20 de julio de 2022

Compartiendo tu opinión

Cada intento es necesario, pues es la única manera de alcanzar tus metas. Hay que ir más allá de la motivación.

En un artículo anterior hablamos de reemplazar las palabras error y fracaso por el término intento.

Cuando somos pequeños y aprendemos a caminar o a comer solos, naturalmente lo intentamos una y otra vez, sin importar cuantas veces fallamos; para esa etapa de nuestra vida, cada intento es aplaudido o premiado. No sé en qué momento de nuestras vidas, un intento fallido se convierte en un error o fracaso.

No podemos olvidar que intentar alcanzar un objetivo es el proceso natural de todo aprendizaje.

Algunas personas son muy resilientes o tolerantes ante el fracaso, son ellos quienes se levantan cada vez que tropiezan y vuelven al camino un poco más experimentados. Hay otras personas que al primer intento se hunden en la frustración y abandonan la tarea.

En cualquiera de los casos, la pregunta que nos viene a la mente es ¿Cuántas veces? ¿Cuántas veces debo intentarlo? En mi opinión, las que sean necesarias.

Si tu convicción es fuerte y estás plenamente seguro de cuál es tu objetivo, entonces vale la pena intentarlo tantas veces como puedas, al final de cuentas, si persistes lo conseguirás más temprano que tarde. ¡Ve más allá de la motivación!

Es muy conmovedor, para mí, ver a la gente que entre sudor y lágrimas, insiste en alcanzar una meta, superando adversidades y librando todo tipo de obstáculos pero aferrados a su objetivo. Yo mismo he estado en esa situación he vivido en carne propia el agotamiento y en ocasiones la desesperación que conlleva este proceso.

Es por eso que quise compartir en este artículo, algunas estrategias que te pueden ayudar a valorar cada intento y sobre todo a no desistir en tu camino.

Estas son seis prácticas que puedes incluir en tu día a día:

Establecer metas a corto plazo. La satisfacción de alcanzar un logro es combustible puro. Ponerte pequeños objetivos que puedan ser conseguidos de manera casi inmediata te mantendrá con una mejor actitud en el camino. Estas pequeñas metas deben estar íntimamente relacionadas con el gran objetivo, es decir, con tu más grande sueño. De manera que cada vez que conquistes una pequeña meta, estés un paso más cerca de hacer realidad tu sueño.

Visualízate en un escenario en el que has conseguido el gran objetivo. Todo sueño parte de una idea y esta idea se crea a partir de imágenes y pensamientos. Si sueñas con tener una casa propia, es porque te has imaginado cómo sería si la tuvieras. Así que puedes aferrarte a esta imagen, la mente es muy poderosa y cuando te visualizas en un escenario positivo, modifica el cuerpo y el estado de ánimo favorablemente. Mientras más detalles agregues a esta visualización, más satisfacción podrás producir y los efectos serán mayores.

En esos momentos en los que te sientes vencido porque algo te ha salido muy mal, en vez de darle más energía al error, visualízate a futuro, bajo un panorama maravilloso en donde has conseguido aquello que deseas. ¡Motivación, es hora de la motivación!

Elabora un plan, ejecútalo y después analiza si requiere un cambio. Escribir un plan, paso a paso, es una de tus mejores herramientas, pues como ya sabes te ayudará a tener una mejor organización y podrás optimizar tus tiempos. Sin embargo, no puedes solo elaborarlo y ejecutarlo, también hay que revisarlo con frecuencia pues solo así, ante un intento fallido, podrás encontrar oportunidades de mejora.

Lo decía Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”
Disfruta y diviértete. Ya sabes lo que dicen: lo importante es el camino. Es verdad que lo que nos interesa, principalmente, es alcanzar nuestro objetivo, pero si el camino te trae sufrimiento o malestar, es probable que lo abandones antes de llegar a la meta.

Recuerda que nuestra percepción del tiempo suele ser subjetiva, cuando la estás pasando mal, el tiempo parece avanzar muy lento y cuando más estás disfrutando sientes que las horas se van en un parpadeo. Así que procura divertirte, gozar, reír y compartir momentos maravillosos con la gente que te rodea.

A veces el camino es tan agradable que al llegar a la meta uno extraña las circunstancias o la gente que nos acompañó en el viaje. Si tu camino es grato no importa cuántas veces tropieces, tú volverás a intentarlo con gusto.

Aléjate de gente negativa. Ya lo habíamos mencionado cuando hablamos de la queja, pero vale la pena recordarlo. En la vida vas a encontrar un sinfín de gente que tratará de sabotear tu trabajo. ¡Concéntrate en tu propia motivación!

No le cuentes tus planes a quienes no se van a emocionar contigo. Evita a aquellos que te bajan el ánimo diciéndote que es una locura aquello que quieres y que solo estás perdiendo el tiempo.

Tú eres el guardián de tus propios sueños y hay que mantenerlos a salvo, lejos de la gente que quiere romperlos.

Prepárate y capacítate. El miedo ante un escenario desconocido es completamente natural, pero el miedo que te paraliza y te hace retroceder, ese hay que frenarlo antes de que te devore. La mejor manera de vencer el miedo es prepararte lo mejor que puedas.

Imagínate que te piden pilotear un avión y tú no tienes idea de cómo hacerlo, en ese momento te invadiría un miedo atroz. Algunos reaccionan de manera sorprendente antes situaciones de riesgo, sin embargo muchos otros se bloquean o paralizan. En cualquier caso, si antes te hubieran instruido para volar la nave, entonces el miedo se hubiera reducido considerablemente.

Cada situación que se presenta en tu vida es un vuelo que debes dirigir, así que capacítate para sentirte seguro piloteando tu nave.

Todas las estrategias que te menciono arriba, son una constante en las personas de éxito.
Por ello te invito a ti que me lees, a ponerlas en práctica. No solo te ayudarán a continuar en el camino, también impactarán positivamente tu estado de ánimo y te permitirán llegar antes a tu objetivo.

Querido lector, ¡inténtalo! las veces que sea necesario. No desistas y lo conseguirás.

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.