Jorge A. Rodríguez y Morgado

Glorificarse con una victoria militar significa regocijarse con la matanza de las personas. ¿Y acaso puede ser respetado aquel que se alegra de la matanza?

Tao te ching

Si usted, amable lector, vio la más reciente película del director de cine Alfonso Cuarón, “Roma”, denominada así por la calle de Tepeji lugar en donde se ubica la casa en la cual se desarrolla la trama del filme y que está localizada en la colonia Roma. Esta película fue ganadora de varios premios Oscar, así como del Globo de Oro en Venecia, el Premio Goya de España, de cuatro premios BAFTA de la Academia de Cine Británica y muchos otros galardones más.

Seguramente recordará una escena en la cual se observa a unos estudiantes reunirse para protestar en las calles. Las protestas se convierten en una batalla. Infiltrados entre los manifestantes, el grupo de choque paramilitar conocido como Los Halcones dispara al azar a los estudiantes. Esta escena muestra una recreación muy realista del Halconazo y sus antecedentes.

Este hecho, El Halconazo o matanza del Jueves de Corpus Christi, nunca fue condenado: ninguno de los presuntos involucrados asumió la culpa. Siendo el Estado el principal responsable aparente, pero no hubo evidencia clara para llevar al presidente a juicio.

Este suceso se inicia cuando un grupo de estudiantes toma las calles para protestar por los eventos ocurridos en la Universidad de Nuevo León, ya que los estudiantes y autoridades universitarias habían protestado contra una ley del gobierno local que redujo el presupuesto de la universidad y le quitó autonomía a la misma. Enfurecidos, los estudiantes y profesores entraron en huelga, pidiendo a todas las universidades del país que se unieran a ellos para protestar por el ataque a la educación media y superior mexicana.

Estudiantes de todo el país decidieron unirse a las protestas y acordaron realizar una manifestación que fue convocada para el 10 de junio de 1971: el día del Corpus Christi. Dos semanas y media antes de que estallara la masacre parecía haberse llegado a un acuerdo. El gobierno federal había pasado una ley con la que devolvía la autonomía a la Universidad de Nuevo León y ponía fin al conflicto.

Los estudiantes decidieron no parar la protesta, aunque la opinión estudiantil era bastante dividida. Por un lado, algunos estudiantes opinaban que la protesta ya no tenía fundamentos y no sería más que una excusa para protestar innecesariamente. El otro grupo de estudiantes veía la necesidad de protestar para presionar al gobierno a la resolución de otros conflictos que afligían a la nación.

Decididos a llevar a cabo la protesta, aun después de la ley pacificadora, más de 10,000 estudiantes partieron del Instituto Politécnico Nacional, en el casco de Santo Tomás, hacía el zócalo capitalino. El día de la protesta, decenas de hombres fueron ubicados en la avenida por donde pasarían los manifestantes en ese momento. Estaban vestidos de civiles comunes y corrientes, pero traían consigo varas de bambú, cadenas y porras. Su claro objetivo era detener la protesta con violencia. Atacaron sin piedad a los estudiantes, mientras que todos los policías que rodeaban la zona se quedaban viendo, sin hacer nada más. Se dice que Los Halcones tenían un amplio adiestramiento militar y que fueron entrenados por la CIA y el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

La cantidad de heridos ese día en las calles de México fue brutal, y muchos de los que fueron llevados a hospitales y clínicas no pudieron ser tratados, pues los paramilitares los persiguieron y les dieron el tiro de gracia mientras estaban siendo operados. El resultado 120 muertos y cientos de heridos.

El movimiento estudiantil tomó una postura completamente distinta después del movimiento. Muchos de los estudiantes no volvieron a salir más, mientras que la cantidad de muertos y las acciones del gobierno alentaron a muchos otros a crear guerrillas que se dedicarían a combatir al régimen del presidente.

Hubo un grupo de estudiantes que mantuvo su postura de protesta pacífica y exigieron una serie de reformas para favorecer a las universidades. Entre éstas destacan: La democratización del sistema educativo mexicano; un control absoluto de los fondos universitarios en una unidad entre profesores y estudiantes; se pedían varias mejoras en el sistema educativo de la nación, exigiendo el acceso a los más pobres y se exigió el final de la represión estudiantil por parte del gobierno.

Mañana se cumplen 48 años de este lamentable hecho y pugnemos para que, de ninguna manera, en cualquier lugar de nuestro país, vuelva a repetirse.

Twitter @jarymorgado

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