¿ARTE PREHISPÁNICO?
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 Parece entonces más común hablar de plástica prehispánica que de arte prehispánico o estética prehispánica pues lo plástico alude a la plasticidad de la materia, que en manos humanas, no importando el contexto, adopta morfologías singulares que se distinguen de lo natural y que se reconocen en la especie. En estas precarias líneas no redefiniremos el concepto de arte prehispánico, pero si pondremos en tela de juicio su concepción como una de los dificultades que hay que abordar en la historia del arte, así como algunos problemas vistos en una breve, pero sustantiva, introducción a la temática de la relación del arte y lo prehispánico, ya que “es necesario tener bien claro el hecho de que el fenómeno estético, o la búsqueda de la , constituye el núcleo de lo que llamamos obra de arte”[5] y por ello inmiscuimos la manufactura prehispánica en esta categoría.

 

     A mi parecer lo anterior es cardinal para afrontar la problemática que se suscita en torno a la correspondencia de lo prehispánico y el arte, ya que en la medida que podamos enunciar correctamente las cuestiones que se tratan de aclarar, podremos resolverlas.

 

 

 

Otra cuestión importante para tocarse tiene que ver con la divulgación y los niveles de  que ésta se hace. De entrada se divulga una fracción de lo conocido o investigado cuando existe un cuerpo más amplio para dar a conocer. Lo prehispánico en México se reduce a unas cuantas culturas cuando las conocidas rebasan a las divulgadas. Parece que los aztecas, los olmecas, los toltecas, los mixtecas y los mayas son las únicas culturas que se desarrollaron en nuestro país y que las zonas arqueológicas también se reducen a unas cuantas. No cabe duda que los recursos para la divulgación no son “suficientes”, pero los estudios sobre los aztecas y Teotihuacan se propasan  cuando podría hacerse investigación en otras zonas y culturas. Eso por un lado, por el otro, la divulgación se concreta a meras descripciones de lugares y objetos que no permiten más que tener una visión morfológica del pueblo y no una donde se note el desenvolvimiento humano y social del mismo; dando pie a otro problema que tiene que ver con la idealización de las culturas antiguas. Parece que cuando hablamos de mayas o aztecas hablamos de seres míticos y ficticios donde su vida cotidiana se concretaba en ritos, guerras y conquistas; que en los estratos sociales no había relaciones más que meramente simbólicas y que los afectos -y desafectos- humanos no aparecen en estos individuos. Existían el ladrón, el lujurioso, el bondadoso, el glotón, el bienaventurado, el amble, el furioso y todas aquellas figuras que son parte de nuestro tiempo, aunque con distintas implicaciones. Es necesario ver esa parte para entender una cosmogonía que nos desafía al estar frente a alguna construcción u objeto prehispánico. Si ello es producto humano, porqué no ha de serlo quien lo produce.

 

 

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