Una frase particularmente napoleónica que hasta el día de hoy no deja de sonar en mi cabeza es “El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre”, cierto es, pues hay infinidad de casos en los cuales hijos agradecen a sus padres el esfuerzo y dedicación por lo que en su momento son o en sus defecto suele ser también todo lo contrario, de tal manera que el porvenir es sumamente subjetivo y, desde la perspectiva napoleónica depende únicamente de las acciones presentes de la madre o los padres, si es el caso.

Es importante considerar que el tiempo no es lineal y seguramente el pasado (que permanece latente aún en el presente), de la madre, el de los padres, el de la familia y el de la sociedad en la que se encuentra el infante, además de él mismo, también lo determinarán y construirán, de tal manera que, no únicamente el presente influye en el porvenir del infante.

Pero ¿A qué tipo de porvenir se refería Napoleón?, ¿A caso era al personal, al laboral, al económico, al psicológico o al político?, ¿Contemplaba así el porvenir social y cultural? Seguramente, así fue.

Sin embargo, las familias diversas hoy en día y a sus posibilidades teniendo en cuenta su pasado presente, presente e incluso su presente futuro, hacen lo que pueden.

Lo que menciono suena ligeramente a un porvenir conformista, pero ¿No es así? Si todos y cada una de las personas sin importar raza, color, nacionalidad, preferencia sexual, grado escolar, ocupación, edad, entre otras características trataran de mejorar su propio porvenir y el de sus infantes, el de la comunidad y el del mundo natural, considerando todos los elementos globalmente mencionados, probablemente no existirían las palabras genocidio, guerra, maltrato, esclavitud, injusticia, calentamiento global, frustración, miedo, entre otras.

Además ciertas costumbres, rutinas e ideales se han transformado y muchas de ellas son en su mayoría totalmente perjudiciales pero, que de manera inconsciente seguimos practicando porque para la mayoría ya es una condición normal.

De tal manera que si el día de hoy temo por mi seguridad, porque, puedo ser víctima de la delincuencia o sentirme decepcionada por las personas que vendieron su voto a cambio de tarjetas de regalo o lealtad de alguna tienda de autoservicios, ¿A quién se debe culpar?, ¿Al delincuente callejero, al de cuello blanco, a las carencias del pueblo o a la misma sociedad?

La elección de las opciones puede resultar polémica y es probable que omitamos al más culpable de todos, el cual en mi opinión, es el devenir social, ocasionado por el deseo insatisfecho de los sujetos por obtener mucho más a partir del logro de acciones por demás positivas que la misma civilización ha logrado, dando lugar al libertinaje, la ambición y los grandes “pecados capitales” que se encuentran latentes en cada uno de nosotros para que en momentos precisos surjan y actúen sin control, dotándolos de cualidades extraordinarias considerándolos hechos naturales y comunes aglutinados en nuestro ser.

Como dije, el tiempo no es lineal, nuestra condición humana es la que lo modifica negativamente, si lo seguimos contemplamos como un contenedor de oportunidades para manifestar impulsos y acciones abusivas, arbitrarias y egoístas, haciendo usos de ellas sin límite y volviéndolas costumbres trasmitibles con la escusa de que son necesarias para sobrevivir en esta sociedad, si seguimos de esta manera, ofreceremos a nuestros niños un porvenir hostil, violento, contradictorio y enfermizo, que lamentablemente favorecemos cotidianamente y por demás inconscientemente.

Es por ello que hago una petición para responsabilizarnos conscientemente de nuestros actos, acciones y pensamientos, eduquémonos permanentemente para mejorar nuestra condición social y tengamos un porvenir común en paz.

Ivonne JoyceIvonne Joyce Espinosa Porragas (Pensar qué Pensar)es estudiante de maestría.