REFLEXIONES SOBRE EDUCACIÓN Y ESCUELA
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Sin embargo, en la “flecha del tiempo” sólo la posibilidad-de-ser ofrece direccionalidad al tiempo.  En ella, el ser humano encuentra su consistencia, es decir, encuentra la razón, el para qué de su existir.

 

Por ello, se puede afirmar que la conjunción del haber sido, del estar siendo y del poder ser son constitutivos de toda persona humana.  Nadie es ni más ni menos que su historia.

 

Justamente en esta nueva visión del ser y del saber humanos surge la necesidad de una nueva concepción educativa, la de la educación permanente.  Gracias a la existencia, el ser humano se hace tal siempre renovado.  La educación ofrece dirección (para qué) al ser humano si con ella define su poder ser como un futuro deseado.   Ahora bien, como la persona no puede ser sin “otro”, y como la historia personal se construye con la otredad como nostredad, sólo “adueñándose ” de un futuro común se puede hacer historia.

 

 

 

2.6        Los sistemas educativos como “systema videns”

 

 Como si nada de lo anterior ocurriera o hubiera ocurrido, la preocupación educativa en prácticamente todos los países parecería seguir obstinada en repetir los fracasos que una a una las reformas educativas han tenido que sufrir, pues seguimos intentando siempre el sólo crecimiento del sistema: más aulas, más maestros, más horas de clase, más días de escuela, más años de estudios, más programas...

 

En el Programa para la Modernización Educativa, que condensa el sentido que tuvo el intento de Reforma iniciado en México en 1989, se afirmaba que “los próximos años os imponen la tarea de realizar una profunda modificación de nuestro sistema educativo para hacerlo más participativo, eficiente, de mejor calidad, es decir, más moderno... La modernización educativa no resulta linealmente del aumento de la inversión en este campo; depende también de la decisión política de emprenderla, del compromiso corresponsable de subordinar al interés general los intereses particulares, de la capacidad de generar nuevas ideas, de imaginar y crear alternativas pertinentes; de apoyarse en los valores compartidos para acometer, con determinación y orden, estrategias fundadas; depende, igualmente, de la capacidad de usar el derecho como instrumento activo, y el diálogo y el consenso como la vía para vencer las inercias, dominar las deficiencias y enfrentar un cambio posible inaplazable .

 

Pero ¿qué ha sucedido?  Nada.  Seguimos apostándole a lo mismo de siempre como si nada hubiese cambiado a hacer cosas emergentes obstinados a la relación causa–efecto en la línea de no perder nuestras tradiciones escolares.

 

Es verdad que hemos logrado introducir en nuestro lenguaje educativo los vocablos de moda: prospectiva, calidad, calidad total, desarrollo educativo y ¡hasta educación permanente!, cuya acción vaya más allá de las aulas. Sin embargo, nuestras decisiones fuertes y la destinación de los recursos siguen tomándose en torno a lo que tiene que ver sólo con la escuela, y con la escuela de hoy –aunque esté amplificada por satélites y medios de comunicación .  Todo sigue impulsándose  dentro del mismo parámetro  y con idénticos criterios: educación igual escolarización.  Aunque aceptemos que educar es más que escolarizar, no dejamos de sostener que educar es responsabilidad del maestro, y la función del maestro es enseñar.

No se puede negar que tradicionalmente y durante muchos siglos, la función del maestro se orientó primordialmente a la enseñanza escolarizada. Se identificaba el proceso educativo con la asimilación de las enseñanzas ofrecidas tras llegar al uso de razón, mientras los niños y niñas eran maleables. La prolongación de los años de estudio: preescolar, primaria y secundaria, abrió nuevos espacios profesionales al magisterio; se incrementó el número de escuelas formadoras de maestros pensando en cumplir su profesión de enseñantes escolares.

 

 

 

2.7        Rezagos educativos

 

Por esta razón –y no cejaré de repetirlo– los problemas y rezagos educativos se miden –aún en la actualidad mundial– con relación a los años de escolaridad de las personas.  Con este, criterio se asume que, para tener mejor educación, es indispensable la prolongación de los años de estudio constitucionalmente obligatorios: preescolar, primaria y secundaria.

 

Hoy, sin embargo, –y hacia allá apunta el futuro– la educación se concibe como un proceso permanente a lo largo de toda la vida  Este es un cambio conceptual cualitativo, y no solamente una sustitución de vocablos; cambio que está demandando acciones educativas nuevas en las que se comprometa toda la sociedad SIN EXCLUSIÓN ALGUNA.  Con esta visión, resulta compromiso primordial el que cada persona (individual y colectiva) se haga responsable de su propio proceso permanente de educación.  Con ello se pretende romper el monopolio educativo que habíamos dejado en la escuela.  Hoy, familia, grupos sociales, instancias de producción, medios de comunicación, comercios, agencias de servicios son hoy día verdaderos agentes educativos que a su vez han de generar sus propios procesos de aprendizaje.

 

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