En busca de la contracultura perdida
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

3 de marzo de 2017

Quienes alcanzamos la pubertad en la segunda mitad de los ’60, fuimos testigos dos décadas más tarde, de un inaudito fenómeno social: la “misteriosa” desaparición en la memoria colectiva, de un tramo de la Historia Cultural contemporánea, precisamente el que nos revelara posibilidades de ser, relacionarnos y lograr nuestros objetivos en la vida, distintas a las consideradas fatales –esto es, dictadas por el Destino- por la generación que nos precedió, formada integralmente en la propaganda oficial clerical-priísta posterior al cardenismo, que la convirtió en la silent generation de aquí.

En este ambiente de conformismo extremo, tanto político como, sobre todo, moral, irrumpió la disensión juvenil de clase media, irreductible a la “rebeldía sin causa” –más un mito mediático que otra cosa- con que quiso identificarla la gente “respetable” (¿?), como testimonian JUVENTUD SIN LEY y parecidos bodrios cinematográficos de la época.

Pero a diferencia de otros desacuerdos generacionales, como los surgidos hacía poco dentro de la clase trabajadora, la escolarización media-superior de los miembros de aquélla los dotó de una perspectiva más allá de los límites intrínsecos a una comunidad encerrada en su vida cotidiana, como era el caso de esta última, cuyo malestar existencial se consumía en los tradicionales escapes del sentimentalismo –quién sabe por qué llamado “bohemia”- o el puro y simple relajo, ninguno de los cuales tocaba siquiera el entramado institucional –sobre todo familiar- que sostenía y determinaba su particular forma de vivir. (A esto se reduce el argumento de las películas de marras: el retorno a los sacrosantos valores familiares o la destrucción inexorable. Toda una tragedia “clásica” a la medida.)

La posibilidad de ser al margen o incluso contra la tradición, por inveterada que fuera, condujo a muchos jóvenes a interrogarse sobre el sentido de lo que estaban haciendo y, eventualmente, dejar de hacerlo en favor de algo con más sentido en sí y para sí mismos. Este era el fantasma que recorría la sociedad de aquella época, que se apresuraron a ahuyentar todas las “buenas conciencias” de entonces, tanto los que tenían un interés objetivo en la conservación del statu quo, como sus inconscientes epígonos de todos los niveles y condiciones, particularmente padres, maestros y “comunicadores”.

Finalmente, vestirse, llevarse y ocuparse de otra manera es parte de la evolución natural de un individuo dentro de un conjunto social mayor también en evolución –un caso de DIVERSIDAD CULTURAL, diríamos ahora-, pero que en ese momento llevó a las más sorprendentes –y ridículas- maniobras a quienes se sentían responsables de la conducción de la sociedad o incluso Guardianes de la Civilización Occidental. (Cualquier parecido con la actitud de algún Presidente actual o pasado –como Gustavo Díaz Ordaz o Ronald Reagan, por ejemplo-, indicaría que el exagerado y quizá paranoico temor a una supuesta corrupción de las costumbres, llegaba hasta -¿o de ahí salía?- las más altas esferas del Poder.)

Así fue que se “perdieron” por no haber quedado consignadas en los registros –records- oficiales y oficiosos, manifestaciones CONTRACULTURALES tan inocentes como las chicas a go go, los –y las, porque las hubo y muy radicales- existencialistas y los hippies, al grado de que quien no haya presenciado personalmente este –en su momento-conspicuo fenómeno social de clase media, no tiene idea de su existencia y lo popular, inspirador y oportuno que fue para quienes, en ese momento, comenzábamos a liberarnos de las ataduras ideológicas con que tan sutil e insidiosamente había intentado constreñirnos el Sistema, igual que lo había hecho con nuestros padres.

“We are the people our parents warned us against,” lo expresaba una célebre frase.


Imagen: bitacoramarxistaleninista.blogspot.mx

 

 

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

 

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