BASES BIOLÓGICAS DEL SABER SIN FIN
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BASES BIOLÓGICAS DEL SABER SIN FIN

 

Por: Enrique Canchola Martínez*

 

 

Partiendo de la premisa de que la capacidad de saber, es una cualidad inherente a la materia y por consiguiente a los seres vivos, estaríamos en la posibilidad de proponer que el mecanismo o los mecanismos de aprender para saber, deben ser muy similares a los que organizan las funciones motivacionales y los ritmos circadianos que nos permiten estar en comunicación sincronizada y permanente con el medio. Condiciones que nos permiten responder a los estímulos y ubicarnos en el tiempo o despertarnos cada día a la misma hora sin necesidad de utilizar un despertador. Todo lo anterior, es posible gracias a moléculas que interactúan con neuronas agrupadas para este fin.

 

 

 

 

 

 

¿Cuáles son y dónde se encuentran las moléculas del saber?

 

 

 

 

La respuesta a la primera interrogante hasta el momento es poco certera, aunque se presume que son los iones y las proteínas las responsables de esta función, dependiendo del programa del saber que se utilice, los iones participan en el saber de corto y las proteínas en el de largo plazo. Con respecto a su localización, sabemos que cada célula de un organismo vivo posee ciclos bioquímicos que lo mantienen en comunicación con el mundo durante toda su vida, lo que implica necesariamente, que las moléculas del saber se encuentren en todas las células y en el mundo que las rodea, de esta interacción célula-medio se construyen o aumentan los programas del saber.

 

 

 

 

Órganos de los sentidos y el saber

 

 


 

Otra parte fundamental del proceso del saber son los órganos de los sentidos, ya que mediante estos sistemas sensoriales el cerebro escanea los objetos o sujetos y ponen en contacto con el mundo al aparato mental a través del lenguaje eléctrico de las vías nerviosas, permiten al individuo entrar en sincronía consigo mismo y con el medio para llevar a cabo el proceso maravilloso de aprender para saber.

 

 

 

 

Organización molecular del saber.

 

 


 

Otra pregunta que queda sin resolver es cómo se seleccionan y se organizan las moléculas y los centros responsables de la estructuración del saber durante el desarrollo y el crecimiento, incluyendo la etapa embrionaria. Al respecto la neurociencia ha propuesto; que todos los procesos que participan en el saber se van organizando aleatoriamente en la mente a través de los estímulos sensoriales que permiten ir creando condiciones físico-químicas que establecen ciclos bioquímicos suficientes y necesarios para la autoorganización de los sistemas del saber.

 

Se ha propuesto también que la organización de los fenómenos mentales no requieren de una comandancia centralizada, se organizan a si mismos como respuesta a los estímulos internos y externos que los seres vivos perciben a través de los órganos sensoriales. Como consecuencia de estos estímulos, las neuronas toman forma de estrellas perfectamente organizadas por estratos, semejante a la organización de procesos disipativos en el mundo mineral, como los que ocurren en la cerusita o carbonato de plomo. Si se está en lo correcto en cuanto a la propuesta, de que los estímulos captados por los órganos sensoriales favorecen la posibilidad de organizar los sustratos biológicos que establecen los ciclos y ritmos de la vida y modulan la excitación, podríamos decir que el hombre aprende mediante estos mecanismos. Los anteriores argumentos permiten desde la perspectiva de la psiconeurociencia proponer que el hombre y todos los seres vivos tienen la capacidad de aprender para saber infinitamente, requiriendo para ello, sólo de estímulos significativos que concentren la atención y generen emociones.

 

 

 

 

Diferencia entre el hombre y otros animales.

 

 

 

Posiblemente la diferencia entre el hombre y los otros animales, sea que los humanos, saben que saben y que pueden tener libre albedrío sobre los intereses del saber. Esta característica del saber, nos permite reflexionar sobre la importancia del educador y la relación de éste con el educando y sobre las características que debe poseer el proceso de enseñanza-aprendizaje, es decir, si el proceso facilita la autoorganización del aparato mental para aprender para saber o por lo contrario lo bloquea y lo entorpece, convirtiendo a los educandos en victimas de fuerzas no controladas del panorama mundial de la economía y la tecnología.

 

 

 

Cerebro Trino: la actualización de los programas del saber.

 

 


 

La autoorganización de los sistemas cognitivos ha permitido que el cerebro vaya actualizándose a lo largo del tiempo, como lo propone el neurólogo Paul MacLean, quién ha dicho que a lo largo de la evolución al encéfalo lo han formando tres capas que constituyen el cerebro trino de la siguiente manera:

 

 

 

1.- Cerebro Reptiliano, que es la parte más antigua donde radican los programas rígidos de las conductas obsesivas, compulsivas, paranoicas, rituales, defensas territoriales y de búsqueda instintiva. Este cerebro repite siempre la misma conducta y no aprende de experiencias previas, controla la actividad muscular refleja, la homeostasis y las funciones automáticas, como la respiración, la frecuencia cardiaca y la agresividad que tienen como finalidad la conservación del individuo. Fisiológicamente lo integran la médula espinal y el tallo cerebral.

 

 

 

2.- El Cerebro Límbico o emotivo, es donde radican los programas relacionados con las emociones y los instintos de las cuatro C’s: comer, competir, correr o huir y copular. De este cerebro emocional también emergen las memorias afectivas y la atención, este sistema es el sensor de lo agradable o desagradable y es el responsable de la supervivencia de las especies a través de evitar el dolor y de repetir todos los aprendizajes que provocan placer. Está compuesto por núcleos de la base del cerebro, el hipotálamo, la amígdala, el hipocampo, tálamo y formación reticular.

 

 

 

3.- El Cerebro Cortical o Neocortex, ha sido el último en organizarse, es el responsable de las funciones cognitivas superiores, del saber que se sabe y de la conciencia cósmica del hombre. Es el centro que toma las decisiones para que el individuo pueda ejecutar sus sueños deseados.

 



 

 

 

 

 

Las emociones y el saber

 

 

 

Aprender para saber en el hombre depende de las emociones, los estímulos tienen la capacidad de generar cuatro emociones que se les ha considerado básicas: temor, ira, dolor y alegría, la interacción de ellas genera otras más. La ira, el dolor y el temor que tradicionalmente se les ha considerado negativos para el aprendizaje, recientemente se ha dicho que se les debe permitir su expresión honesta y natural en el momento adecuado, ya que es el impedimento de la expresión de estas emociones lo que genera dolor y frustración.

 

 

 

La inteligencia inherente a la materia

 

 

 

Como se ha estado mencionando, la capacidad de saber, entendiendo con ello el conocer, es un proceso inherente a la materia, cabría preguntarse si es posible enseñar a saber al hombre, la respuesta es complicada, sin embargo, considerando que la materia sabe como organizarse cuando recibe los estímulos umbrales que permitan a las percepciones integrarse en los “marcapasos del saber”, podemos decir, que el educador tiene la tarea fundamental de propiciar las condiciones favorables para que se dé el conocimiento y se generen los estímulos emotivos necesarios, que sean capaces de cautivar la atención del educando y de esta manera posibilitar el saber.

 

 

 

Integración cerebral del saber

 

 


 

A lo largo de la historia de la humanidad diferentes corrientes filosóficas han propuesto cómo se adquiere el saber y sorprendentemente todas ellas se basan en los niveles de integración cerebral, es decir, aprendemos mediante la generación de arcos reflejos (nivel reptiliano), mediante estímulos emotivos (nivel límbico) y aquellas que establecen comunicaciones muy importantes con el cerebro neocortical, que permiten generar funciones cognitivas elevadas y mediante un proceso de reverberancia de potenciales eléctricos en el sistema nervioso se construye la conciencia. Estos niveles de organización conducen al cerebro humano a tener la posibilidad de saber y de tomar decisiones por sí mismo en forma responsable y le proporcionan las habilidades para fabricar instrumentos y herramientas.

 

 

 

 

Modelos del saber

 

 


 

Por otra parte no debe sorprendernos que los diferentes modelos educativos y las diferentes técnicas de aprendizaje, se basen en inducir estímulos sensoriales que generen una percepción selectiva en los diferentes programas o marcapasos del saber. La diferencia fundamental de las diferentes técnicas de aprendizaje y modelos educativos radica estrictamente en a qué “marcapaso del saber” estén dirigidos, si la intensión es generar conductas simples de alarma, huida o búsqueda instintiva, o el objetivo sea el almacén de datos y recuerdos o la aplicación del bagaje de conocimientos al sistema muscular o estén dirigidas a generar conciencia y reflexión. Para fortuna del hombre los diferentes modelos de aprendizaje y las técnicas para enseñar, parecen no tener importancia para la organización del saber, ya que el cerebro se sale con la suya y paradójicamente un estímulo que esté dirigido a un “marcapaso del saber” se integra en otro y para mayor sorpresa, el saber se va auto organizando aleatoriamente en cualquiera de las partes que constituyen el cerebro trino y de esta manera se garantiza el saber para la conservación del individuo y de la especie. En resumen la capacidad de saber sin fin del hombre es una cualidad divina, inherente a la materia y a su capacidad de auto organizarse en forma armoniosa que genera belleza en nuestra mente.

 

 

 

 

*Enrique Canchola Martínez (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Médico Endocrinólogo. Profesor e Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Profesor de Anatomía Humana de la Facultad de Medicina de la UNAM. Su Área de interés son los mecanismos de acción de las hormonas en el cerebro. 

 

 


 

Lecturas recomendadas:

 

Canchola Martínez E. ¿Sabe el hombre que sabe? Sabersinfin.com

 

Carlson N.R. Fundamentos de Psicología Fisiológica.

 

Editorial Prentice-Hall Hispanoamericana. 1996.

 

Crik, C., Koch, C. Towards a neurobiological theory of consciousness. Seminars in the Neurosciences. 2: 263-275. 1990.

 

Punset E. Cara a Cara con la Vida, la Mente y el Universo.

 

Ediciones Destino. Barcelona, España 2006.

 

 


 

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