LAS TAREAS DE LA PROFESIÓN DE ENSEÑAR (I)
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 Lo anterior, en parte, crea las condiciones propicias para que los docentes perciban el ciclo didáctico como un proceso administrativo-tecnológico, que define y legitima su compromiso laboral básico que no educativo.

 

 

 

 Las exigencias del sistema didáctico real más allá del ciclo aparente de las tareas del docente, ponen en tela de juicio la trivialidad con que es visto y practicado el proceso didáctico. Este hecho Fernández (1994:64) lo explica a partir de lo que él llama la triple laguna transversal, la falacia de la separabilidad y el simplismo secuencial.

 

 

 

 A efecto de dar sentido al concepto de la triple laguna transversal Fernández (1994:64) explica que “Como ya ironizaba Moliere, es sabido que alguien puede llevar años hablando en prosa sin saberlo, o se puede llevar metabolizando el azúcar sin tener la menor noticia de ella, a pesar de vivir en parte de dicho metabolismo”. Lo anterior lo utiliza para hacer la analogía con las tareas del docente, afirmando que, “Algo similar ocurre cuando se reduce ingenuamente el ciclo de las tareas del profesor a las consabidas obligaciones burocratizadas de las programaciones de aula, la impartición gramofónica de las clases y la adjudicación administrativa –que no pedagógica– de las calificaciones, se están olvidando, por lo menos, otros tres momentos del ciclo profesional, didáctico y curricular” (Fernández, 1994:65).

 

 

 

 Estos tres momentos a los que refiere Fernández (1994:64-66) tienen que ver con:

 

 

 

· La comprensión de la enseñanza que los profesores traen consigo. Este aspecto es de suyo crucial, pues los profesores se desenvuelven como tales, de acuerdo a las concepciones que llevan implícitas en sus tareas docentes con respecto a los alumnos, a la materia que enseñan, de la profesión que ejercen, etc. De tal forma que se considera que la primera tarea de un profesor debe ser la adecuada comprensión de su profesión, dicho de otra forma lo que trae entre manos. Después de todo los profesores practicamos los métodos que nos aplicaron y no los que nos enseñaron.

 

 

 

· La decisión de perfeccionamiento o en palabras de Fernández (1994) de “retroalimentación tecnológica”. Se trata de que el profesor sea consciente de su acción educativa y, en función a ello, decida perfeccionarse a manera de retroalimentar su profesión de enseñar. Siendo, por tanto, la segunda tarea del docente el perfeccionamiento técnico profesional a través de la innovación, investigación y de la capacitación didáctica. Por aquello de que entre más aprendo más me doy cuenta de mi ignorancia educativa.

 

 

 

· Todas las tareas del profesor, la de planear, la de dar sus clases, la de evaluar a sus alumnos y la de perfeccionarse o no, atienden a una organización institucional concreta, y no a una nube especulativa de un tratado de didáctica escrito sobre la mesa de un despacho estéril (en los dos sentidos del término: sin contaminación de la realidad y, por tanto, sin significación real para ella).

 

 

 

 

 Conclusión.

 

 

 

 Del anterior planteamiento se desprende que las tres tareas mencionadas anteriormente (comprensión, perfeccionamiento y organización), no son tres momentos operacionales que añadir a la secuencia lineal percibida por los docentes, sino que se trata de tres tareas transversales que siempre están presentes y, por tanto, redefinen la acción didáctica de los docentes al momento de enseñar. En tal sentido, las decisiones profesionales, curriculares y didácticas asociadas con qué enseñar, cómo enseñar y cómo examinar a los alumnos. Están condicionadas por la concepción que sobre la enseñanza tiene el profesor, además, estas tareas (momentos operacionales) se perfilan de forma diferenciada de acuerdo a la organización en la que tienen que desarrollarse. Así las tareas de comprensión, perfeccionamiento y el contexto organizacional, atraviesan (vertical y horizontalmente) en forma de espiral al ciclo didáctico, dicho de otra forma son transversales al ciclo didáctico. Transversalidad que se constituye como una orientación global coherente que debe penetrar todo el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

 

 

 Es insostenible seguir permitiendo que algunos de nosotros entremos a las aulas como “elefantes en cristalería” destruyendo todo cuanto encontramos a nuestro paso, con tal de lograr lo que consideramos que es mejor para los jóvenes alumnos. Hay una cita muy reveladora de Fernández (1994) que bien se puede utilizar para explicar el juicio que he realizado “Cuando yo, como profesional de la enseñanza (o de la cirugía) me dispongo a entrar en el aula (o en el quirófano), a fin de intervenir con mi metodología didáctica (o con mi bisturí) sobre el tejido mental (u orgánico) de mi cliente (alumno o paciente), no puedo permitirme el lujo de ignorar la anatomía (estructura, componentes) ni la fisiología (funcionamiento, dinamismo) del complejo, delicadísimo y a veces vital tejido sobre el pretendo actuar (...) En efecto no es de recibo tecnológico ni ético profesional la promoción de profesores legalmente autorizados para intervenir en miles de quirófanos/aulas, con el tosco bisturí de su enseñanza (un cuchillo ordinario de cocina, permítase la analogía), sobre la anatomía y fisiología mental, intelectual y afectiva, por añadidura en pleno desarrollo (muchas veces irreversible), de centenares de miles de niños, adolescentes y jóvenes”. Con la cita de Fernández queda más que claro, que además de pensar en el curso que hay que impartir, de la forma en como lo daremos y, de la nota o calificación que hay que poner al final del curso. Es necesario, antes que nada hacer conciencia y actuar en consecuencia, que las operacionalización del actuar docente esta condicionado por las tres tareas transversales de la profesión de enseñar, a saber: la comprensión de la enseñanza (lo que traemos entre manos), la tarea del perfeccionamiento o preparación técnica-pedagógica y la contextualizar nuestro actuar docente a una institución educativa concreta ( no se vale aducir “mi clase la doy así, porque así lo doy en otra institución más importante o de más prestigio que ésta”).

 

 

 

Bibliografía.

 

 

 

§ Fernández, P. M. (1994). Las tareas de la profesión de enseñar: práctica de la racionalidad curricular didáctica aplicable, Madrid: Siglo XXI editores.

 


 

[1] Rafael Fiscal Flores (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Maestro en Educación Superior y especialista en informática. Actualmente es Coordinador de la Ingeniería en Desarrollo de Software de la Universidad Realística de México.

 

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