
23 de diciembre de 2016
En esta última semana del año, gran parte de la gente se dispone a dar por concluido para siempre lo ocurrido en él, como si un mítico ciclo se cerrara y otro limpio, puro y vacío, aguardara ser llenado con acciones y sucesos radicalmente nuevos, realizando para esto diversos ritos tradicionales y otros recién adquiridos o incluso inventados -como deshacerse de lo viejo o inservible o barrer la casa hacia fuera- para asegurarse que así sea.
El problema con esta actitud voluntarista de “borrón y cuenta nueva”, es que también se arroja por la borda aquello que podría hacer la diferencia entre el (reciente) pasado insatisfactorio y un esperado PRESENTE de autorrealización y plenitud. (Un familiar médico me contó, en 1975, una curiosa anécdota acerca de un compañero de carrera que se hizo acreedor a un Premio especial por sus conocimientos de Química, con el compromiso de sustentar una conferencia magistral al respecto. Pero estando frente al público, no pudo articular palabra alguna sobre la materia, quedando en consecuencia reprobado y teniendo que cursarla toda de nuevo. Cuando sus compañeros le preguntaron qué le había pasado, relató que al llegar a su casa luego del examen que tan brillantemente había presentado, reunió todos sus libros de Química y los quemó, no queriendo saber nada más de ella… ¡concediéndosele el deseo!)
Algo similar, aunque generalmente no tan dramático, ocurre con todo aquello que, por no haber resultado como se deseaba, se fantasea en que el Año Viejo se lo lleve, al tiempo de formular otros BUENOS PROPÓSITOS que seguramente tendrán el mismo destino.
La clave para romper este “círculo encantado” está en adoptar el método histórico, que consiste en partir de los resultados presentes e ir hacia atrás en una reverse engineering, hasta localizar el momento en que se perdió el control de la situación, procediendo entonces a identificar los factores o circunstancias que intervinieron en ello. Así pueden retomarse proyectos inconclusos, sólo que ahora con mayores probabilidades OBJETIVAS de realizarlos, al contar con una valiosa información adicional acerca de lo que fue mal y entonces corregirlo. (En lo personal, este método me ha dado excelentes resultados en el estudio del Piano y el diseño de circuitos electrónicos, actividades en las que llevo más de cuatro décadas, a pesar de haber momentos que llegaron a ser bastante frustrantes.)
Y ni qué decir del método aplicado a su objetivo original: la SOCIEDAD misma, que también nos decepciona y hasta desespera al no encontrar la salida en situaciones de crisis -donde ya nada es lo que solía ser- como la que atravesamos.
Con esto ya estaremos en condiciones, parafraseando al gran Beethoven, de sustituir los acostumbrados ritos de exorcismo y expulsión mencionados al principio, por otros propiciatorios que nos animen a lograr lo que sabemos podemos hacer: "O Freunde, nicht diese Riten!” sino...
¡FELICES BRINDIS por lo ya conseguido y lo que viene por conseguir!
Imagen: rexvalrexblog.wordpress.com
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.