
PRINCIPIO DE MOTIVACIÓN POR LA EFICACIA SOLIDARIA
Por: Rafael Fiscal Flores*
Hace años cuando cursaba el primer año de la primaria, me preguntaba: ¿Por qué cuando nos aplicaban exámenes nos separaban o nos ponían contra la pared y se castigaba al que preguntaba o al que ayudaba al otro?, otra pregunta que me asaltaba constantemente tiene que ver con ¿Por qué a los alumnos que obtienen buenas calificaciones se les pasaba a los lugares más cercanos al profesor? Hoy creo entenderlo, pero igual las preguntas siguen estando ahí ¿Por qué algunos profesores universitarios siguen reproduciendo esos rituales?
Las respuestas de por qué lo hacen pueden ser muchas, pero los resultados son pocos y muy devastadores. Cuántos de nosotros nos hemos enfrentado al fracaso intentando hacer que nuestros alumnos trabajen en equipo y, ya no sólo en los niveles básicos, medio y medio-superior, sino que es algo que se presenta también en los niveles universitarios, ¿Se trata acaso de una educación que practica una pedagogía insolidaria?
¿Cuántos de los ahora profesores vivieron para bien o para mal esa práctica de segmentación nociva sus grupos, clasificando sus grupos en los alumnos del frente, los de en medio, los de atrás, los de más atrás y los de hasta atrás? Que dicho de otra forma bien podríamos reclasificar y nombrarles como los alumnos brillantes, alumnos con potencial y los otros ¿Nuevamente se trata de una educación basada en la pedagogía de la insolidaridad?
En mi caso particular puedo tomar estos hechos como anécdotas, pero hay alumnos que hoy día esto lo viven en sus escuelas y a profesores orgullosos de tales prácticas. La diferencia entre una anécdota y una situación experiencial es que la primera se razona en el tiempo y la segunda en sus implicaciones inmediatas, sin embargo, los daños en ambos casos estará siempre presente. Por ejemplo, cuando vemos que nuestros alumnos no pueden trabajar en equipo y como profesores “responsables que somos” nos preparamos conociendo lo último en dinámicas grupales, para luego llevarlas al salón de clase, pero muy pronto nos damos cuenta que la situación no cambia sustancialmente o inclusive se complican más de lo previsto (abrir la caja de Pandora). Las dinámicas grupales son efectivas en manos de profesores efectivos, las dinámicas grupales no pueden ni podrán jamás contrarrestar los efectos negativos provocados por la práctica insolidaria del proceso de enseñanza-aprendizaje, ¿Cómo pueden trabajar en equipo alumnos que día a día les prohibimos trabajar solidariamente?, ¿Se podrán armar equipos de trabajo entre alumnos brillantes, potenciales y mediocres, cuando los separamos y lo etiquetamos de esa manera (superiores e inferiores), habrá forma de ser solidario?
Hoy día en los diversos planes y leyes educativas se hace énfasis en la necesidad de educar en y para la solidaridad. Pero nos encontramos que en los salones de clase lo que se práctica y por cierto muy bien (por su fracaso) es la educación en la insolidaridad para la solidaridad (práctica ingenuamente malévola).
A veces para problemas complejos existen soluciones sencillas que además de entendidas y comprendidas pueden perfectamente ser fácilmente organizadas y aplicadas por los profesores, obteniendo altos niveles de rentabilidad educativa. Es el caso de la motivación por la eficacia solidaria que incluye tres poderosos componentes motivacionales que solemos pasar desapercibidos, a saber:
- La motivación que provoca la autopercepción de servir.
- La motivación que causa ser útil a alguien.
- La motivación que se deriva de la respuesta del compañero que ha tomado conciencia de la eficaz ayuda recibida (eco de la interacción).
Esta motivación por la experiencia escolar del éxito en ayudar a otro compañero a aprender, puede organizarse en el aula de diversas formas, supuesta siempre la imaginación y la creatividad de aquellos profesores que tienen una auténtica motivación para enseñar sin deformar, es decir, para enseñar educando.
Para ningún profesor son ajenas las historias de éxito y los cambios que se dan hacia el interior del alumno, cuando éste ve que la ayuda que le proporcionó a tal o cual compañero resultó ser beneficioso para su compañero, ésta autopercepción de servir viene acompañada de un sentimiento de satisfacción porque el alumno siente que es útil a los demás, si ya de por sí esta autopercepción acompañada del sentimiento de utilidad causa altos niveles de motivación solidaria escolar, se incrementa cuando el compañero que fue ayudado le agradece al ayudador con la satisfactoria noticia de su eficacia y de su generosidad, lo anterior indiscutiblemente incrementa el prestigio social en el grupo del ayudador. Si ésta práctica se hace de forma cotidiana, bajo cualquier esquema organizacional, los resultados obtenidos no sólo se ven en los altos niveles de motivación que alcanzan los alumnos, sino que además e igual de importante, lo que estaremos logrando es crear un ambiente o escenario de aprendizaje progresivo, representado por una red de relaciones afectivas muy efectivas para la institucionalización microsocial de climas o ambientes positivos y propicios para el aprendizaje.
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