistos en una breve, pero sustantiva, introducción a la temática de la relación del arte y lo prehispánico, ya que “es necesario tener bien claro el hecho de que el fenómeno estético, o la búsqueda de la , constituye el núcleo de lo que llamamos obra de arte”[5] y por ello inmiscuimos la manufactura prehispánica en esta categoría.

 

     A mi parecer lo anterior es cardinal para afrontar la problemática que se suscita en torno a la correspondencia de lo prehispánico y el arte, ya que en la medida que podamos enunciar correctamente las cuestiones que se tratan de aclarar, podremos resolverlas.

 

 

 

Otra cuestión importante para tocarse tiene que ver con la divulgación y los niveles de  que ésta se hace. De entrada se divulga una fracción de lo conocido o investigado cuando existe un cuerpo más amplio para dar a conocer. Lo prehispánico en México se reduce a unas cuantas culturas cuando las conocidas rebasan a las divulgadas. Parece que los aztecas, los olmecas, los toltecas, los mixtecas y los mayas son las únicas culturas que se desarrollaron en nuestro país y que las zonas arqueológicas también se reducen a unas cuantas. No cabe duda que los recursos para la divulgación no son “suficientes”, pero los estudios sobre los aztecas y Teotihuacan se propasan  cuando podría hacerse investigación en otras zonas y culturas. Eso por un lado, por el otro, la divulgación se concreta a meras descripciones de lugares y objetos que no permiten más que tener una visión morfológica del pueblo y no una donde se note el desenvolvimiento humano y social del mismo; dando pie a otro problema que tiene que ver con la idealización de las culturas antiguas. Parece que cuando hablamos de mayas o aztecas hablamos de seres míticos y ficticios donde su vida cotidiana se concretaba en ritos, guerras y conquistas; que en los estratos sociales no había relaciones más que meramente simbólicas y que los afectos -y desafectos- humanos no aparecen en estos individuos. Existían el ladrón, el lujurioso, el bondadoso, el glotón, el bienaventurado, el amble, el furioso y todas aquellas figuras que son parte de nuestro tiempo, aunque con distintas implicaciones. Es necesario ver esa parte para entender una cosmogonía que nos desafía al estar frente a alguna construcción u objeto prehispánico. Si ello es producto humano, porqué no ha de serlo quien lo produce.

 

 


 

 

 

 

Ya que tocamos el hecho de ver una pieza prehispánica, regularmente lo hacemos en los museos, donde se presentan otros problemas de nuestra mirada, como entendimiento, de lo prehispánico. Aunque lo antropológico sea el motivo y el discurso de la exhibición, el museo sigue exhibiendo y ensalzando la pieza desde su aspecto estético, así que poco se aprecia su lugar en la jerarquía de objetos que esa cultura tenía con los mismos y aquí se renueva la idea de lo artístico en lo prehispánico. Las visitas a los museos sirven como referencia para aprender genéricamente el tema que el museo exhibe, así que la mayor de las veces lo antropológico o arqueológico queda mermado por el sentido estético de la pieza exhibida. Aquí mismo, en los museos, y en otras maneras de divulgación, los periodos de desarrollo de las culturas se aprecian en tiempos largos o se intenta utilizar con categorías europeas, cuando lo prehispánico debe tener sus propias categorías. Seguramente este proceso es necesario para tener un soporte para poder avanzar, sin embargo, esto trae consigo otros problemas que permean la relación de lo prehispánico y el arte.

 

 

 

Muchos de los estudios sobre las culturas prehispánicas es hecha por investigadores extranjeros y esto no es un problema de nacionalismo principalmente, sino que es necesario adjudicarnos lo propio en una tierra fértil e inmediata, lo que exhibe un alejamiento de la importancia del tema, no por lo propio, sino por lo ajeno. Esto es, a pesar de tener un campo tan amplio para el desarrollo de investigaciones de historia del arte en lo prehispánico, es muy poco lo que se hace y muy reciente; parece ajeno o que carece de importancia cuando es una fuente de proyectos de investigación. Esto no sólo da la aplicación de categorías europeas o novohispanas a lo prehispánico, descontextualizando las piezas o las zonas arqueológicas por que los criterios modernos se usan de manera indiscriminada; sino que nos lleva a cuestionar las mismas categorías modernas para el arte cuando se nos presentan piezas prehispánicas que tienen cabida en ello; demostrando la urgencia de análisis y propuestas específicas, ya no para lo prehispánico únicamente, sino para la relación del arte y lo prehispánico. Seguramente aquí se presenta el problema del estilo que no ha sido agotado y que es de suma importancia para la historia del arte por lo que aparece en este rubro también. En este caso, este punto es vital porque entendiendo el estilo como “un sistema de formas con cualidad y expresión significativas, a través del cual se hace visible la personalidad del artista y la forma de pensar y sentir de un grupo”[6], se nota un estilo en lo prehispánico, una categoría distinta a abordar por la historia del arte, que si bien sirve utilizar los conceptos usados en el arte europeo o en el arte moderno y contemporáneo, es necesario empezar a desligarse de ellos y crear un sistema propio para este estilo si se puede llamarle así. Alcina muestra claramente esa utilización del concepto estilo de Schaphiro desde un punto de vista que le pertenece a la plática prehispánica.

 


 

 

 

 

Para Schaphiro (1962, pág. 12) “la descripción de un estilo se refiere a tres de esos aspectos: elementos de las formas y cualidades (incluyendo una cualidad emergente del conjunto que podríamos denominar expresión)”. Si eliminamos a los motivos, que nada tienen que ver con los elementos de las formas, ni con las relaciones, podríamos decir que la enumeración que hemos hecho más arriba [diseño, rasgo, manera, secuencia, ritmo, armonía, expresión y emoción] incluye las dos características fundamentales (formas y cualidades) mencionadas por Schaphiro, no obstante lo cual los otros dos aspectos añadidos por nosotros y que se refieren a la manera o modo de hacer, y a la colocación espacial de los elementos, consideramos que son tan importantes o más que los mencionados.

 

Resumiendo, podríamos decir que los componentes del estilo pueden agruparse de la forma siguiente: (a) componentes formales (diseño y rasgo); (b) manera o modo de hacer; (c) ordenación espacial (secuencia, ritmo y armonía), y (d) cualidades (expresión y/o emoción).[7]

 

 

 

Es clara la utilización de una teoría para abordar un nuevo problema, pero sobre todo la adaptación y los agregados a la teoría original. Esto nos presenta otra cuestión a resolver en los problemas de la historia del arte para lo prehispánico y su relación con el arte y que en el ejemplo anterior se presenta como solución ideal; nos referimos a la ética del investigador. Esta cuestión no es propia de esta área sino de todos los ámbitos donde las relaciones humanas tienen que ver, pero exclusivamente aquí es importante prever que el círculo de investigadores es pequeño y que los trabajos hechos por cada uno es importante para crecer el acervo sobre la temática; así que en cualquier momento es necesario citar otros trabajos, lo que incluye trabajar con el otro de alguna u otra forma. Pues a pesar de que alguien descubra o encuentre material para la problemática, no le pertenece;  si alguien trabaja un tema específico, es necesario dar crédito a trabajos anteriores; los puntos de vista en las teorías planteadas no deben ejercer pugnas personales; los puestos ocupados para llevar a cabo las investigaciones no deben ser utilizados como centros de poder; etcétera. Las relaciones humanas son difíciles pero necesarias, pero aquí es muy importante la comunicación –el acuerdo- entre investigadores para avanzar en la investigación  a través del reconocimiento del trabajo del otro.

 

 

 

La investigación de la historia del arte en el  ámbito de la plástica prehispánica es abundante y fértil, por ello también sus problemas, pero lo importante es afrontarlos y no olvidar que se está frente a un producto humano que muestra la riqueza de las capacidades de nuestra especie en un contexto muy distinto al que conocemos. 

 



[1] Agustín René Solano Andrade ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ) es Maestro en Comunicación y Diseño (UIA) y Maestro en Estética y Arte (BUAP). Combina su quehacer académico con las letras y las imágenes. Sabersinfin.com agradece a Agustín René la autorización para publicar el presente trabajo. 

 

[2] Marchán Fiz S., El universo del arte, Salvat, Barcelona, 1981, p.4

 

[3] Marchan F., Op. Cit., p.6

 

[4] Acha J., Introducción a la teoría de los diseños, Trillas, México, 1995,

 

[5] Alcina Franch J., Arte y antropología, Alianza Forma, Madrid, 1988, p. 16

 

[6] Schaphiro Meyer, Estilo, Ediciones 3, Buenos Aires, 1969, p. 8

 

[7] Alcina Franch J., Op.cit., Pp. 109-110