22 de julio de 2014
- La Historia Jamás Contada -
Con más frecuencia de lo que parece, hay momentos en que se presenta la necesidad de realizar una investigación de campo que, a diferencia de la cotidiana, en que basta acudir a un libro, hacer una llamada telefónica o ir directamente a la Red, se requiere un laborioso proceso de reflexión, análisis y diseño antes de comenzar siquiera los preparativos para dirigirse al lugar de los hechos, contrariamente a lo que presentan los “(un)reality shows” televisivos, cuyo objetivo es “vender” el programa a incautos, no avanzar en el conocimiento de un suceso, especialmente si es extraño. (He llegado a pensar que estos espectáculos fraudulentos deberían llevar una advertencia como: “El siguiente Programa está avalado por el IFE” o algo parecido.)
Para emprender una investigación de esta clase, primero hay que asegurarse que el hecho aludido corresponde al lugar mencionado y que éste existe. Luego, ubicar aquél en el tiempo con la mayor precisión posible. Así podrá reconstruirse el contexto histórico de lo ocurrido, la “referencia maestra” en toda la investigación, pues si no es posible recabar esta información, lo demás no pasará de ser mera leyenda.
Lo siguiente es seguir el “rastro de papel” –en alusión a la prensa escrita, aunque ahora la información puede estar sobre cualquier soporte-, es decir, efectuar una investigación hemerográfica, ya que alguien tuvo que reportar lo sucedido a un periodista profesional, otra persona que sirvió de enlace con el investigador o a éste mismo. Así concluye la fase de documentación inicial del hecho a investigar.
Viene la parte clave: la reflexión crítica sobre el conjunto de datos disponibles. Primero, para verificar su lógica interna y, enseguida, comenzar a construir hipótesis usando la inducción. Aquí es donde comienzan a aparecer las incógnitas propiamente dichas, los elementos desconocidos que habrán de decidirse por medio de la investigación para ir dando cuerpo a una TEORÍA del hecho. Nada tampoco que ver con el comportamiento errático de los “teleinvestigadores” y sus “hallazgos” azarosos, en sí mismos carentes de significado al no existir una estructura lógica –una “prototeoría”- que los relacione entre sí y con el hecho aludido. Considerar que dos o más cosas están relacionadas sin fundamentarlo no es más que una SUPERSTICIÓN.
En este punto el investigador puede auxiliarse de la “red neural” que forman investigadores colegas, sometiéndoles sus datos y presunciones para ser discutidas entre todos en un Foro AD HOC e ir diseñando la “investigación de campo” central.
Para terminar, unas palabras sobre la SEGURIDAD –que, incidentalmente, NUNCA abordan los “shows” de marras-, ya que desde el momento en que se entra a un campo ajeno al propio, existe la posibilidad muy real de encontrarse con personajes y situaciones con las que no se contaba, por lo que siempre debe asumirse el riesgo y disponer por anticipado de recursos y estrategias para salir –más o menos- bien librado.
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.