PERSPECTIVAS DE LOS POBRES  Y EDUCACIÓN

 Por: Ximena Franco Guzmán*

 Octubre, 2007

 

 

 

   El presente escrito tiene como trasfondo y detonante los resultados obtenidos por la encuesta Lo que dicen los pobres, realizada por la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) en 2003[1]. Esta encuesta pretende ser un acercamiento a las ideas y opiniones que los pobres tienen en torno a su pobreza. La encuesta aspira, pues, a ser un estudio del fenómeno de la pobreza, pero visto desde dentro[2]. Las reflexiones que aquí nos proponemos hacer giran especialmente en torno a una pregunta realizada a los encuestados: ¿Por qué [cree usted que] hay pobres? (planteada como: “De acuerdo con lo que usted piensa, existen pobres porque…”).

 

 

     Para el presente trabajo nos apoyamos igualmente en el documento “Percepción de las causas de la pobreza, factores psicológicos asociados y percepción de la movilidad social”, publicado también por la SEDESOL[3]. Buscamos, a partir de dichos documentos y los datos proporcionados por ellos, pensar el papel que la educación juega en la percepción que tienen los pobres en torno a las causas de su pobreza y las implicaciones que ello pueda tener en las mejoras de la calidad de vida de las personas.

 

     Hemos interpretando libremente los resultados estadísticos obtenidos en la encuesta, según los intereses perseguidos en este escrito. Remitimos en todo momento  al lector a las fuentes mismas, para que él pueda juzgar por sí.

 

 

 

     La pobreza es una de las más dolorosas formas de la injusticia, y es uno de los más graves problemas que debe enfrentar nuestro país. Eso lo sabemos de sobra. También podemos constatar que la política social y las estrategias del gobierno federal para mitigar no sólo la pobreza de facto, sino sobre todo las condiciones que la generan y la perpetúan, han sido ineficaces[4]. Asumimos además que un mayor acceso a la educación y una educación prospectiva y de calidad son condiciones sine qua non del abatimiento de la pobreza. Y abatir la pobreza debe ser uno de los objetivos centrales no sólo de la agenda política nacional, sino también de la mundial, pues la pobreza lastima a quien la padece, pero también a la sociedad en su conjunto.

 

Partiendo de algunos resultados obtenidos por la encuesta Lo que dicen los pobres, observamos que la mayoría de los entrevistados (57,26%) atribuye la pobreza a causas estructurales[5].  Es decir, las personas en condiciones de pobreza atribuyen su situación a causas externas (el gobierno, el destino, la suerte, la providencia, Dios… etc.) que influyen y tienen poder sobre ellos y por encima de lo que ellos, por sí mismos, pudieran hacer o dejar de hacer. Probablemente las personas que atribuyen su pobreza a causas externas no considerarán que la solución a su pobreza se encuentre en sus manos[6]  

  


 

 

     Para la pregunta: ¿Qué hacer para solucionar el problema? [de la pobreza], encontramos que la mayoría de los encuestados propone entre las primeras tres soluciones y por orden descendente: 1°) más empleos, 2°) mejores salarios y 3°) que el gobierno los apoye[7]. Es interesante notar que sólo el 7. 32% de los encuestados considera que una mejor educación contribuiría a solucionar el problema de la pobreza, en comparación con el 11.37% que espera de los apoyos del gobierno una solución a dicho problema. 

 

     Otro dato interesante es que sólo el 2.79% de los encuestado respondió que la pobreza consiste en no tener estudios[8]. Pobreza y nivel de estudio no están estrechamente relacionados en la opinión de la mayoría de los entrevistados. Y únicamente el 3.8% de los encuestados considera que el problema de la educación es uno de los más graves en su barrio o localidad[9].

 

     Tenemos entonces que, por un lado, la mayoría de las personas que viven en condiciones de pobreza no cree que ésta se deba a causas radicadas ni en su individualidad ni dentro del radio de su acción posible. Son causas externas y ajenas a su poder las que determinan la (su) condición de pobreza. Por otro lado, un porcentaje muy pequeño de los encuestados concibe a la educación como solución al problema de su pobreza. Además, sólo el 2.5% de los entrevistados cree que la situación que más le afecta es la falta de oportunidades educativas[10].

 

     Palomar (2005), apoyándose en la literatura referente al tema de las causas psicosociales de la percepción de la pobreza,  cita a Carr y MacLachlan (1998), quienes afirman que en el mundo occidental “[…] se tiende a sobreestimar el poder de los factores individuales en comparación con los estructurales, situacionales o externos”[11]. Además, remitiéndose a An-Pyng Sun (2001), que cita a  Cryn (1977), encuentra que se han asociado mayores niveles de educación con explicaciones de tipo individual sobre las causas de la pobreza[12].

 

 

 

Observemos entonces el panorama que estos datos dibujan frente a nosotros….

 

 

 

     Las personas que viven en condiciones de pobreza atribuyen las causas de la misma a factores que no están en su poder, a causas de tipo estructural. Si creemos lo que dice la literatura citada por Palomar en su artículo, este tipo de percepción estaría asociada con niveles más bajos de educación. Esto concuerda, efectivamente, con las condiciones educativas de los pobres en México (y el mundo): los pobres tienen muchas menos oportunidades de educarse que aquellas personas que rebasan el límite establecido de la pobreza. Pero, ¿qué implica que los pobres atribuyan su pobreza a causas estructurales y no a causas individuales? Posiblemente implicaría que así como conciben que las causas de su pobreza se encuentran en factores externos y ajenos a su poder, asimismo esperarían recibir de agentes externos las soluciones a su problema. A esto debemos sumarle el hecho de que sólo el 7.32% considera que una mejor educación ayudaría a solucionar el problema de la pobreza.

 

     Entonces, podemos pensar que la mayoría de las personas empobrecidas no ve en la educación una solución real a su pobreza (recuérdese además, según lo mencionamos más arriba, que sólo el 2.5% de los entrevistados cree que la situación que más le afecta es la falta de oportunidades educativas). Y lo que es todavía peor: probablemente tengan razón.

 

     Y no es que la educación no pueda ser la potenciadora de cambios individuales y estructurales de gran envergadura, porque ella es la que mejor puede. La educación es el medio y el proceso mediante el cual las personas adquieren las capacidades, motivaciones, herramientas, valores, significados, los otros y con su medio[13], de un modo mucho más complejo y conciente del que podrían hacerlo si careciesen de ella. La educación como un proceso inacabable permite al individuo plantearse, en el esquema total de su existencia, un proyecto de vida acorde con todo aquello que implica su individualidad (creencias, ideas, concepciones, deseos, valores, etc.). Le permite situarse, comprender y aprehender el tiempo y el espacio que lo conforma y que comparte con otros y hasta el que podrá compartir con ellos en lo futuro[14].

 

     Decimos, pues, que no es que la educación no pueda ser todo esto, porque puede. El problema es que todavía no lo es. Y en la medida en que no lo sea, la educación no podrá proveer al individuo las bases firmes de su individuación, precisamente. Las personas seguirán dudando de su capacidad, del poder de su voluntad e intelecto. Seguirán dudando del potencial transformador de la educación. Mientras la educación no se convierta en ese factor de cambio y mejora efectivos, podrá seguir sirviendo lastimosamente a las estructuras de dominación y enajenación del individuo y a los intereses mezquinos de unos cuantos. Y la esperanza de los pobres de dejar de serlo, seguirá radicando en las políticas paternalistas que, torpemente, no atienden los verdaderos orígenes de la pobreza y justamente los mantienen sumergidos en las condiciones que perpetúan su injusto estado.

 

     Si las personas económica y socialmente menos favorecidas no pueden ver en la educación la gran solución no sólo al problema de la pobreza, sino a muchos otros, es debido a que, cuando tienen acceso a ella, ésta les ha mostrado su peor rostro.

 

     No esperan de la educación que sirva para procurarles los medios mínimos indispensables de supervivencia. No conciben que pueda augurarles un futuro mejor. Y probablemente tengan razón. Quizá porque en las “escuelas” no se encuentran sino con información “inútil”, de la que no alcanzan a comprender el para qué pueda servirle a ellos en las circunstancias actuales de su existencia. Quizá porque el maestro o las autoridades educativas no han fomentado en la persona el deseo de pensar por sí, el reto de solucionar problemas reales y actuales, o la búsqueda de transformación de la propia existencia. Muy probablemente sólo se hayan encontrado con una típica “escuela”, donde el maestro se ocupa más de cubrir un programa educativo de cuya constitución nada sabe, que por despertar en la persona la curiosidad por aprender y buscar, por pensar y actuar.

 

     Pero hay algo que es aún peor. La pobreza, aunada a la falta de acceso a una educación de calidad y la desesperanza que respecto a la educación perciben los pobres, constituye el movimiento insensato de un viciado círculo. Porque es idealista suponer que en un país como el nuestro la falta de oportunidades socioeconómicas radique únicamente en la falta de acceso a las instancias educativas o a los medios mismos de la educación. Pues es precisamente esa falta de acceso la que en buena medida condiciona paulatinamente a un gran número de personas a vivir en la pobreza. Pero el círculo puede ser roto. Se debe atacar en dos frentes:

 

     Primero, la sociedad debe exigir a su gobierno que garantice a las personas las condiciones socioeconómicas indispensables para poder acceder, sin sacrificios ni martirios a veces extenuantes y desmoralizantes, a la educación. Si el gobierno federal no responde, la sociedad en su conjunto debe organizarse para procurarse ella misma dichas condiciones. Ello implicaría necesariamente ir construyendo nuevos espacios de poder y de acción conjunta y consensuada, enfocados a un mejoramiento en las condiciones de existencia de las personas en lo presente pero también mirando hacia el futuro. Implicaría la participación de todos en lo que mejor pueden y saben. Y por supuesto, y como en toda empresa humana tendiente hacia mejor, haría falta también una buena dosis de buena voluntad y sentido común.

 

     Y segundo: las instancias educativas deben reformar sus viejos esquemas y servir a las necesidades y expectativas no sólo inmediatas, sino futuras, de las personas.

 

     Sumando estos dos factores, el individuo podría encontrar en el proceso educativo los elementos que potencien su capacidad de pensar críticamente y plantearse un presente y un futuro donde todos puedan vivir mejor. Si la educación responde a sus expectativas, entonces las personas podrán restablecer su fe en la educación. Y asimismo, podrán concebirse como agentes de su propia existencia, y no meros juguetes de factores externos que los dominan y aventajan. Aún más, podrían concebirse como individuos que deben ser agentes de su propia existencia, siempre en relación con otros.

 

     En los países altamente desarrollados u “occidentales”, donde podemos suponer que las condiciones indispensables de vida de las personas están lo suficientemente cubiertas, las personas pueden percibirse a sí mismas como hacedoras de las vías de su existencia, y atribuir su pobreza a causas individuales. Pueden percibir que tienen las oportunidades, pero las han desaprovechado. Pero en un país como el nuestro, donde las condiciones indispensables de vida en muchos casos no están ni apenas cubiertas, resulta pueril y peligroso suponer que  los pobres son los únicos responsables de su pobreza (aduciendo, por ejemplo, su falta de interés en las cuestiones educativas). Con esto no buscamos alabar la emulación de las políticas sociales o económicas de esos países, sino simplemente enfatizar la idea de que, sin que el primer frente del que hemos hablado se satisfaga, difícilmente podrá el hombre comenzar a ver en la educación el proceso potenciador de su individualidad y, con ello, del poder de su voluntad e intelecto para dirigir la propia existencia, cuyo tiempo y espacio comparte con otros.

 

 

 

 

 

Unas últimas palabras……..

 

 

 

     La educación debe transformarse, repensar su función, repensar al hombre y a la sociedad. Debe servir para algo para alguien, debe atender a la complejísima realidad nacional, lo cual no la ubica necesariamente en el reducido terreno de la pragmática, sino en el de la aplicación transformadora. Pero desarrollar una educación de vanguardia en un país de retaguardia, es como echar muy buena leche en un barril roto. Para que nuestro país encuentre un rumbo amable hacia el futuro, la educación debe ser tal que pueda transformar a éste país en algo digno de ella. Y eso no es tarea de los especialistas, ni de los gobernantes, ni de cada uno por su cuenta: es tarea de la sociedad en su conjunto, sin que nadie, absolutamente nadie sea ignorado ni quede fuera.

 

 

 

* Ximena Franco Guzmán (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.), es Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), actualmente es docente en nivel bachillerato.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Un resumen de esta encuesta puede consultarse, entre otras, en la siguiente dirección electrónica: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/15_otros_pdf/LoQueDicenPobres.pdf. La encuesta se realizó a cerca de 3000 individuos mayores de 18 años de edad. La muestra es representativa del norte, centro y sur de la república, así como de las áreas rurales y urbanas que se consideran, según los censos de población y vivienda, como zonas de pobreza.

 

[2] Nosotros hemos dejado de lado el análisis de la eficacia o ineficacia metodológica de los procedimientos estadísticos que dicha encuesta pudiera poseer o padecer.

 

[3] Palomar, J. “Percepción de las causas de la pobreza, factores psicológicos asociados y percepción de la movilidad social”. Sedesol, Serie Cuadernos de desarrollo humano, 2005. El artículo puede consultarse en    http://sedesol2006.sedesol.gob.mx/subsecretarias/prospectiva/main_publicaciones.htm 

 

[4] Y lo sabemos porque la cantidad de pobres que existe en nuestro país sigue siendo desgarradora. Podríamos citar aquí, para justificar nuestra afirmación, algunos datos proporcionados por El FMI y BM, tan entretenidos en medir la pobreza y tan poco resueltos a abatirla verdadera y justamente.

 

[5] Cfr. Palomar, J. Ob.cit., pág. 10. La autora retoma la clasificación de los tipos de creencia sobre causas de la pobreza de Feagin (1972; 1975), citado por ella. Según esto, existen tres tipos de causas atribuidas a la pobreza: a) individuales; b) sociales o externas y c) fatalistas. Hemos entendido que las causas de tipo b) y c) pueden ser agrupadas bajo la clasificación de causas estructurales. 

 

[6] El 15.8% cree que hay pobres porque el gobierno no funciona bien; 14.71% lo atribuye al hecho de que en el mundo siempre hay ricos y pobres; 13.5% a la voluntad de Dios; 13.25% a la falta de ayuda de las instituciones. Cfr. el resumen de la encuesta en la dirección ya citada, pág. 4.

 

[7] 24.81%, 23.67% y 11.37%  respectivamente. Cfr. Ibíd., pág. 5.

 

[8] Ibíd., pág. 2.

 

[9] Ibíd., pág. 16.

[10] Ibíd., pág. 15.

 

[11] Ello se debería a la ideología dominante de dichas regiones: “[que] descansa en tres valores característicos de las sociedades occidentales: igualdad, éxito y democracia”.Cfr. Palomar, Op.cit., pág 10.

 

[12] Ibid., pág. 13.

 

[13] Tomo esta idea de una de las ponencias del Dr. Luis G. Benavides Ilizaliturri, en la UAM-I, durante el presente año. 

 

[14] También debo mucho de estas reflexiones a dicha ponencia del Dr. Benavides, antes mencionada.