
26 de marzo de 2022
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En un mundo polarizado, en donde la guerra, las agresiones y el odio están dominando a gran parte de la humanidad en medio del caos transpandémico, alcanzar una vida consciente puede tener un impacto positivo en la existencia.
Guerra, agresión, robo, asesinato, son algunas de las palabras que no queríamos escuchar en medio de una pandemia mundial que ya había arrebatado la vida a cientos de miles. En un pensamiento idealizado esperábamos que esta situación vendría a sacar nuestro lado más humanitario viendo en el mundo solo actos de bondad. Si bien no podemos negar que hubo acciones a beneficio de sectores vulnerables, la realidad es que no se detuvo el índice de violencia y al contrario, incrementaron algunos crímenes en la sociedad.

Las agresiones, el odio, y los altos indicies de violencia son ciertamente, una constante en la historia de la humanidad. Podemos decir que, éstos son opuestos a la benevolencia, a la caridad o la compasión, por pertenecer cada cual a una de las dos grandes categorías en la que se ha clasificado casi todo cuanto existe: el bien y el mal.
Si nos diéramos a la tarea de asignar indiscriminadamente cada acto o cada conducta, en uno u otro extremo, lo encontraríamos sencillo en términos generales. Porque a través de diferentes religiones y sistemas sociales, hemos aprendido a diferenciar lo bueno de lo malo. Y por si fuera poco se le ha atribuido a las personas, en función de sus actos, el adjetivo que merece, a nuestro parecer: si roba es malo, si da limosna, es bueno.
Cuando el covid-19 azotó a la humanidad, la diferencia entre ambos bandos, vino a ser más notoria.
Si hablamos de dualidad podemos incluir también conceptos como: el día y la noche, el cielo y la tierra, la luz y la oscuridad, el género masculino y el femenino. Pero si analizamos estos antónimos, nos daremos cuenta de que no se asocian como tal los conceptos de bueno y malo. Es decir que ni el día ni la noche, ni la luz ni la oscuridad, tienen cualidad de bueno ni malo.
Ante la necesidad innata del ser humano por polarizar la existencia hemos establecido otros opuestos como: amor y odio, guerra y paz, tristeza y alegría, pasividad y violencia. Y en este segundo grupo de opuestos sí podríamos señalar fácilmente cual es el bueno y cual el malo.
De este último grupo podemos decir que son conceptos que hacen referencia a emociones o actos que emanan del ser humano, es decir, que de alguna manera aquello que realiza o siente el individuo sí puede clasificarse, a diferencia de lo ya establecido naturalmente en el mundo. Esto es porque los conceptos de bueno y malo también son producto del pensamiento humano. El bien y el mal son un gran lente a través del cual las culturas han querido filtrar la existencia.
Tendríamos que preguntarnos, en qué se han basado las culturas para diferenciar lo bueno de lo malo. Entre diferentes sistemas sociales, entre religiones e inclusive entre individuos, ha existido discrepancia en cuanto a algunas prácticas, cuando han tenido que etiquetarlas de buenas o malas, siendo su propia percepción o ideología lo que hace la mayor diferencia. Por ejemplo, actualmente veríamos como algo malo el sacrificio humano mientras que nuestros antepasados lo realizaban como algo totalmente positivo. Con esto reafirmamos que esa gran categoría de bien y mal es producto de la percepción del ser humano y por tanto no será siempre igual para todos.
Aquí es donde nos encontramos con uno de los mayores conflictos de la humanidad, la diferencia de pensamiento en función de los intereses personales y la cultura de cada cual. Pues aunque podamos coincidir con alguien en determinadas cuestiones siempre encontraremos algo en lo que no habrá común acuerdo.
A pesar de la volatilidad que caracteriza a dichos conceptos, podemos rescatar un punto en el que convergen diferentes culturas sobre todo cuando señalan lo que es malo para el mundo. Si somos estrictos y analizamos con atención podremos ver que las malas conductas del ser humano están relacionadas con el lado animal o como muchos lo llaman: “el instinto animal”.
Matar por hambre, agredir al prójimo por reclamar un territorio, ejercer la sexualidad por la fuerza y sin que sea un acto consensuado, pelear por poder, arrebatar propiedades sin consentimiento o con violencia.
Aunque todo lo mencionado anteriormente suena horrible, no es tan lejano, seguro que todos sabemos de casos cercanos que han vivido experiencias como éstas. La mayoría de las culturas coinciden en que estos actos son malos, pensando que pueden dañar al prójimo, violar sus derechos y causarle un gran sufrimiento. Pero, la realidad es que esto pasa en el mundo. Las grandes guerras, peleando por territorio o riqueza, y los crímenes pasionales que suceden con frecuencia en nuestra sociedad, dan testimonio de ello.
Con todo esto podemos notar que tenemos un lado instintivo que puede llegar a dominar nuestros actos y llevarnos a ejercer la fuerza sobre otros pero, de eso a tomar dicha característica como justificación para cometer actos atroces, hay una gran diferencia.
¿Y en qué radica la diferencia? Estoy convencido de que en la educación, el raciocinio y la vida consciente. El uso de la inteligencia y el pensamiento crítico. Porque además, cabe mencionar, que éstas son características propias del ser humano y marcan una diferencia entre el hombre y el resto de las especies.
Mi intención no es hacer una diferencia entre el ser humano y los animales de una manera egocéntrica y poniéndonos a la cabeza de la larga lista de seres vivos, simplemente creo que de la misma forma que un ave emprende el vuelo porque fue dotada de alas, el ser humano debe hacer uso del pensamiento crítico y la inteligencia porque fue dotado de ello.
Más allá de los concepto de bien y mal, que podrían ser discutidos incansablemente, podemos hablar de procurar una vida consciente, el cultivo de la compasión y la empatía, eligiendo el camino de la preparación, el conocimiento, la autorregulación y el ejercicio de prácticas como la caridad y la benevolencia.
Y no precisamente con el objetivo de ser buenos, simplemente para buscar el equilibrio dentro y fuera de nosotros. La guerra más importante es la que vivimos dentro de nosotros mismos, empecemos pues, por alcanzar la paz interior aunque esto suene utópico y trillado.
Si cada día nos instruimos en el estudio del ser y del comportamiento humano, podremos dominar cada vez más esos impulsos instintivos que habitan en nosotros, reconociéndolos, aceptándolos y trabajando con ellos para que no dominen nuestros actos. Nos encontramos ante un escenario que nos puede polarizar aún más, debido a la escasez económica, la pérdida de empleo, la ansiedad y otras cosas que ha dejado pandemia. Pero, si hoy más que nunca lográramos estar en contacto con emociones y conductas como la caridad, la empatía, el amor y la compasión, estoy seguro que habría menos sufrimiento en el mundo. No podemos erradicar todo aquello que concebimos como malo, pero quizás hacer un acto de bondad al día puede cambiar mucho en nuestro entorno inmediato.
Referencias:
Bustillo, Manuel. (2022 marzo 26) Vida consciente: conectado con el aquí y el ahora para sentir y disfrutar del movimiento. Blog Anytime Fitness.
Rescatable en: https://blog.anytimefitness.es/vida-consciente/
Céspedes, Francisco. (2022 marzo 26) Qué es vivir consciente y cómo practicarlo. Psicología-Online.
Rescatable en: https://www.psicologia-online.com/que-es-vivir-consciente-y-como-practicarlo-4639.html
Pérez, Sole. (2022 marzo 26) Un nuevo estilo de vida más consciente. Universidad San Francisco de Quito (USFQ).
Rescatable en: https://www.usfq.edu.ec/sites/default/files/2020-07/pea_021_0006.pdf
Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.