ACERCA DE LA EDUCACIÓN DIGITAL

 

 

 

Por: Olimpia Sánchez Flores[1]

2007 

 

 

 

 

 

En la actualidad se dice que “el que no sabe inglés y computación”, es difícil que encuentre un trabajo o sea empleado en alguna prestigiosa empresa.

 

Me parece que tanto se ha discutido este punto, que hemos llegado a creerlo, la vida, la cultura, los acontecimientos diarios, nos han obligado de manera muy sutil, a adquirir estas herramientas, que tal vez, de momento, se perciba que es un afán puramente comercial, sin embargo –sí hacen falta-.

 

 

 

Estamos en la era de las telecomunicaciones, y en el nuevo siglo, en donde tal vez un diagnóstico por computadora sea tan eficaz, que va a llegar un momento (lo quiero imaginar), que ya será obsoleta la presencia del médico; o que los expedientes en un juzgado se tengan que tramitar ante una especie de cajero automático y que ese mismo artefacto nos vaya reportando de la secuela procesal de nuestro asunto.

 

Yo pienso que estamos ya tan inmersos en la era de las tecnologías y telecomunicaciones, revestidos todos ellos con un aire de globalización, que es casi imposible abstraerse ante estos avances.

 

 Sin embargo, la cultura avanza, y sólo un porcentaje de la población tiene acceso a ella, eso es importante si tenemos en cuenta que más del 50%  de la misma son menores de 25 años. Lo cual implica que debemos poner especial atención a la educación –primero, la básica-, en seguida a la digital, que nos abarca,  encierra y  globaliza  en mercados cada vez más competidos, y el cual exige un cien por ciento de nuestros desempeños y capacidades.

 

 

Pienso, sin embargo, que las personas son tan versátiles, y tan innovadoras, que aprenden a digitalizar con una velocidad impresionante. El problema en todo caso será acercar a todas, y de verdad a todas las personas las herramientas, los instrumentos, los hardware, los software, las computadoras, celulares, chips, para que los integren a su vida diaria, y no  desconozcan o le tengan miedo a las nuevas tecnologías.

 

 Voy a citar una experiencia, que es puramente personal. Cuando cursé la secundaria, mi mamá siempre me atacaba “no quiero que entres a cocina –ni se te ocurra-, pide secretariado”, “porque aprendes a cocinar en un momento, en cambio la otra práctica te servirá para toda la vida”. Entonces, cuando yo empecé a tomar una máquina de escribir mecánica, realmente era un reto teclear fuerte y educar a los dedos de las manos a conocer el teclado (que afortunadamente, la ubicación no ha cambiado). Para esto la instructora que teníamos era bastante especial, y no admitía que entráramos a su clase  despeinadas, o sudorosas; sin embargo puedo decir que sí aprendí, que sí resultó su enseñanza, aunque un poco burda, -yo pienso para mí que-, mi generación se introducía en la era digital.

 

 

 Otra cosa que yo observé desde ese entonces, era coordinación, de los sentidos y nuestro cerebro para poder plasmar ideas, cuestionarios, textos, etc., en las prodigiosas máquinas de escribir de nuestro tiempo, lo cual pues también implicaba un reto, hasta entrábamos en competencia para ver quién era más veloz escribiendo y había premios y castigos (pero únicamente se establecía entre nosotras)

 

 

 Deduzco, que la educación digital, más allá de los costos que implica por sí misma la tecnología, tiene mucho que ver con la sensibilidad de las personas, de hacerse más aptas, de ser más competentes, de estar a la vanguardia de los avances científicos y tecnológicos. Estas son algunas de sus grandes ventajas, entre otras también podemos verificar que, nos ahorran tiempo, dinero y esfuerzo, en realizar algunas tareas cotidianas, que en la escuela, el trabajo o en el hogar tienen lugar, y el desarrollo de las actividades lo hacen ser de uso muy cotidiano: hornos de microondas, teléfonos inalámbricos, teclados de las computadoras, lavadoras automáticas, control remoto de televisiones, DVD, y un sin fin que podemos mencionar.

 

 

Todo esto, que es maravilloso, y nos simplifica la vida, también tiene sus desventajas. Hace poco supe que en un pueblito campirano, en donde yo suponía que la gente ya había entrado a la era de las telecomunicaciones, resulta que no –todavía hay una caseta, y sólo una, de teléfono para uso de la comunidad-

 

 Yo reflexioné ¿si no tienen en cada casa un teléfono particular, podrán tener una computadora? ¿conocerán un horno de microondas? ¿los niños jugarán con play station o game boy? Pienso, tristemente que no. Desafortunadamente los avances y desarrollo de las llamadas Ti´cs (Tecnologías de la Información y Comunicación), son para el uso de unos cuantos. Esto es grave, porque la gente más arraigada en sus comunidades, más alejada del bullicio de las grandes urbes, no están familiarizadas con el uso de las tecnologías: se calientan quemando la leña, acarrean el agua con cubetas, lavan la ropa a mano, hacen sus tortillas en un comal de barro, etc. De ninguna manera pienso que esté mal, pero el retraso en el que viven puede ser alarmante en un momento dado, puesto que, la educación académica también está sufriendo un rezago muy fuerte, lo que puede resultar en una constante desinformación, y falta de bases para que puedan subsistir más adelante.

 

 

 De estas observaciones, muy generales deduzco: hace falta que nosotros como docentes seamos una pieza clave para poder transformar parte de nuestra realidad en las comunidades. Y seamos un país libre e independiente, que tiene  el conocimiento en sus manos, y que pueda ejercer sus derechos por su cuenta, y no por terceros que determinen sus decisiones, sin antes haberlos consultado.

 

 

Creo que finalmente eso es uno de los compromisos de la formación permanente, ser constantes y protagonistas de nuestro propio desarrollo en forma continua, sin dejar atrás a los que más nos necesitan. Sin embargo, ¿las tecnologías nos irán desplazando en nuestro quehacer diario como educadores?

 

La era digital, será tan sensible, que ¿también podrá educar en valores? ¿Podrá tomar decisiones para la vida futura? ¿Nos podrá formar en el amor? ¿Servirá como vínculo para interactuar con nuestros semejantes?

 

 Tendremos que vivir nuestra propia experiencia.

 

 

 


 

 

 

[1]Olimpia Sánchez Flores (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es estudiante de la Maestría en Formación Permanente en el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE) y catedrática en la Universidad Tecnológica de Puebla (UTP). Sabersinfin.com agradece a Olimpia Sánchez Flores su autorización para publicar el presente trabajo.